El titular de BBC Mundo con fecha 8 de septiembre de 2026 es lapidario: “Pruebas PISA: España obtiene los peores resultados de su historia mientras la mayoría de los países de América Latina sufre un retroceso”. Más adelante precisa, citando el informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos): “PISA 2025 registró el rendimiento medio más bajo observado hasta ahora en ciencias, lectura y matemáticas. La lectura ha caído después de alcanzar su máximo alrededor de 2012; las ciencias han descendido de forma más gradual durante la última década; y las matemáticas han experimentado un descenso especialmente pronunciado desde 2018.”
¿Qué hemos hecho para merecer esto? Se preguntan al unísono gobiernos, educadores, estudiantes y medios de comunicación. La respuesta más socorrida es en realidad una evasión: los responsables son los teléfonos celulares que no dejan concentrar a los muchachos y la Inteligencia Artificial que hace los deberes por ellos.
¿Y el modelo educativo qué rol asume? ¿y la formación de profesores y directivos de escuelas y colegios? ¿y el acompañamiento de los padres de familia y cuidadores? ¿y el papel de los medios de comunicación?
Como bien sabemos, las pruebas PISA son un examen mundial realizado cada tres años, con el fin de medir las habilidades de los estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias, es decir, los pilares del proceso de conocimiento.
Emprender un lamento vergonzante no resuelve nada: lo mismo venimos haciendo desde que se realizan esas pruebas, sin que se ofrezcan soluciones efectivas. Lo que si aflora es un cruce de acusaciones mutuas.
Que los gobiernos no invierten lo suficiente en educación; que los padres de familia se desentienden de sus hijos; que los estudiantes son indolentes y que los profesores son una manga de arribistas preocupados solo por el incremento del salario.
Todo eso tiene su parte de verdad, claro. Pero hay mucho más. Con el transcurrir de los años hemos borrado de plano el legado filosófico de los grandes educadores , desplazando el pensamiento y sustituyéndolo por técnicas de información basadas en el dato y la cifra, sin el contexto necesario para ayudar a su comprensión.
Uno de esos legados es el precepto socrático de la mayéutica (técnica de asistir en los partos). En esa cosmovisión, se nace a partir del descubrimiento paulatino del mundo : el maestro hace que el alumno, por medio de preguntas, acceda al conocimiento. El verbo acceder juega aquí un papel clave. Se accede a través de puertas y ventanas que se abren a las distintas dimensiones del universo, no a partir de fórmulas preestablecidas y memorizadas.
En nuestra sociedad, y por lo tanto en el modelo educativo, abundan los especialistas y escasean los maestros. Los primeros pretenden ofrecer respuestas a todo; los segundos no cesan de formular preguntas y ahí reside la diferencia: Las respuestas adormecen y tranquilizan; las preguntas inquietan y despiertan el interés.
De modo que acusar a los estudiantes de indolencia y de ocuparse solo del teléfono es un acto de irresponsabilidad. Esa legión de “expertos” llenos de títulos que hoy ocupan las aulas y experimentan con métodos de evaluación cada vez más absurdos deberían cuestionarse si están formulando las preguntas adecuadas, a tono con los tiempos y atendiendo al contexto social y cultural en el que se mueven los jóvenes estudiantes.
En lugar de sentencias como aquella de : “ A los muchachos no les interesa leer” los docentes( ya que no los maestros) deberían preguntarse si ellos mismos saben leer, vale decir, emprender un diálogo comprensivo con los libros y con el mundo asumido como texto. Y aquí no se habla sólo de literatura. Las matemáticas, la ciencia, la filosofía y las artes participan de esa condición.
En su libro La escuela amurallada ( Editorial Destiempo, Pereira), el maestro Humberto Bustamante nos abre las puertas a reflexiones como esta:
“ Cuando un estudiante llega a grado once ha trasegado el currículo de la enseñanza de la lengua materna, durante más de once años con una de las intensidades horarias más altas. ¿ Por qué esos resultados tan pobres?, ¿ por qué hemos estado produciendo unos educandos sin amor a la lectura, sin amor a la escritura, sin haber aprendido a redactar una carta, hacer una solicitud o un requerimiento?” ( página 62)
En este punto el problema se revela en toda su dimensión: una persona con esas limitaciones es incapaz de pensar por cuenta propia, por más títulos que posea. Por lo tanto no dispone de los instrumentos idóneos para interrogarse a sí misma y para formularle preguntas al mundo que la rodea. Y no hablamos de asuntos abstrusos. Nos referimos a cosas tan sencillas como preguntarse por qué elegir un candidato y no otro. Por qué consumir o no un producto. Por qué escoger una carrera o una profesión.
El resultado de ese vacío es un individuo pasivo y una masa acrítica, susceptible de ser manipulada por el primer encantador de serpientes que se cruce en el camino, como lo podemos comprobar en los escenarios políticos de hoy, más allá de filiaciones políticas o partidistas. Vistos así, los resultados de las pruebas PISA 2025 trascienden el ámbito escolar y nos hablan en realidad de la desaparición del ciudadano como protagonista de la propia vida y como actuante en la sociedad de la que hace parte. ¿ Cómo revertir esa situación? De ese tamaño es la pregunta que nos sugieren esas cifras.
PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada
https://www.youtube.com/watch?v=jRXJA9sQ4p0






















