Vicario de los dioses, el Medicine Man de las culturas antiguas es hechicero, sacerdote, sanador y, por eso mismo, poeta. Su rol en el mundo es el de restaurador del equilibrio perdido.
Muy a pesar de la burocratización impuesta en estos tiempos por la industria de la salud, el médico no ha perdido del todo su aura. Equipado con su bisturí, su estetoscopio y su aparataje tecnológico de última generación, el umbral entre la vida y la muerte sigue siendo su lugar en el mundo. O al menos eso se espera de él: que esté siempre presto a disputarle a las parcas su dosis de humanidad moribunda.
El médico escritor goza todavía de un doble prestigio: si se mantiene despierto puede mirar de frente a la muerte en todas sus facetas, las del alma y las del cuerpo. Es más: a despecho de sofisticaciones tecnológicas, la vieja pregunta acerca de en qué órgano del cuerpo se aloja el alma no ha sido resuelta del todo. Desde el nacimiento, cada órgano alienta sus pequeños males y al final todos desembocan en el mar de la gran muerte definitiva, llevándose consigo los misterios del ánima.
Juan Guillermo Álvarez Ríos, poeta, ensayista y médico internista para acabar de completar, ha escrito una obra que, como todo buen libro, deja al lector atento lleno de preguntas que él mismo deberá resolver o al menos deberá intentarlo. Preguntas que alientan en versos como este de las Baladas para el ausente, del escritor Ladino Gaitán: Tantas enfermedades cobrando explicaciones al viento tantos infiernos disputándose las calles, a las que Álvarez replica: El dolor cotidiano está en cada enfermo pero puede sumarse y hacerse un dolor populoso e insoportable para un poeta. Sólo el médico puede detener la rueda brahamánica del sufrimiento cuando extiende su mano curativa hacia el doliente.
La mirada médica, una libresca mirada al arte de curar, es el título de este libro de ciento trece páginas que empieza con una cita del escritor serbio Miroslav Pavić :Dios cura, nosotros solo cambiamos vendajes. Las cosas quedan claras de entrada: la muerte sigue inscrita en los designios de la insondable divinidad; los mortales, empezando por los médicos, hacen lo que pueden.
Bajo esa premisa, el poeta médico Juan Guillermo Álvarez nos propone un viaje de ida y vuelta de la pluma al bisturí a través de las literaturas escritas por profesionales de la medicina y por las de autores que sin serlo auscultaron el cuerpo y el alma de sus personajes, convencido de que, por definición, la ciencia médica debe ser un asunto de amor al prójimo, más allá de la evidente mercantilización que hoy la absorbe y la traduce en estadísticas.
En la página 84 del libro Álvarez postula una declaración de principios: La medicina, como el hombre, mira lo que es capaz de ver y sobre ello diserta. Las cosas que restan en la sombra, los fenómenos crepusculares o francamente oscuros- que surcan el horizonte de los sentidos como apariciones para volver a la densa noche de la que parecen surgir- sólo son abordadas tangencialmente por ella. Sólo amamos lo que conocemos, conocemos apenas lo que vemos. El diagnóstico debe estar en nuestra mente como concepto para ser formulado, antes de someterlo a las pruebas que lo confirmen. He aquí nuestra limitación esencial, contra la que luchamos día a día para abrir nuevos filones del conocimiento, tales como la teoría de los fractales- que se aplica en el árbol diagnóstico de alcance logarítmico- o la inmunomodulación. La medicina, sonda y tentáculo del hombre, se impone este deber: agrandar el área donde llega la luz y habitar sus nuevas conquistas.
Unos párrafos más atrás encontramos esta cita tomada de Santa Evita, la obra del novelista y cronista argentino Tomás Eloy Martínez:
Al despertar de un desmayo que duró más de tres días, Evita tuvo al fin la certeza de que iba a morir. Aunque los médicos no cesaban de repetirle que la anemia retrocedía y que en un mes recobraría la salud, apenas le quedaban fuerzas para abrir los ojos.
Los médicos también tenían la certeza de que Evita iba a morir, piensa el lector. Pero ante le evidencia científica se abren a la compasión, a la simple obligación humana de brindar consuelo al inconsolable. Saben que sus palabras le pueden ayudar al moribundo a disfrutar de un tenue rayo de luz que se filtra por la ventana y eso ya es suficiente recompensa para ambas partes: así de simple es el oficio de vivir y así de inapelable el acto de morir.
En ese sentido, en la página veintinueve, Álvarez Ríos recuerda que: El médico, que ahora es un sirviente, puede ser también un amigo, un consejero abrumado por limitaciones inmensas pero siempre dispuesto a escuchar, como el caso de Hermógenes, médico del emperador Adriano. Con el paso del tiempo, dejará de ser un sirviente pero nunca de ser un servidor.
Entre otros autores, en las páginas de La Mirada Médica nos topamos con citas de Kafka, de Don DeLillo, de Philip Roth, Thomas Mann, Heinrich Boll, Eudora Welty, de William Faulkner, Robert Musil, Somerset Maugham, Saul Bellow ,Marguerite Yourcenar, e incluso con fragmentos de la exitosa serie de televisión House, protagonizada por ese brillante internista lúcido y cojitranco adicto a los narcóticos llamado Greg, situado siempre a un paso del cinismo absoluto.
Si es buen médico y por añadidura buen poeta, el hoy llamado profesional de la salud se abismará con el enfermo (ahora llamado paciente) en los pliegues de su cuerpo doliente y de su alma atormentada para regresar revestido de una sabiduría que trasciende lo clínico y se asoma a la desnudez de lo humano en su portentosa paradoja : la carne en trance de disolución se hace promesa de eternidad, aunque sea difícil seguir siendo emperador ante un médico, como confesaba Helio Adriano a su íntimo epistolar, por supuesto, médico. Esa dificultad reside hoy, entre otras cosas, como lo advierte el autor en la página treinta y dos en que: La sociedad podrá caer en el marasmo de sus valores y costumbres, del médico siempre se esperará el sacrificio, el sobreesfuerzo que conlleva el acto altruista.
PDT . les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:
https://www.youtube.com/watch?v=6ruHDWSNvB8



















