viernes, 10 de julio de 2026

Las lecciones de El Maestro

 







Rubén Darío Sierra Montoya, presentador del libro, lo advierte con toda claridad:

Poco a poco las aguas negras de la educación tradicional han retomado posesión del ambiente educativo local y nacional. La discusión y la investigación pedagógicas son cada día más pobres… En este contexto, la obra y el pensamiento del Maestro Humberto Bustamante emergen como un valioso tesoro para las nuevas generaciones por la verdad que encarnan: el legado de un mensaje ejemplar donde brillan la inteligencia, el compromiso y la creación en el encuentro del hombre con su historia.

El libro en cuestión es La escuela amurallada y otros ensayos sobre pedagogía. Su  autor es Humberto Bustamante Betancur, de quien resulta más preciso hablar como El Maestro, así con mayúscula y articulo determinado: de esa dimensión es su  cuestionamiento siempre renovado a un modelo de educación esclerótico, que en lugar de estimular las mentes las paraliza, anulando así cualquier posibilidad de abordaje crítico de la persona y su entorno.

La escuela amurallada es el cuarto título de la colección DesTiempo, propuesta editorial que ofrece a los lectores una mirada panorámica del quehacer literario de una región refractaria a su pasado y por lo tanto imposibilitada para asomarse a su presente.

Formado como filósofo en la muy escolástica Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Bustamante opuso a ese mundo de pensamiento vertical y de pretendidas verdades reveladas para siempre un afilado- y afinado- aparato crítico capaz de volver las cosas de revés para exigir desde la práctica un nuevo modelo de educación pensado para devolverles a niños, jóvenes y adultos su condición de sujetos pensantes y creadores y no de meros receptores de información.




La lectura empieza con una saludable dosis de ironía. En la página veintitrés, bajo el subtítulo  El mito que funda la academia el lector encuentra esta declaración:

En repetidas ocasiones ha sido denunciado el mito que funda la academia:

“Si fuéramos a resumir un poco en plan de caricatura el papel del estudiante en la estructura del salón de clase, se podría reducir a las cuatro operaciones:

  1. Sentarse.
  2. 0ir
  3. Memorizar
  4.  Repetir”

El mismísimo método de Aristóteles es puesto aquí en cuestión: en su defecto, Bustamante  propone y ejemplariza hacer del aula el escenario donde todo debe ser sometido a revisión, empezando por los pobres manuales que, en lugar de estimular la creatividad de maestros y estudiantes, los confinan en la aparente comodidad de un mundo lleno de respuestas y carente de preguntas. Dicho de otra manera, a un universo estéril donde pierde todo sentido la estimulante sentencia atribuida a Sócrates y que constituye  el punto de partida de toda posible forma de conocimiento : Sólo sé que nada sé.

Bustamante hizo suya esa idea y la convirtió en materia de su quehacer pedagógico. Su tarea como maestro en el aula, como rector y en general como acompañante de procesos de aprendizaje formales o informales fue siempre un volver una y otra vez a las claves de la mayéutica: las preguntas y no las respuestas como llaves para abrir puertas y ventanas a la comprensión de los misterios del universo. El taller fue uno de  sus instrumentos preferidos. Por eso dice que:

El verdadero trabajo de taller consiste en el diálogo de la razón y la experiencia. Lo esencial está en racionalizar la experiencia, interrogándola, pensándola, dinamizándola, proyectándola. El proceso de cualificación de la labor que realiza el educador se da sólo en la medida en que se dialectice la experiencia. El espíritu nómade, insatisfecho, infatigable que se decide a explorar, a investigar y a crear aprendiendo de lo experimentado.

Él fue- y es- uno de esos espíritus nómades que impulsó a los otros a poner en práctica esos principios como punto de   partida y no de llegada. Independiente de la asignatura abordada (biología, matemáticas, literatura, filosofía, química o física) el taller, en el sentido más amplio de ese concepto, fue el escenario donde todos juntos, estudiantes y maestros, ensayaron nuevas maneras de aproximarse a las infinitas dimensiones de un universo siempre en expansión. Visto así, no es casualidad que el taller literario ideado por El Maestro Bustamante en el colegio oficial Rafael Uribe Uribe de Pereira llevara el nombre de La Fragua.

