sábado, 1 de agosto de 2026

La hora de tinieblas





 Ahora que lo recuerdo, creo que mi primera toma de conciencia política se dio a mis nueve años, el 19 de abril de 1970, durante las últimas elecciones para dar continuidad al Frente Nacional. Ese domingo a las ocho de la noche  se registraba como ganador al  general Gustavo Rojas Pinilla, que no era gran cosa en realidad. Pues bien, a esa hora apareció en los dos canales de televisión el presidente liberal Carlos Lleras Restrepo y ordenó el toque de queda en todo el territorio nacional.

A las seis de la mañana del lunes 20 el panorama cambió: los “resultados” dieron como ganador al conservador Misael Pastrana Borrero. Ese fraude, nunca demostrado del todo pero siempre presentido, fue el preludio de mi primera hora de tinieblas a nivel político: el de Pastrana fue un cuatrenio de sangrienta represión a la protesta de trabajadores, maestros, estudiantes y campesinos que creó un modelo   y un discurso justificatorio anclado en una supuesta “defensa de la democracia”, réplica a su vez del utilizado por Estados Unidos y sus aliados para justificar atrocidades en el mundo entero. Un repaso a las páginas de la revista Alternativa nos refrescará la memoria de esos años.




De ahí en adelante las tinieblas se intensificaron de manera cíclica.  Turbay Ayala le dio vía libre al “Estatuto de Seguridad” de sus militares, bajo cuyo amparo se perpetraron allanamientos, detenciones, torturas y desapariciones que no tardaron en convertirse en asesinatos. Paradójicamente, se violaban así los principios democráticos en defensa de la democracia.

El gobierno siguiente, el de Belisario Betancur, presenció la convergencia de un hecho  ilustrativo de nuestra historia: entre el 6 y el 7 de noviembre de 1985 el grupo insurgente M- 19, surgido según sus fundadores como reacción al fraude de 1970, se tomó a sangre y fuego el Palacio de Justicia, provocando la recuperación doblemente feroz de los militares, en un episodio que algunos juristas calificaron como un golpe de facto en el que el presidente perdió por completo su autoridad. El escritor colombiano Rigoberto Gil recreó esa pesadilla en una novela con un título lapidario: El Laberinto de las secretas angustias.

Aparte de eso, el exterminio sistemático de militantes del partido político Unión Patriótica  hasta su extinción definitiva surcó varios gobiernos.

La década de los noventa llegó con la esperanza de la constituyente, expresada después en la Constitución Política de 1991, presentada por sus promotores como “ La brújula para un nuevo país”.




La esperanza duró poco:  mientras los norteamericanos impulsaban su “ Cruzada contra el terrorismo”, amparada  en el atentado a las Torres Gemelas,  los colombianos llegamos al siglo XXI encandilados por un eufemismo: el de la etiquetada con el nombre de “ Seguridad Democrática” durante los ocho largos años del reinado de Álvaro Uribe  Vélez, un retoño de las élites feudales de  Antioquia que  se propagó como un virus por toda la geografía de Colombia, generando una suerte de fervor religioso  que paralizó, por miedo o por conveniencia, cualquier distanciamiento crítico frente al régimen.

Terminada esa larga noche, volvieron tiempos de ilusión con los acuerdos de paz  del  gobierno Santos y con la llegada al poder del primer proyecto de izquierdas en cabeza de Gustavo Petro, cuyos aciertos y yerros   he abordado en otra   ocasión.

Tras esas agitadas treguas, debemos prepararnos para un nuevo capítulo de esa hora de tinieblas que en realidad se remonta a los tiempos de la conquista y la colonia, a  las guerras de independencia, a la Guerra de los Mil Días, a la violencia   liberal-conservadora y a las confrontaciones de guerrillas y paramilitares, financiadas todas por el narcotráfico y la minería ilegal.

Los síntomas de ese nuevo episodio afloraron desde la misma noche del domingo 21 de junio, cuando la Registraduría anunció la victoria en segunda vuelta de Abelardo de La Espriella, un “outsider”- así les dicen ahora a los que se hacen elegir en las urnas para socavar la democracia desde sus propias entrañas-. Trump, Bukele, Milei y Fujimori hija son por ahora los más cercanos ejemplos de esa corriente que surca el planeta entero.




