Blasfemar era el verbo favorito del escritor pereirano Silvio Girón
Gaviria. La blasfemia, en su más puro
sentido, definía su ser y estar en el mundo. Abjurar de todos los poderes
establecidos de este mundo y del otro era la esencia misma de la vida de este hombre de pluma
rápida y feroz, dotada de un olfato especial para detectar el hedor que se
desprende de todas las formas de poder.
En las estaciones de radio, en sus columnas de los periódicos, en sus
libros y folletos alentó siempre el espíritu indomable del que se resiste a
creer en la palabra de quienes “Tienen la sartén por el mango… y el mango
también”, según canta la gran Susana Rinaldi.
Lo de pluma rápida y feroz no es una figura literaria. Sus familiares cuentan que se acomodaba
frente a su vetusta máquina de escribir y borroneaba cuartillas con el ímpetu
del que necesita con urgencia sacarse del alma y del cuerpo una legión entera
de demonios. Tal como salían de la Olivetti las imprimía o las leía en las estaciones de radio que lo utilizaban
para decir lo que sus propietarios o periodistas no se atrevían. Con el paso de
los años su palabra dejó un rastro que, entrada la tercera década del siglo
XXI, constituye un documento invaluable para asomarse a los muchos rostros de
una Pereira que se debate entre la nostalgia por la aldea que fue y el
envanecimiento por la metrópoli que no es.
El periodista, investigador y profesor Abelardo Gómez Molina, riguroso
editor por lo demás, se propuso seguir las huellas que Girón Gaviria dejó a su
paso por la ciudad. Porque el escritor
era sobre todo eso: un caminante de las calles y un frecuentador de los antros
donde se advierte el pulso de una comunidad. El resultado es el libro titulado Silvio
Girón Gaviria: Vida y obra de un rebelde
con causas, publicado por la Secretaría de Cultura de Pereira y su
Biblioteca “Ramón Correa Mejía” en diciembre
de 2025 bajo el sello La
Chambrana.
Sin necesidad de teorías al uso, en los textos de Silvio Girón Gaviria las
fronteras entre los géneros se diluyen atendiendo a las urgencias del relato. A
veces cuentos, a veces crónicas, en otras ocasiones viñetas o artículos de
opinión y en algunos casos novelas breves. Lo importante para él siempre fue
recrear la materia viva de que estamos hechos los transeúntes de este
desopilante lugar llamado tierra. Por encima de todo lo suyo fue el mundo de
los marginales, de los excluidos; esa franja siempre creciente de barrios de
miseria alimentada con él éxodo de los campesinos expulsados desde pueblos y
veredas por sucesivas violencias o animados por las expectativas de estudio,
trabajo y servicios en las capitales.
Es por eso que, en la página 33 de su trabajo sobre Girón, Abelardo Gómez
cita al escritor español Pedro José Palacios, residente en Colombia a comienzos
de los setenta, quien en su prólogo al libro Que griten las paredes
(1972), escribe: “Un nuevo libro de Silvio Girón no puede ser sino lo que
esperábamos que sea: otro testimonio de la época que le ha tocado conocer
directamente. El autor nació en el mismo escenario que describe un día tras
otro".
En su búsqueda Abelardo Gómez Molina visitó bibliotecas, revisó archivos,
hurgó en hemerotecas y consultó a quienes en algún momento compartieron la
aventura vital y literaria del autor de La ninfa de los parques. El
resultado es una amalgama de textos y voces que en 81 páginas de pequeño
formato nos revelan algunas razones para entender la visceral escritura de
Girón, que produjo fascinación y repulsa a partes iguales. Entre otras cosas, el lector se
pregunta si, de haber contado con un buen editor y corrector de estilo que le
pusiera orden a tanto vértigo, su obra no merecería hoy una atención distinta a
la de lo meramente anecdótico. En su defensa, podemos conjeturar que el ritmo
de su escritura obedecía al frenesí de un poblado que a troche y moche se transformaba en ciudad intermedia, con todas las cosas buenas y
malas que eso acarrea.
En el primer párrafo de su investigación, Abelardo Gómez advierte:
La vida de cualquier persona puede tejerse a partir de dos miradas, muchas
veces antagónicas: la del individuo de carne y hueso que está plagado con los
claroscuros que nos deparan las mezquindades de la vida rutinaria o, mejor aún,
la de aquél que a partir de sus propósitos- eso que en el romanticismo llamaban
ideales-, con la exacta concreción de los mismos en su obra, sienta las bases
del desciframiento interior. En Silvio Girón Gaviria no hay tal disyuntiva: su
vida y su obra se confunden en un solo propósito: la plenitud de la coherencia,
quizá el estado ideal al que cualquiera desearía llegar.
Claroscuros, mezquindades, ideales, desciframiento, coherencia. Esos cinco conceptos definen con precisión la ruta de
viaje de Silvio Girón. La misma que Abelardo Gómez decidió rastrear para
devolvernos una semblanza del hombre y el escritor que a bordo de su máquina de
escribir tejió una postal de la ciudad
que fue el motivo de sus dichas y desvelos