Trabajar con un taller requiere de tiempo y paciencia, dos cosas muy escasas por estos días. De ahí la hondura de esta reflexión:

(…) vivimos en una época de precipitación, de carreras, de consumo, de aceleración, de rapidez; la impresión psíquica de que el tiempo va más rápido: “el tiempo no alcanza”, se dice con frecuencia. Es precisamente en estos momentos, cuando es más urgente que el educador se procure para él espacios donde sea posible la soledad y el silencio; para potenciar su vida interior, y descubrir lo esencial sin confundirse con el tiempo presuroso que conduce al facilismo, a la superficialidad, a la mediocridad y lo doméstico, fuera de sí mismos, sumergidos en medio del tráfago del mundo contemporáneo, convertidos en una jalea humana, movidos según el toque que se dé (…) página 59.




A propósito, hay una imagen de la película The Wall, con música de la banda de rock británica Pink Floyd y dirigida por Alan Parker que resume en buena medida las preocupaciones de El Maestro Bustamante: una fila de pequeños estudiantes se ve empujada por el profesor a través de un embudo hacia el centro mismo de una máquina de picar carne; al final, salen convertidos en salchichas con destino a un mercado fácil de adivinar.  El ideal de El Maestro apuntaba en sentido contrario: forjar en la fragua de la educación individuos pensantes, autónomos y capaces de derribar con base en  ideas argumentadas los ladrillos de la Escuela Amurallada.

 

PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=TjrfuDAEl10


 

 

 

 

 

 

miércoles, 8 de julio de 2026

Este lugar que habitamos

 





El dolor, el olvido, el amor, la fugacidad ,el desamor, la belleza, la fragilidad, el sueño, el tiempo, la eternidad, el abismo, la muerte. Esos son los tópicos de la poesía de todos los tiempos.  En ellos se inscribe el palimpsesto que llamamos vida. La marca de agua de nuestro paso por el mundo. A lo largo de los siglos los poetas vuelven una y otra vez a esa fuente en busca del sentido, no de la vida que a lo mejor no lo tiene, sino del lenguaje que nos dice.

En esa medida el libro es camino, el poema encrucijada y la palabra señal tallada en el lomo de una piedra.

La ruta elegida por el poeta Deyvi Gutiérrez (Pereira, Colombia, 1985) para interrogar este lugar que habitamos es la del sueño, ese cruce de caminos que inquieta a los humanos desde el comienzo de los tiempos. El sueño, ese espejo opaco que a veces nos ofrece destellos de la vigilia. De ahí el título de su libro: Biografía del sueño, un poemario de setenta y siete páginas auspiciado por el Grupo Frisby bajo el sello de Cuadernos Negros.

Entendido así, el desafío del poeta es el acceso a lo inasible… Pero ¿es posible tal cosa? En efecto, es posible si el poema es pregunta y no respuesta, enigma que se despliega como un cuerpo siempre dispuesto al deseo y a la evasión. Por eso cada verso es sendero que se bifurca, cada palabra señal equívoca. El libro es aquí perpetua vuelta a empezar. Siguiendo esa ruta, el poema titulado La casa que linda con los sueños (página 74) es, a su modo, una declaración de principios:

 

(…) Nosotros aprendemos del sueño su ambientación

su extraña forma de hilar los eventos

él aprende de nosotros a caracterizar

y a definir a sus personas

a dar veracidad a sus historias

La máquina del sueño

sistema de proyección sofisticado

Nosotros solo jugamos con pantallas

No le gusta cuando lo abandonan

y cada vez aprende a dejarnos más tiempo

En él estamos haciendo otra residencia

para mudarnos definitivamente

Este lugar que habitamos pudo empezar en un sueño (…)

 

Hilar los eventos, caracterizar y definir a sus personas, dar veracidad a sus historias:  la voz del poeta nos advierte que la máquina del sueño dirige el teatro del mundo y por eso debemos estar siempre atentos a sus señales. Un descuido y nos precipitamos en el sin sentido.