Si ustedes hacen memoria, el nuevo presidente nunca tendió un puente- pedirle una mano era demasiado- como lo ameritan los resultados de las elecciones, que se definieron en un cabeza a cabeza. Todo lo contrario:  sintetizando la hasta ahora exitosa jerga de sus inspiradores, empezó a tomar decisiones enfocadas a la descalificación del otro, situación advertida desde el momento en que Trump le anunció su respaldo. El restablecimiento de relaciones con Israel y su justificación de facto del genocidio en Gaza.  La escogencia de Viviane Morales como ministra de educación, en abierta provocación a estudiantes y profesores, tanto como al sector más progresista de la sociedad colombiana. Las bien conocidas prácticas retardatarias de la funcionaria y otros miembros del gabinete obligan a estar alerta. El nombramiento de la nada fiable Paola Holguín en la cartera de cultura y la elección de una ficha de las EPS para la de salud se suman a los motivos de preocupación . Por lo demás, el giro de la cartera de defensa hacia un Ministerio de Guerra se palpita en el aire: así lo sugiere el mensaje implícito en la voluntad inicial de posesionarse en una base militar.




Y eso que no ha llegado el momento de renovar los organismos de control, cuando el gobierno tome el mando sobre esos entes y anule en la práctica cualquier vigilancia sobre sus decisiones

¿Soy pesimista? Desde luego: no olviden que un pesimista es, en últimas, un  optimista bien informado. Pero el pesimismo no anula la luz: todo lo contrario,  obliga a buscarla en medio de las tinieblas.  Esa luz la ofrecen los mismos resultados de las elecciones y la composición del congreso. Cualquiera con un conocimiento de las lógicas del accionar político- por “outsider” que se crea, o a lo mejor por eso mismo-, deberá buscar y afirmar espacios de consenso donde los proyectos de gobierno correspondan a las necesidades y expectativas de la sociedad.  Como decían los abuelos, para eso “habrá que darle tiempo al tiempo” y permanecer siempre vigilantes al sentido y propósito de las decisiones que se tomen desde todas las instancias de poder a partir de este siete de agosto.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=jzO8x1pnbCk&list=RDjzO8x1pnbCk&start_radio=1

miércoles, 29 de julio de 2026

Un café con el poeta médico




¿ Recuerdan la antiquísima y aún no resuelta pregunta sobre en qué órgano del cuerpo está alojada el alma?

Bueno... a lo mejor el  poeta médico tiene algo para decirnos al respecto.





                                                        Están todos invitados a la conversa




 Y aquí va la banda sonora:
https://www.youtube.com/watch?v=qbqxbGm9hBI

lunes, 27 de julio de 2026

" Mientras los caballeros fuman y descansan..."

 

 

                                                     Fotografía : Nazly Johanna Londoño



Ya lo dijo el cantor: los recuerdos son como mariposas disecadas. Uno los toca y se  deshacen entre los dedos. Por eso hay que acercarse a ellos con andar leve.

Los viejos baúles familiares son, si se quiere, la metáfora física de los recuerdos. En ellos conviven, de manera más o menos pacífica, viejas cartas y postales, álbumes de fotografías, carteras, pañuelos, espejos, juguetes y toda suerte de objetos que acompañaron a sus poseedores, muchos de ellos ya muertos, en su andadura por la vida.

Los arqueólogos de la literatura hurgan en esos baúles- materiales o simbólicos-  en busca de pistas que conduzcan a los orígenes de determinadas formas de escritura, para recordarnos lo más obvio: que nada surge por generación espontánea. Todo lo contrario: heredamos experiencias ajenas que nos permiten continuar la marcha de otras maneras. Ese legado es, además, un antídoto contra la tentación de la soberbia, la seducción de creer y hacer creer que somos fundadores de algo y, por eso mismo, nada le debemos a la tradición.

La investigadora y escritora Adriana Villegas Botero (Doctora en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira, profesora en la Universidad de Manizales, además de autora de la novela El oído miope y el libro de cuentos El lugar de todos los muertos), se hizo al camino en procura de las pistas capaces de mostrarnos un panorama de la literatura escrita por mujeres nacidas o residentes en lo que antes se llamó el Gran Caldas, en un arco temporal que va de 1870 a 1960.

En su propósito se adentró tanto en archivos familiares como en hemerotecas, bajo el entendido de que quienes escribían en esa época rara vez podían ver sus obras en forma de libro y se conformaban con publicaciones en periódicos y revistas, cuando no en hojas sueltas. En esa medida fueron claves los hallazgos en las páginas de los diarios  Renacimiento,  La Voz de Caldas y La Patria, publicados entre 1915 y 1939.




