Ahora que lo recuerdo, creo que mi primera toma de conciencia política se dio a mis nueve años, el 19 de abril de 1970, durante las últimas elecciones para dar continuidad al Frente Nacional. Ese domingo a las ocho de la noche se registraba como ganador al general Gustavo Rojas Pinilla, que no era gran cosa en realidad. Pues bien, a esa hora apareció en los dos canales de televisión el presidente liberal Carlos Lleras Restrepo y ordenó el toque de queda en todo el territorio nacional.
A las seis de la mañana del lunes 20 el panorama cambió: los “resultados” dieron como ganador al conservador Misael Pastrana Borrero. Ese fraude, nunca demostrado del todo pero siempre presentido, fue el preludio de mi primera hora de tinieblas a nivel político: el de Pastrana fue un cuatrenio de sangrienta represión a la protesta de trabajadores, maestros, estudiantes y campesinos que creó un modelo y un discurso justificatorio anclado en una supuesta “defensa de la democracia”, réplica a su vez del utilizado por Estados Unidos y sus aliados para justificar atrocidades en el mundo entero. Un repaso a las páginas de la revista Alternativa nos refrescará la memoria de esos años.
De ahí en adelante las tinieblas se intensificaron de manera cíclica. Turbay Ayala le dio vía libre al “Estatuto de Seguridad” de sus militares, bajo cuyo amparo se perpetraron allanamientos, detenciones, torturas y desapariciones que no tardaron en convertirse en asesinatos. Paradójicamente, se violaban así los principios democráticos en defensa de la democracia.
El gobierno siguiente, el de Belisario Betancur, presenció la convergencia de un hecho ilustrativo de nuestra historia: entre el 6 y el 7 de noviembre de 1985 el grupo insurgente M- 19, surgido según sus fundadores como reacción al fraude de 1970, se tomó a sangre y fuego el Palacio de Justicia, provocando la recuperación doblemente feroz de los militares, en un episodio que algunos juristas calificaron como un golpe de facto en el que el presidente perdió por completo su autoridad. El escritor colombiano Rigoberto Gil recreó esa pesadilla en una novela con un título lapidario: El Laberinto de las secretas angustias.
Aparte de eso, el exterminio sistemático de militantes del partido político Unión Patriótica hasta su extinción definitiva surcó varios gobiernos.
La década de los noventa llegó con la esperanza de la constituyente, expresada después en la Constitución Política de 1991, presentada por sus promotores como “ La brújula para un nuevo país”.
La esperanza duró poco: mientras los norteamericanos impulsaban su “ Cruzada contra el terrorismo”, amparada en el atentado a las Torres Gemelas, los colombianos llegamos al siglo XXI encandilados por un eufemismo: el de la etiquetada con el nombre de “ Seguridad Democrática” durante los ocho largos años del reinado de Álvaro Uribe Vélez, un retoño de las élites feudales de Antioquia que se propagó como un virus por toda la geografía de Colombia, generando una suerte de fervor religioso que paralizó, por miedo o por conveniencia, cualquier distanciamiento crítico frente al régimen.
Terminada esa larga noche, volvieron tiempos de ilusión con los acuerdos de paz del gobierno Santos y con la llegada al poder del primer proyecto de izquierdas en cabeza de Gustavo Petro, cuyos aciertos y yerros he abordado en otra ocasión.
Tras esas agitadas treguas, debemos prepararnos para un nuevo capítulo de esa hora de tinieblas que en realidad se remonta a los tiempos de la conquista y la colonia, a las guerras de independencia, a la Guerra de los Mil Días, a la violencia liberal-conservadora y a las confrontaciones de guerrillas y paramilitares, financiadas todas por el narcotráfico y la minería ilegal.
Los síntomas de ese nuevo episodio afloraron desde la misma noche del domingo 21 de junio, cuando la Registraduría anunció la victoria en segunda vuelta de Abelardo de La Espriella, un “outsider”- así les dicen ahora a los que se hacen elegir en las urnas para socavar la democracia desde sus propias entrañas-. Trump, Bukele, Milei y Fujimori hija son por ahora los más cercanos ejemplos de esa corriente que surca el planeta entero.
Si ustedes hacen memoria, el nuevo presidente nunca tendió un puente- pedirle una mano era demasiado- como lo ameritan los resultados de las elecciones, que se definieron en un cabeza a cabeza. Todo lo contrario: sintetizando la hasta ahora exitosa jerga de sus inspiradores, empezó a tomar decisiones enfocadas a la descalificación del otro, situación advertida desde el momento en que Trump le anunció su respaldo. El restablecimiento de relaciones con Israel y su justificación de facto del genocidio en Gaza. La escogencia de Viviane Morales como ministra de educación, en abierta provocación a estudiantes y profesores, tanto como al sector más progresista de la sociedad colombiana. Las bien conocidas prácticas retardatarias de la funcionaria y otros miembros del gabinete obligan a estar alerta. El nombramiento de la nada fiable Paola Holguín en la cartera de cultura y la elección de una ficha de las EPS para la de salud se suman a los motivos de preocupación . Por lo demás, el giro de la cartera de defensa hacia un Ministerio de Guerra se palpita en el aire: así lo sugiere el mensaje implícito en la voluntad inicial de posesionarse en una base militar.
Y eso que no ha llegado el momento de renovar los organismos de control, cuando el gobierno tome el mando sobre esos entes y anule en la práctica cualquier vigilancia sobre sus decisiones
¿Soy pesimista? Desde luego: no olviden que un pesimista es, en últimas, un optimista bien informado. Pero el pesimismo no anula la luz: todo lo contrario, obliga a buscarla en medio de las tinieblas. Esa luz la ofrecen los mismos resultados de las elecciones y la composición del congreso. Cualquiera con un conocimiento de las lógicas del accionar político- por “outsider” que se crea, o a lo mejor por eso mismo-, deberá buscar y afirmar espacios de consenso donde los proyectos de gobierno correspondan a las necesidades y expectativas de la sociedad. Como decían los abuelos, para eso “habrá que darle tiempo al tiempo” y permanecer siempre vigilantes al sentido y propósito de las decisiones que se tomen desde todas las instancias de poder a partir de este siete de agosto.
PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:
https://www.youtube.com/watch?v=jzO8x1pnbCk&list=RDjzO8x1pnbCk&start_radio=1


