Ahora bien: ¿Mudarnos definitivamente hacia dónde? Eso depende de cuánto confíe el lenguaje en nosotros. Siempre estaremos al borde de elevarnos hacia la gracia o de despeñarnos en la insania. El poeta, el buen poeta lo sabe y juega sus cartas. En este caso, si hemos de tratar con la materia del sueño, la levedad tendrá que ser la primera de esas cartas. Después de todo, En él estamos haciendo otra residencia. El destino de esa mudanza parece ser lo infinito:

                                                

                                               (…) Lo infinito que tenemos por delante

mide lo mismo que lo infinito hacia atrás

sin importar cuánto nos movemos

debe ser la misma distancia

como un centro damos la medida

Una curva que se cierra constante

en todos los puntos y en ninguno (…)





Que somos el centro de la nada es una vieja intuición de los poetas de todas las épocas.  El acento de Deyvi Gutiérrez en el poema titulado Lo eterno (página 47) apunta a convertir esa intuición en certeza. Y a la nada solo podemos responder con el instante, con la moneda de lo efímero. Con ella pagamos el tránsito a la disolución de la que el sueño es metáfora, porque:

 

(…) Las palabras tienen fecha de caducidad

Pienso en cuántas veces más usaré una de ellas

Pues hay una cifra para todas (…)

Palabras (Página 43)

 

 

Si los seres, las cosas, los pensamientos y las palabras que los nombran tienen fecha de caducidad, parados en la encrucijada del propio ser (más allá de lo que eso signifique) solo tenemos la opción de abismarnos en la luminosa tiniebla del espejo:

 

(…) Cuando la palabra vida acarree consigo

la semántica de una pequeña derrota

y las cosas se resistan a llevar

los nombres que les dimos (…)

 

La semántica de las derrotas grandes y pequeñas es la esencia de las literaturas en particular y de las formas del arte en general. Es la impronta que nos sobrevive (o al menos ese es nuestro anhelo) en este lugar que habitamos. Las setenta y siete intensas y leves páginas del libro de Deivy Gutiérrez se suman a los intentos de sus prójimos poetas de todo tiempo y lugar. Su Biografía del sueño funciona a modo de bitácora de ese  tozudo empeño por aproximarse a nuestra curiosa manera de existir en la pura irrealidad de ese cuento que a Shakespeare se le antojó Told by an idiot/ full of sound and fury/ signifying nothing.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=I_AX4R-d29o


 

 

 

lunes, 6 de julio de 2026

Los caminos torcidos del fútbol

 

 



A lo largo del siglo XX los deportes masivos de los estadounidenses fueron el baloncesto, el fútbol americano y el beisbol… hasta que descubrieron la veta del soccer, ese juego que hasta entonces   se les antojaba una práctica de negros y otras clases de bárbaros inmigrantes.

Pero “ Business are business”: algún encanto debía tener para atraer de esa manera la atención de millones de aficionados en el mundo entero, reunidos primero en los estadios y luego sentados frente a la pantalla del televisor, donde era posible bombardearlos con publicidad  que facturaba dinero a manos llenas.

De modo que algún geniecillo de las finanzas se dijo: tenemos que estar en ese negocio y se lo transmitió a sus  camaradas de juerga. Fue así como el fútbol empezó a recorrer sus caminos torcidos a través de un entramado que congrega a empresarios, publicistas, políticos, expertos en mercadeo, intermediarios,  apostadores, medios de comunicación, entrenadores, padres de familia, y claro, futbolistas, que son la materia prima de ese producto empacado al vacío y comercializado a través de todos los canales posibles.




Primero crearon el Cosmos de Nueva York en 1970, un club de bolsillo que a modo de señuelo contrató a Pelé, Beckenbauer y Chinaglia, glorias del  recién finalizado mundial de México. Dos décadas después, el 17 de diciembre de 1993 se puso en marcha la Federación Norteamericana para cumplir compromisos adquiridos con la FIFA, el cartel que domina en todos sus niveles  la trama de poder.

De ahí en adelante el camino se convirtió en autopista y el avance fue vertiginoso: en 1994 fueron sede del mundial del que expulsaron a Maradona por atreverse a denunciar las prácticas de los dirigentes. El 26 de febrero de 2016 pusieron a su ficha Giovanni Infantino  al frente de la FIFA, utilizando como  pretexto una improbable lucha contra la corrupción, controlada hasta entonces por los suizos a través de su agente Joseph Blatter.