 El resultado de ese trabajo riguroso y tenaz- no sobra decirlo- es el primer volumen titulado “Mientras los caballeros fuman y descansan…” y otros textos invisibles, publicado bajo el sello CARA CRUZ, con el auspicio de Colciencias, la Universidad de Manizales, la Universidad de Caldas, la Universidad Tecnológica de Pereira y el sello editorial de ésta última.

Como bien lo expresa el nombre del sello, la obra presenta una primera cara donde se reseña la vida de las escritoras y algunas muestras de los textos recogidos. En la otra el lector encuentra un estudio detallado del recorrido de las autoras hasta la publicación de sus textos, que incluye cuadros con nombres, medios de publicación y fechas que nos ubican en el contexto espacial y temporal donde se produjeron las obras.

En esa medida, es capital fijarse en el párrafo introductorio de la obra, titulado: Obras literarias, revistas culturales y prensa generalista: algunas precisiones iniciales:

 El rastreo hemerográfico de obras literarias escritas por mujeres exige plantear como punto de partida qué se entiende como “obra literaria”, para explicar el criterio de selección del corpus y su clasificación. La clásica definición del lingüista Roman Jakobson (1975) plantea que la literatura es una forma de escribir que “violenta organizadamente el lenguaje ordinario”. Sobre esta definición, Terry Eagleton discute que la visión de Jakobson y, en general de los formalistas rusos “equivale a pensar que toda literatura es poesía” (Eagleton, 1994, p.16) y desconoce que la literatura tiene otras posibilidades, además de la lírica.




Son cuatrocientas treinta páginas que nos revelan el nombre, las obras y la biografía de catorce escritoras de las que no teníamos noticia. Son ellas: Ana Joaquina Cárdenas Cano, Agripina Montes del Valle, Rosario Grillo de Salgado, María Rojas Tejada, Claudina Múnera Mejía, Natalia Ocampo de Sánchez, María Botero de Robledo, Uva Jaramillo Gaitán, Belisa Botero Mora, Blanca Isaza de Jaramillo Meza, Carolina Rodó, Agripina Restrepo de Norris, María Eastman y Chila Molina Salazar.

Como se puede advertir, cinco de ellas llevaban el apellido del esposo, lo que da cuenta de su condición de amas de casa que supieron encontrar entre sus ocupaciones domésticas el tiempo y el sosiego necesarios para cultivar su inclinación por el cuento, la novela, la crónica, el ensayo y la poesía.

Para una muestra, en la página catorce encontramos estos versos de Ana Joaquina Cárdenas Cano (Rionegro, Antioquia, 1843- Manizales, Caldas, 14 de octubre de 1935) publicados en La Voz de Caldas el 19 de mayo de 1932:

 

(…) Yo, con afán, interrogué curiosa

a tu escogida y predilecta flor,

porque he soñado que la blanca rosa

guarda una historia para ti, de amor (…)

 

El título del poema es: Una pregunta a mi estimada amiga Rosario  Grillo. De  entrada, un lector atento advierte reminiscencias  de  Guillermo Valencia, Julio Flórez y el más tardío Eduardo Carranza, voces de obligada presencia en las escasas bibliotecas de esos tiempos. La conocida apelación a la figura de la flor como símbolo a la vez de belleza y fugacidad- ya presente en los clásicos latinos- nos habla del contacto de  Ana Joaquina Cárdenas con una tradición.

 

Pero no es sólo el hálito de la poesía lo que mueve a estas autoras. En la página 113 encontramos un texto titulado Comentarios al margen del temblor, firmado por Blanca Isaza de Jaramillo Meza (Abejorral, Antioquia, 6 de enero de 1897- Manizales, 13 de septiembre de 1967). Allí  ofrece muestras de una fina sensibilidad para, a partir de imágenes cotidianas- en este caso el estropicio causado por el temblor del 4 de febrero de 1938 entre las plantas domésticas- construir muy bien narradas crónicas que ofrecen una mirada distinta del desastre.