Cualquier parecido con las prácticas de la Cosa Nostra no es mera coincidencia, porque hay todavía mucho más: en 2016 Estados Unidos fue sede de la Copa América y repitió en 2024 con el pretexto de que solo ellos podían organizar un torneo de esa envergadura. Para esa fecha, ya  avanzaban en la organización  del Mundial 2026, de manera conjunta con México y Canadá y con la participación de 48 equipos, tres veces más que en el legendario mundial de México 70 ganado por Pelé y su banda de iluminados.




Los pretextos nobles para esa decisión abundaron, pero el más socorrido fue una supuesta  “democratización” para dar cabida a los países  nuevos y más débiles, lo que no deja de tener un rostro amable.

Pero la ecuación es otra: cada partido significa más taquillas, más derechos de televisión, más publicidad y más transferencias de futbolistas a un mercado insaciable. Hasta la entrañable y humilde selección de Cabo Verde que nos enamoró a todos puso a funcionar la cuenta de ganancias de la todopoderosa FIFA: de esa magnitud es el negocio.

Ahora bien: trampas ha habido siempre. Desde la sospechosa expulsión de jugadores clave para favorecer a los anfitriones en Inglaterra 66 hasta la oscura goleada  6-0 de Argentina a Perú en el mundial que ganaron los militares en 1978.

Pero lo que acabamos de ver en el mundial  que todavía no termina no tenía precedentes: la llamada del presidente Donal Trump a su socio Infantino para solicitar la anulación de una tarjeta roja  al jugador norteamericano Balogun va más allá de ser una aberración:  marca un antes y un después que arroja una nube negra sobre ese juego, que a pesar de quienes se lucran de él, sigue siendo en esencia bello. De ahora en adelante ya no habrá confianza, ya no creeremos del todo en la transparencia  de las decisiones, por más que  nos hablen de las bondades del VAR, ahora también en entredicho.

Sabíamos que el deporte no escapa a las potencias de la geopolítica, pero que esas potencias pretendan   echar atrás un castigo merecido a una falta evidente cometida en el campo de juego  constituye un punto  de no retorno en ese camino  torcido iniciado en 1970. A lo mejor no es casualidad que en ese año naciera Infantino y se fundara el Cosmos de Nueva York. Quién sabe.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=2XmBVTjVwXs

miércoles, 1 de julio de 2026

Las historias de Hugo Hernán

 






Uno empieza a existir cuando otra persona lo narra, cuando su propia vida se recrea en la mirada o en la voz de los otros. Ese gran futbolista que fue y el buen escritor que es el argentino Jorge Valdano lo dijo de esta bella manera: “Sólo tuve noción de lo importante que fue mi gol en  la final de México 86 veinte años después mientras viajaba entre Madrid y Sevilla. Para distraerme, puse a sonar en mi auto un regalo del gran José María Morales: su narración de ese gol que para muchos es leyenda. En ese momento la emoción me volvió de golpe y sentí por primera vez lo que había perdido en medio de la confusión de entonces. Fue, estoy, seguro, mi porción de tiempo recuperado”.

El tiempo recuperado. Estamos ante la eterna obsesión de escritores y artistas a todos los niveles, desde los grandes poetas hasta los cantores anónimos. Sabedores de que pertenecemos a la nada, los humanos buscamos un hilo de agua en el cual vernos antes de la disolución final. “Recuérdame”, debe ser una de las plegarias más escuchadas en la historia del hombre.

Hugo Hernán Marín tuvo esa intuición mientras jugaba un día con su teléfono celular, todo un anacronismo, si lo comparamos con los sofisticados artefactos de hoy. Más allá de su utilidad primaria, este aparato puede y debe servir para dejar constancia de muchas cosas ignoradas, se dijo y se echó al camino a contar historias.




Pero antes digamos que Hugo Hernán Marín Hurtado, hijo de Javier y Margarita y sobrino de Jaime estudió bachillerato en el colegio Diocesano de Pereira mientras jugaba fútbol y fantaseaba con las piernas doradas de sus compañeras de curso.

En busca de sí mismo fue emprendedor en varios frentes, desde el transporte de turistas hasta el de orientador de un programa radial llamado Conexión Deportiva, pasando por el de  confeccionista de prendas con una marca entonces transgresora y hoy secuestrada por la industria farmacéutica: Cannabis.