(…)   Hay que pensar en esa tragedia en miniatura que es la mata ya florecida y destrozada. Primero, el preparar minucioso de la vasija y de la tierra apropiada donde el gajo se eleva con una invocación mental a la buena suerte para que prenda pronto; luego, ese examen  diario para ver si junto al tallo que se mustia surge al fin el milagro de la yema nueva; la  alegría ruidosa que nos produce el primer retoño que asoma tímido su pelusa rizada como un mínimo abanico cercado; el comentario ingenuo: - Qué buena mano tengo, fíjense, ya prendió la mata, el orgullo  inefable de verla crecer, cuajarse de botones en una elación gloriosa hacia la luz, hacia el color; esa vanidad pueril con que queremos  para nosotras la exclusividad de su belleza: esta mata es muy escasa, la trajeron de Bogotá, de Medellín (…)

Ese fragmento es un recurso maestro que prepara al lector para el contraste ofrecido  por las manos cuidadosas y llenas de  ternura, frente  a la matera y la planta destruidas por efectos del temblor en una parábola perfecta de la  vida misma.




Sorpresas como estas abundan en las páginas de este primer tomo de la Breve Historia de Escritoras del Gran Caldas (1870- 1960). Porque no se trata sólo de su valor testimonial, sino del intrínseco peso literario de unos textos hasta ahora ocultos en archivos casi siempre ignorados y que la escritora Adriana  Villegas Botero nos devuelve como un obligado viaje a las raíces de las literaturas producidas  en lo que hoy son los departamentos de Caldas, Risaralda y  Quindío, por autoras que desde ópticas disímiles se enfrentaron al desafío de hacer de la escritura  un instrumento afilado y afinado para construir la propia voz en un mundo dominado por el relato de los patriarcas.



PDT les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:
https://www.youtube.com/watch?v=OzzNV3FABlg&list=RDOzzNV3FABlg&start_radio=1

jueves, 16 de julio de 2026

¡ Agúzate!

 Chao, negro bembón y querido, ya no volveré a toparme a las seis de la mañana con tu figura de príncipe nigeriano presto al beso y al abrazo. Las calles de Pereira extrañarán tu risa capaz de  despertar a los muertos, que ahora son tus compañeros y serán  los de todos. Tus interlocutores de café ya no tendrán noticias sobre los libros que andabas leyendo y que subrayabas con monomaníaca obsesión. Ya no escandalizarás a las buenas conciencias con tus gritos y aplausos repentinos en medio de un  Requiem de Mozart.

En fin, como dijeron los antiguos: " Que la tierra te sea leve".  ¡Salud!




Fotografía : El Diario del Otún 

PDT: aquí va la banda sonora para tu viaje infinito.
                                           
                 https://www.youtube.com/watch?v=Hr0LXTTxrFs



viernes, 10 de julio de 2026

Las lecciones de El Maestro

 







Rubén Darío Sierra Montoya, presentador del libro, lo advierte con toda claridad:

Poco a poco las aguas negras de la educación tradicional han retomado posesión del ambiente educativo local y nacional. La discusión y la investigación pedagógicas son cada día más pobres… En este contexto, la obra y el pensamiento del Maestro Humberto Bustamante emergen como un valioso tesoro para las nuevas generaciones por la verdad que encarnan: el legado de un mensaje ejemplar donde brillan la inteligencia, el compromiso y la creación en el encuentro del hombre con su historia.

El libro en cuestión es La escuela amurallada y otros ensayos sobre pedagogía. Su  autor es Humberto Bustamante Betancur, de quien resulta más preciso hablar como El Maestro, así con mayúscula y articulo determinado: de esa dimensión es su  cuestionamiento siempre renovado a un modelo de educación esclerótico, que en lugar de estimular las mentes las paraliza, anulando así cualquier posibilidad de abordaje crítico de la persona y su entorno.

La escuela amurallada es el cuarto título de la colección DesTiempo, propuesta editorial que ofrece a los lectores una mirada panorámica del quehacer literario de una región refractaria a su pasado y por lo tanto imposibilitada para asomarse a su presente.

Formado como filósofo en la muy escolástica Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Bustamante opuso a ese mundo de pensamiento vertical y de pretendidas verdades reveladas para siempre un afilado- y afinado- aparato crítico capaz de volver las cosas de revés para exigir desde la práctica un nuevo modelo de educación pensado para devolverles a niños, jóvenes y adultos su condición de sujetos pensantes y creadores y no de meros receptores de información.




La lectura empieza con una saludable dosis de ironía. En la página veintitrés, bajo el subtítulo  El mito que funda la academia el lector encuentra esta declaración:

En repetidas ocasiones ha sido denunciado el mito que funda la academia:

“Si fuéramos a resumir un poco en plan de caricatura el papel del estudiante en la estructura del salón de clase, se podría reducir a las cuatro operaciones:

  1. Sentarse.
  2. 0ir
  3. Memorizar
  4.  Repetir”

El mismísimo método de Aristóteles es puesto aquí en cuestión: en su defecto, Bustamante  propone y ejemplariza hacer del aula el escenario donde todo debe ser sometido a revisión, empezando por los pobres manuales que, en lugar de estimular la creatividad de maestros y estudiantes, los confinan en la aparente comodidad de un mundo lleno de respuestas y carente de preguntas. Dicho de otra manera, a un universo estéril donde pierde todo sentido la estimulante sentencia atribuida a Sócrates y que constituye  el punto de partida de toda posible forma de conocimiento : Sólo sé que nada sé.

Bustamante hizo suya esa idea y la convirtió en materia de su quehacer pedagógico. Su tarea como maestro en el aula, como rector y en general como acompañante de procesos de aprendizaje formales o informales fue siempre un volver una y otra vez a las claves de la mayéutica: las preguntas y no las respuestas como llaves para abrir puertas y ventanas a la comprensión de los misterios del universo. El taller fue uno de  sus instrumentos preferidos. Por eso dice que:

El verdadero trabajo de taller consiste en el diálogo de la razón y la experiencia. Lo esencial está en racionalizar la experiencia, interrogándola, pensándola, dinamizándola, proyectándola. El proceso de cualificación de la labor que realiza el educador se da sólo en la medida en que se dialectice la experiencia. El espíritu nómade, insatisfecho, infatigable que se decide a explorar, a investigar y a crear aprendiendo de lo experimentado.

Él fue- y es- uno de esos espíritus nómades que impulsó a los otros a poner en práctica esos principios como punto de   partida y no de llegada. Independiente de la asignatura abordada (biología, matemáticas, literatura, filosofía, química o física) el taller, en el sentido más amplio de ese concepto, fue el escenario donde todos juntos, estudiantes y maestros, ensayaron nuevas maneras de aproximarse a las infinitas dimensiones de un universo siempre en expansión. Visto así, no es casualidad que el taller literario ideado por El Maestro Bustamante en el colegio oficial Rafael Uribe Uribe de Pereira llevara el nombre de La Fragua.

Trabajar con un taller requiere de tiempo y paciencia, dos cosas muy escasas por estos días. De ahí la hondura de esta reflexión:

(…) vivimos en una época de precipitación, de carreras, de consumo, de aceleración, de rapidez; la impresión psíquica de que el tiempo va más rápido: “el tiempo no alcanza”, se dice con frecuencia. Es precisamente en estos momentos, cuando es más urgente que el educador se procure para él espacios donde sea posible la soledad y el silencio; para potenciar su vida interior, y descubrir lo esencial sin confundirse con el tiempo presuroso que conduce al facilismo, a la superficialidad, a la mediocridad y lo doméstico, fuera de sí mismos, sumergidos en medio del tráfago del mundo contemporáneo, convertidos en una jalea humana, movidos según el toque que se dé (…) página 59.




A propósito, hay una imagen de la película The Wall, con música de la banda de rock británica Pink Floyd y dirigida por Alan Parker que resume en buena medida las preocupaciones de El Maestro Bustamante: una fila de pequeños estudiantes se ve empujada por el profesor a través de un embudo hacia el centro mismo de una máquina de picar carne; al final, salen convertidos en salchichas con destino a un mercado fácil de adivinar.  El ideal de El Maestro apuntaba en sentido contrario: forjar en la fragua de la educación individuos pensantes, autónomos y capaces de derribar con base en  ideas argumentadas los ladrillos de la Escuela Amurallada.

 

PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=TjrfuDAEl10


 

 

 

 

 

 

miércoles, 8 de julio de 2026

Este lugar que habitamos

 





El dolor, el olvido, el amor, la fugacidad ,el desamor, la belleza, la fragilidad, el sueño, el tiempo, la eternidad, el abismo, la muerte. Esos son los tópicos de la poesía de todos los tiempos.  En ellos se inscribe el palimpsesto que llamamos vida. La marca de agua de nuestro paso por el mundo. A lo largo de los siglos los poetas vuelven una y otra vez a esa fuente en busca del sentido, no de la vida que a lo mejor no lo tiene, sino del lenguaje que nos dice.