Siempre fue un gran conversador, virtud que disfruté en interminables veladas amenizadas con rock y ron Viejo de Caldas. De manera que el paso de contar historias en la mesa de un bar o un café a hacerlo con un teléfono fue breve y revelador.

Fue en una Copa Ciudad Pereira, uno de esos torneos locales que reúnen viejas glorias y jóvenes promesas para añadirle a diciembre la condición de fiesta futbolera. Don Augusto Ramírez, director del torneo, lo autorizó y empezó sus transmisiones cuando ni siquiera sabía cómo se enfocaba el teléfono para que las imágenes no salieran recortadas. Se equivocó muchas veces antes de verlo con toda claridad: detrás de los niños, jóvenes, adultos y viejos que jugaban fútbol en canchas de barrio o de vereda alentaban familias enteras, amigos, novias, novios y compañeros de trabajo que con su presencia invisible les daban forma a viejos valores en trance de desaparecer: los de la comunidad.




Los invisibles empezaron a adquirir rostro y voz, aquí cerca y muy lejos. Una abuela se reportaba desde New Jersey para compartir la emoción de ver marcar su primer gol a su pequeño nieto a quien todavía no conocía en persona y pregonarlo a todo pulmón desde una cancha de tierra ubicada en los extramuros. Más lejos aún, en la populosa barriada londinense de Brixton- lo que el lugar común llama “un crisol de razas”- un exiliado de las violencias colombianas recuperaba algo muy suyo escondido entre los pliegues del propio corazón: la vieja cancha del sector rural de Guacarí en Pereira, con sus porterías de guadua y su terreno de juego que en temporada de sol es polvareda y en tiempos de lluvias se convierte  en barrizal.

Como podrán advertir, a lo largo de los años Hugo Hernán convirtió su intuición primaria en modo de vida. Es más: en su manera de ganarse la vida. Lo supo el día en que alguien le pagó ochenta mil pesos por transmitir un partido, su partido. De modo que recorre la región, se divierte y le pagan: ¿Se puede pedir algo más?

Cada día que pasa las historias se acumulan y multiplican. Está la del arquero que una vez encajó diez goles en su portería, pero en pago los dioses le permitieron dos atajadas excepcionales, dignas de Vozinha y Room en el Mundial 2026. Pues bien, el hombre editó esos dos prodigios, los puso a rodar en sus redes sociales y con eso le dio sentido a su vida y a la de los suyos.




 Al otro extremo de la cancha un jugador negado para el gol erró una docena de opciones pero convirtió una rayana en el milagro. Al final hizo lo propio: la editó y la entronizó en sus propios altares al lado de Lionel Messi.

Y otra de antología: la tarde en la que, en plena pandemia de Covid-19, trasmitió un partido desde el sector de El Remanso, con los alrededores de la cancha repletos de fanáticos vociferantes. No sobra resaltar que, al final, ese partido lo ganó la vida y lo ganó Hugo Hernán con la cámara de su teléfono.

Por supuesto, las historias son incontables y no pararán de multiplicarse. Por ahora, Hugo Hernán Marín define la propia agenda de su estadio virtual. Un calendario situado a años luz del glamoroso despliegue de publicidad, televisión, apuestas   y millones en que se convirtió el fútbol. Poco le importa, si puede seguir animando el fuego- y el juego- de su conexión deportiva.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=arddc9f__Fo

lunes, 22 de junio de 2026

A la izquierda de Dios padre

 





Soy un tipo de izquierdas. Lo soy desde que tengo noticias acerca de mí mismo. Fiel a esa convicción, siempre he votado en correspondencia: pienso que un país con tanta riqueza como el nuestro está en la obligación de hacerla llegar a todos, garantizando los derechos consagrados en la constitución política.

Así las cosas, en 2022 voté por Gustavo Petro y acabo de hacerlo por Iván Cepeda a pesar de que en la consulta lo hice por Carolina Corcho, por razones más técnicas que políticas: no dudó en liderar el proyecto de reforma a la salud, más allá  de los ataques de quienes controlan ese negocio, incluidos los congresistas que reciben financiación para sus campañas por parte de los intermediarios.