En esa medida el libro es camino, el poema encrucijada y la palabra señal tallada en el lomo de una piedra.

La ruta elegida por el poeta Deyvi Gutiérrez (Pereira, Colombia, 1985) para interrogar este lugar que habitamos es la del sueño, ese cruce de caminos que inquieta a los humanos desde el comienzo de los tiempos. El sueño, ese espejo opaco que a veces nos ofrece destellos de la vigilia. De ahí el título de su libro: Biografía del sueño, un poemario de setenta y siete páginas auspiciado por el Grupo Frisby bajo el sello de Cuadernos Negros.

Entendido así, el desafío del poeta es el acceso a lo inasible… Pero ¿es posible tal cosa? En efecto, es posible si el poema es pregunta y no respuesta, enigma que se despliega como un cuerpo siempre dispuesto al deseo y a la evasión. Por eso cada verso es sendero que se bifurca, cada palabra señal equívoca. El libro es aquí perpetua vuelta a empezar. Siguiendo esa ruta, el poema titulado La casa que linda con los sueños (página 74) es, a su modo, una declaración de principios:

 

(…) Nosotros aprendemos del sueño su ambientación

su extraña forma de hilar los eventos

él aprende de nosotros a caracterizar

y a definir a sus personas

a dar veracidad a sus historias

La máquina del sueño

sistema de proyección sofisticado

Nosotros solo jugamos con pantallas

No le gusta cuando lo abandonan

y cada vez aprende a dejarnos más tiempo

En él estamos haciendo otra residencia

para mudarnos definitivamente

Este lugar que habitamos pudo empezar en un sueño (…)

 

Hilar los eventos, caracterizar y definir a sus personas, dar veracidad a sus historias:  la voz del poeta nos advierte que la máquina del sueño dirige el teatro del mundo y por eso debemos estar siempre atentos a sus señales. Un descuido y nos precipitamos en el sin sentido.

Ahora bien: ¿Mudarnos definitivamente hacia dónde? Eso depende de cuánto confíe el lenguaje en nosotros. Siempre estaremos al borde de elevarnos hacia la gracia o de despeñarnos en la insania. El poeta, el buen poeta lo sabe y juega sus cartas. En este caso, si hemos de tratar con la materia del sueño, la levedad tendrá que ser la primera de esas cartas. Después de todo, En él estamos haciendo otra residencia. El destino de esa mudanza parece ser lo infinito:

                                                

                                               (…) Lo infinito que tenemos por delante

mide lo mismo que lo infinito hacia atrás

sin importar cuánto nos movemos

debe ser la misma distancia

como un centro damos la medida

Una curva que se cierra constante

en todos los puntos y en ninguno (…)





Que somos el centro de la nada es una vieja intuición de los poetas de todas las épocas.  El acento de Deyvi Gutiérrez en el poema titulado Lo eterno (página 47) apunta a convertir esa intuición en certeza. Y a la nada solo podemos responder con el instante, con la moneda de lo efímero. Con ella pagamos el tránsito a la disolución de la que el sueño es metáfora, porque:

 

(…) Las palabras tienen fecha de caducidad

Pienso en cuántas veces más usaré una de ellas

Pues hay una cifra para todas (…)

Palabras (Página 43)

 

 

Si los seres, las cosas, los pensamientos y las palabras que los nombran tienen fecha de caducidad, parados en la encrucijada del propio ser (más allá de lo que eso signifique) solo tenemos la opción de abismarnos en la luminosa tiniebla del espejo:

 

(…) Cuando la palabra vida acarree consigo

la semántica de una pequeña derrota

y las cosas se resistan a llevar

los nombres que les dimos (…)

 

La semántica de las derrotas grandes y pequeñas es la esencia de las literaturas en particular y de las formas del arte en general. Es la impronta que nos sobrevive (o al menos ese es nuestro anhelo) en este lugar que habitamos. Las setenta y siete intensas y leves páginas del libro de Deivy Gutiérrez se suman a los intentos de sus prójimos poetas de todo tiempo y lugar. Su Biografía del sueño funciona a modo de bitácora de ese  tozudo empeño por aproximarse a nuestra curiosa manera de existir en la pura irrealidad de ese cuento que a Shakespeare se le antojó Told by an idiot/ full of sound and fury/ signifying nothing.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=I_AX4R-d29o


 

 

 

lunes, 6 de julio de 2026

Los caminos torcidos del fútbol

 

 



A lo largo del siglo XX los deportes masivos de los estadounidenses fueron el baloncesto, el fútbol americano y el beisbol… hasta que descubrieron la veta del soccer, ese juego que hasta entonces   se les antojaba una práctica de negros y otras clases de bárbaros inmigrantes.