Mi abuela Ana María, esa vieja sabia, me enseñó que en la victoria y en la derrota uno debe hacer examen de conciencia. En la victoria, para no enloquecer y creerse más de lo que se es. En la derrota, no para arrepentirse o entregarse al llanto, sino para aprender y no repetirse en sus yerros.

De modo que este es mi examen, escrito poco después de la medianoche del domingo 21 de junio de 2026.

Hace cuatro años, varios empresarios e incluso modestos mandos medios y gerentes, me juraron sobre sus libros contables que de ganar Petro (“Ese mamerto hijueputa”, sentenció uno de ellos a quien llamaré Julio César por su airecillo imperial) se irían del país y se despachó en una extensa homilía que se volvió lugar común: “ Nos volveremos como Venezuela, expropiará a los empresarios y nos quitará a los que  trabajamos para dárselo a los vagos que no lo hacen”. Como pueden leer, pura  verborrea sin argumentos, pero así funciona la política en estos tiempos cuando campean las emociones y escasean las ideas.

A la hora del balance, no nos volvimos como Venezuela. Todo lo contrario: la economía creció, el desempleó bajó y más de cuatro millones de colombianos salieron de la pobreza monetaria. Tampoco expropiaron a nadie ni le que quitaron para darlo a los pobres. Todo se hizo bajo la figura legítima de las ejecuciones presupuestales y de los impuestos, en un país con inmorales índices de evasión.

Que las élites no reconozcan esas conquistas resulta comprensible, pero que el gobierno no hubiese sabido comunicarlo es imperdonable. Embriagado por su propia retórica de los tiempos de la guerra fría el presidente Gustavo Petro (un hombre al que a menudo le funciona más rápido la lengua que el cerebro) no pudo, no supo o- peor aún- no quiso liderar una estrategia de comunicación capaz de llegar los ciudadanos hechizados por el mensaje de unos medios controlados por los grandes grupos de poder. ¿O usted esperaría que Caracol, RCN, Blue Radio, El Tiempo, El Colombiano o la Revista Semana reconocieran y difundieran esos logros? Primer error.




El segundo no es menor: enceguecidos por triunfalismos gratuitos, en pleno siglo XXI se menospreció el peso de las redes sociales como instrumento de transmisión de mensajes políticos, cosa que las derechas manejan a la perfección. Así alcanzaron el poder individuos como Trump, Milei y Bukele, ejemplos que los asesores de Abelardo de La Espriella en Colombia copiaron a pie juntillas con éxito incuestionable.  Para su perdición, el Pacto Histórico sólo reaccionó al final, como esos equipos de fútbol que despiertan en el tiempo de reposición cuando ya no hay remedio.

Y el tercero pero no menos importante nos conduce a otra pregunta: ¿Qué pasó con los candidatos del Pacto Histórico que no ganaron en la consulta? Uno esperaba que rodearan al ganador para fortalecer sus posibilidades en la contienda. Por lo visto  volvieron a lo suyo y se dedicaron a gestionar sus intereses particulares. Tengo conocidos que en ese escenario optaron por el voto en blanco, ese truco para satisfacer la veleidad de sentirse impoluto.

Por supuesto, son muchos más factores, pero en mi examen de conciencia bastan para formular tres propuestas:

Aceptar la derrota con lucidez y tranquilidad en lugar de sembrar zozobra con informaciones imprecisas.

La anterior permite que, en principio, el ganador gobierne dentro de los parámetros de sus propuestas, siempre y cuando respete los formalismos democráticos.




El número de votos obtenidos por el partido derrotado y el hecho de contar con mayorías en el senado garantiza una vigilancia permanente y permite ejercer por lo tanto una oposición rigurosa y con argumentos que vayan mucho más allá de palabrerías gastadas y de la simple politiquería. Esas cifras por sí solas obligan al ganador- si respeta los formalismos de la democracia, insisto- a buscar acuerdos de gran alcance que le garanticen a Colombia avanzar por el camino del mejoramiento de las condiciones de vida de todos.

Las circunstancias están dadas para impedir con herramientas legales que se produzca un retroceso en lo ya conquistado. Al menos para mí, esas circunstancias dan un margen para seguir  aquí, bien plantado a la izquierda de Dios Padre.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=_yigr2f9H_Q&list=RD_yigr2f9H_Q&start_radio=1

martes, 16 de junio de 2026

Misterios

 

                                                                     





                                                                   MISTERIOS

 

                                                             El murmullo del viento

                                                             entre los platanales.