Pero “ Business are business”: algún encanto debía tener para atraer de esa manera la atención de millones de aficionados en el mundo entero, reunidos primero en los estadios y luego sentados frente a la pantalla del televisor, donde era posible bombardearlos con publicidad  que facturaba dinero a manos llenas.

De modo que algún geniecillo de las finanzas se dijo: tenemos que estar en ese negocio y se lo transmitió a sus  camaradas de juerga. Fue así como el fútbol empezó a recorrer sus caminos torcidos a través de un entramado que congrega a empresarios, publicistas, políticos, expertos en mercadeo, intermediarios,  apostadores, medios de comunicación, entrenadores, padres de familia, y claro, futbolistas, que son la materia prima de ese producto empacado al vacío y comercializado a través de todos los canales posibles.




Primero crearon el Cosmos de Nueva York en 1970, un club de bolsillo que a modo de señuelo contrató a Pelé, Beckenbauer y Chinaglia, glorias del  recién finalizado mundial de México. Dos décadas después, el 17 de diciembre de 1993 se puso en marcha la Federación Norteamericana para cumplir compromisos adquiridos con la FIFA, el cartel que domina en todos sus niveles  la trama de poder.

De ahí en adelante el camino se convirtió en autopista y el avance fue vertiginoso: en 1994 fueron sede del mundial del que expulsaron a Maradona por atreverse a denunciar las prácticas de los dirigentes. El 26 de febrero de 2016 pusieron a su ficha Giovanni Infantino  al frente de la FIFA, utilizando como  pretexto una improbable lucha contra la corrupción, controlada hasta entonces por los suizos a través de su agente Joseph Blatter.

Cualquier parecido con las prácticas de la Cosa Nostra no es mera coincidencia, porque hay todavía mucho más: en 2016 Estados Unidos fue sede de la Copa América y repitió en 2024 con el pretexto de que solo ellos podían organizar un torneo de esa envergadura. Para esa fecha, ya  avanzaban en la organización  del Mundial 2026, de manera conjunta con México y Canadá y con la participación de 48 equipos, tres veces más que en el legendario mundial de México 70 ganado por Pelé y su banda de iluminados.




Los pretextos nobles para esa decisión abundaron, pero el más socorrido fue una supuesta  “democratización” para dar cabida a los países  nuevos y más débiles, lo que no deja de tener un rostro amable.

Pero la ecuación es otra: cada partido significa más taquillas, más derechos de televisión, más publicidad y más transferencias de futbolistas a un mercado insaciable. Hasta la entrañable y humilde selección de Cabo Verde que nos enamoró a todos puso a funcionar la cuenta de ganancias de la todopoderosa FIFA: de esa magnitud es el negocio.

Ahora bien: trampas ha habido siempre. Desde la sospechosa expulsión de jugadores clave para favorecer a los anfitriones en Inglaterra 66 hasta la oscura goleada  6-0 de Argentina a Perú en el mundial que ganaron los militares en 1978.

Pero lo que acabamos de ver en el mundial  que todavía no termina no tenía precedentes: la llamada del presidente Donal Trump a su socio Infantino para solicitar la anulación de una tarjeta roja  al jugador norteamericano Balogun va más allá de ser una aberración:  marca un antes y un después que arroja una nube negra sobre ese juego, que a pesar de quienes se lucran de él, sigue siendo en esencia bello. De ahora en adelante ya no habrá confianza, ya no creeremos del todo en la transparencia  de las decisiones, por más que  nos hablen de las bondades del VAR, ahora también en entredicho.

Sabíamos que el deporte no escapa a las potencias de la geopolítica, pero que esas potencias pretendan   echar atrás un castigo merecido a una falta evidente cometida en el campo de juego  constituye un punto  de no retorno en ese camino  torcido iniciado en 1970. A lo mejor no es casualidad que en ese año naciera Infantino y se fundara el Cosmos de Nueva York. Quién sabe.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=2XmBVTjVwXs