                     

                                                            El rugido de una motocicleta

                                                             en la alta noche.

 

                                                             El crepitar de una legión de hormigas

                                                              prestas al combate.

 

                                                              Los pies descalzos de una mujer

                                                              cuando se aparta del lecho.

 

                                                               El piano y la  voz ebria de Tom Waits

                                                               en  Blue Valentines.

 

                                                              El canto de un pájaro

                                                              llamado Diostedé:

 

                                                              Al menos para mí

                                                              estos misterios no se habrán de resolver.

 

 

 

                                                            Alto del Nudo ( Pereira- Dosquebradas)

                                                            Sábado 30 de mayo de 2026


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=dfQ7ieF7w4Y&list=RDdfQ7ieF7w4Y&start_radio=1

 

 

                    

martes, 2 de junio de 2026

Personas y personajes

 



Muchos de ustedes recordarán la película donde un hombre regresa del futuro para  matar a la mujer que parirá a su peor enemigo.

Se trata de Terminator I, claro, la historia que catapultó al monosilábico actor Arnold Schwarzenegger al estrellato de una industria que idolatra la testosterona y los estrógenos a partes más o menos iguales.  Años más tarde, el siete de octubre de 2003, en medio de la paranoia desatada después del atentado a las Torres Gemelas , los californianos eligieron a Terminator como su gobernador, con la esperanza de que pudiera salvarlos de los alienígenas encarnados en los inmigrantes, el desempleo, la inflación y las pandillas centroamericanas.

No sobra aclararlo: eligieron al personaje, no a la persona, al fin y al cabo un mediocre actor que inició su carrera como fisiculturista y eso le bastó para dar el salto del gimnasio a la  pantalla, convirtiéndose de paso en uno de los pioneros de un producto etiquetado como reality show, vale decir, la realidad devenida espectáculo o  éste último convertido  en realidad, el orden es lo de menos.

Cuatro décadas  atrás, un actor igual de mediocre llamado Ronal Reagan fue elegido como gobernador del mismo estado el 8 de noviembre de 1966 y posteriormente presidente de su país el 4 de noviembre de 1980, dando inicio al desmonte del estado bienestar en alianza con la británica Margaret Thatcher al otro lado del Atlántico. El miedo al comunismo todavía se percibía en el aire y los votantes se arrojaron en los brazos de ese personaje de western siempre presto a desenfundar la Colt 45.

A pesar de que la dicotomía entre persona y personaje es un tópico milenario, la industria del espectáculo anclada en la cultura audiovisual y potenciada por internet, ha llevado las  cosas a un punto de no retorno donde  asuntos tan esenciales como la pregunta filosófica por el ser han perdido todo su sentido. ¿no han visto o escuchado a celebridades referirse a si mismas utilizando su seudónimo, nombre artístico o apodo en lugar del  humilde nombre consignado en el registro civil? ´Ucho gusto, soy El Tigre dicen que saluda el político Abelardo de la Espriella, cual si se tratara de un pintoresco Therian  de los trópicos.




Al principio, los actores se calzaban sus coturnos, sus túnicas y sus máscaras y subían al escenario donde representaban a héroes y villanos, a dioses y demonios.  El público se hacía partícipe de ese rito cuasi religioso (recuerden el sentido de la expresión misa en escena) y una vez finalizada la liturgia regresaba al punto de partida un poco más purificado, pues el personaje- no la persona- hacia el papel de exorcista en el sentido más preciso de la expresión.

Cuando la puesta en escena se convirtió en objeto de consumo y la persona fue suplantada por el personaje, la carga simbólica se diluyó para convertirse en mero entretenimiento. La representación perdió su condición de medio hasta reducirse a un fin en si misma. De ahí que el famoso se convirtiera en figura desechable que puede y debe ser sustituida cuando la excitación del público se agota.

 El asunto no pasaría de ser anecdótico si no fuera porque en la mente del consumidor de información y entretenimiento se producen estados de confusión capaces de paralizar en su origen cualquier intento de distancia crítica. Los ejemplos abundan. Cuando en el famoso salen a la luz las debilidades humanas comprensibles en cualquier mortal en el espectador suelen aflorar dos actitudes igualmente dañinas: o de incredulidad absoluta (lo que se dice de mi ídolo es mentira) o de condena sin remedio (es increíble tanta bellaquería en alguien que parecía tan bueno). Es en ese punto donde la persona empieza a cargar con el peso del personaje; una carga tan descomunal que acaba cobrándose su precio en la salud física y mental del involucrado. El abuso de drogas, sexo, alcohol y el consumo de fórmulas religiosas suelen ser la manifestación más visible de ese quiebre.




Y todo porque aparecer no equivale a ser. La manera como aparezco ante el mundo no revela mi condición primera. La pobre y frágil muchacha llamada Norma Jean Baker, asediada por el deseo de los poderosos y abrumada por el abuso de barbitúricos como herencia de una infancia atroz, no tenía relación alguna con la glamorosa Marilyn Monroe que se hizo carne en las fantasías sexuales de millones de habitantes de la tierra.

En la misma tónica, el poeta tímido y reconcentrado bautizado como John Winston Lennon había perdido  toda conexión con la estrella de rock acribillada a tiros el 8 de diciembre de 1980 por un tipo anónimo llamado Mark Chapman, ansioso por convertirse él también en personaje de pantallas y portadas. “Nothing gonna  changes my  World” cantó alguna vez John desde el corazón mismo de su extravío con toda la desesperanza de que era capaz: se  sabía extraño a sí mismo y sólo sobrevivía el personaje Lennon idolatrado por quienes ni siquiera intuían- tampoco les importaba- el abismo de su soledad.




Vueltos al terreno de la política, el siglo XXI ha sido pródigo en personajes fabricados por agencias de comunicación política y de noticias falsas que a menudo son las mismas. Con unos   espectadores pasivos y paralizados por el miedo aupado por los medios de comunicación, publicistas y expertos en mercadeo pusieron en escena la figura del bravucón desafiante con el puño siempre levantado y dispuesto a destrozar mandíbulas. Tipos como Trump, Putin, Bukele, Milei, maestros del muy criollo De la Espriella, se ofrecen al mundo como personajes de cómic capaces de vencer a legiones enteras de malvados. “¡ A luchar  por la justicia!” ladran todos a través de pantallas y redes sociales como aventajados discípulos de Superman. Amparados en ese grito de batalla salen tan campantes a destrozar prójimos disparando misiles o tomando medidas económicas. Como si se tratara de fieles devotos leninistas no se fijan en gastos a la hora de combinar todas las formas de lucha.

Los amantes del fútbol recordarán el buso utilizado por José Luis Chilavert, legendario arquero de  Guaraní,  Zaragoza de España, Vélez Sarsfield y de la selección paraguaya entre 1980 y 2004 . Llevaba estampada la cara de un perro bulldog que mostraba los dientes y amenazaba con despellejar a los rivales. Pues bien, no pasó mucho tiempo antes de que el portero fuera devorado por el personaje y se comportara como un perro guardián: insultaba y escupía rivales, desafiaba a las tribunas, injuriaba a los árbitros:  en medio de su delirio llegó a considerarse invulnerable.

Lo mismo les sucedió a los políticos mencionados en el párrafo anterior y a otros tantos de su calaña. Putin sueña con los viejos tiempos del estalinismo pero con  disfraz de capitalismo salvaje;  Trump se pintó a sí mismo como un Jesucristo redivivo que volvía a la tierra a desfacer entuertos ; Bukele declaró su propia guerra santa contra los tatuados culpables o inocentes. Por su lado, Milei declaró en redes sociales: “Soy uno de los tres tipos más conocidos del planeta” sin detenerse a pensar en el sentido de semejante frase.

A pesar de sus diferencias todos tienen algo en común: la voracidad por el poder, que los llevó a forjarse uno o muchos personajes que acabaron por tragárselos arrastrándolos hacia un agujero negro del que, bien sabemos, no hay punto de retorno.

https://www.youtube.com/watch?v=VJzTXxZ2WNo&list=OLAK5uy_nGi-fFGqWAJRw1pc_Bf2WguLjQX-CfivI&index=1