martes, 12 de julio de 2011

Nacidos para perder


La escena no pudo ser más patética. Sucedió el domingo  10 de julio en el municipio de Corinto, una población del departamento del Cauca arrasada durante décadas por la codicia de los terratenientes y por la calculada demencia de la guerrilla. Mientras  el pueblo entero seguía sumido  en el estupor que le dejó el atentado perpetrado por la insurgencia en el que murieron policías y civiles, el presidente Juan Manuel Santos y su desteñido ministro de la defensa celebraban a grito herido  los goles de la selección  Colombia frente a un no menos desvanecido  equipo boliviano. Al final, mientras la gente lo contemplaba atónita, el mandatario  solo atinó a decirles que  tenía comunicación directa con  el  entrenador del equipo nacional desde Buenos Aires, a quien por lo visto le interesaba más dar declaraciones para los medios internacionales, porque el presidente  apenas  pudo repetir “aló, bolillo” en varias ocasiones sin obtener respuesta, hasta que , vencido por la evidencia, recordó que estaba frente a un auditorio acorralado por la guerra y entonces les prometió  que no los dejaría solos, antes de  sembrar  una nueva forma del miedo cuando advirtió que la fuerza  pública  tendría  patente de corso para atacar las casas de los civiles ocupadas por guerrilleros, sin tomarse la  molestia de aclarar cómo diablos van a hacer para precisar si esa ocupación es consentida o no.
Debo decir que lo sorprendente aquí no reside en el hecho de  que los gobernantes aprovechen las conquistas de los equipos o los logros individuales de los deportistas para desviar la atención sobre sus desaciertos   o para impedir que se formulen preguntas incómodas sobre sus promesas incumplidas. Al fin y al cabo la vieja consigna  de pan y circo es  varios siglos anterior al  advenimiento del Imperio Romano. En el caso colombiano, la memoria reciente  nos devuelve la imagen del  presidente Andrés Pastrana en el año 2001 tratando  a la desesperada de salvar los restos de una Copa América desprestigiada por la negativa del equipo argentino a participar en ella y por la decisión de otras federaciones de  enviar  conjuntos de segunda línea. Abandonado a la deriva por el desplante de  “Tirofijo,” que lo dejó  con la célebre silla vacía, el hijo de Misael convirtió ese evento deportivo en un elemento distractor que, en el colmo de la buena suerte, tuvo  como colofón la obtención del título por parte del equipo colombiano con aquél gol de Iván Ramiro Córdova frente a la selección mexicana.
 Así que frente al desastre de Corinto el presidente Santos y su ministro estaban tratando de hacer lo mismo, pero a menor escala. Talvez por ese error de perspectiva no lograron ocultar del todo  la dimensión de una realidad que sobrepasa los goles – hermosos, nadie lo niega- de Falcao García.Una realidad encargada de decirnos que la fórmula de la seguridad democrática nunca llegó al Cauca, entre otras cosas porque esa región no representaba un interés estratégico para los gobiernos. Esa misma realidad nos recuerda que  las  Farc  son  menos un movimiento guerrillero  que un valioso comodín   utilizado  por los políticos  durante más de  medio siglo para hacerse elegir- y hasta reelegir- con la promesa de su exterminio inminente o con el señuelo de un acuerdo de paz siempre aplazado. Frente a la contundencia de los muertos y de las más de  trescientas casas destruidas en ese pueblo remoto del Cauca codiciado por los señores de la guerra y por los traficantes de drogas, el presidente de Colombia y su ministro de defensa, bastante proclives a la pirotecnia verbal como todo  político que se respete, gritaban gol y ensayaban un ejercicio patriotero que no caló entre la población, entre otras  razones  porque   la mayor parte de esta la  conforman pueblos de ascendencia  indígena que durante varios siglos aprendieron a volverse escépticos y por eso mismo a defenderse  por sus propios medios.  En ese tránsito descubrieron que la guerra es un buen negocio para mucha gente:  para los traficantes de armas y  para los gobernantes que así justifican sus políticas  o la  ausencia de ellas. Para los militares que obtienen ascensos y bonificaciones. Para los que se apropian   de las tierras abandonadas.  Y, por supuesto, para los guerrilleros  y todos los grupos armados ilegales. Por eso, fueron pocos los que en Corinto  salieron a gritar gol : porque a pesar del resultado final y de la bonita cabriola de Falcao, sus  habitantes  saben que desde hace siglos militan en las filas del equipo perdedor.

viernes, 8 de julio de 2011

Francotiradores en la red


Bastante se ha dicho en las últimas décadas sobre lo que  significa la  Internet como oportunidad para fortalecer las democracias, en tanto permite la libre circulación de opiniones,sin pasar por los obstáculos implícitos en la estructura de poder de los medios de comunicación convencionales. En ese  contexto muchos ven los blogs como la expresión más palpable de la libertad de pensamiento y la circulación sin límites de las ideas. Como si fuera poco, los defensores a ultranza de las llamadas redes sociales se quedan sin palabras  a la hora de magnificar el papel que estas pueden y deben jugar en el momento de  poner en marcha el enorme potencial que subyace  en muchos grupos humanos maniatados hasta ahora por mecanismos legales no siempre  orientados en beneficio del interés colectivo.
Llegados a este punto, todo parece concentrarse en la rapidez   con  que circula la información y en la capacidad para poner en contacto, en tiempo real, a millones de personas en el planeta  que comparten similares visiones del mundo, a pesar de   las diferencias  en  materia de idioma, género, edad  o situación económica.  En el caso colombiano, nos muestran como ejemplo la manera como algunos blogs han permitido que el mundo se enterara de muchas atrocidades  perpetradas por los amos de la guerra .  También nos hablan de lo que significó el llamado a través de Facebook a  participar en una marcha que, multiplicada por la capacidad  de  medios de comunicación  tan poderosos como Caracol,  RCN  o El Tiempo, se convirtió en símbolo del repudio de un sector de la sociedad contra las acciones del grupo  guerrillero de las Farc.
Y  aquí es donde empiezan  las dificultades, porque  a los pregoneros de esa cosmovisión poco parece  importarles la calidad de lo que se  escribe y mucho menos se preguntan por las herramientas que permitan unos mínimos de control   que garanticen la veracidad de lo que circula en la red. Como buenos  utilitaristas , lo plantean todo en términos de   velocidad y eficiencia :  “Si es rápido, es bueno”, parece ser la  consigna. A sí las cosas , nadie se fija en gastos en el momento de reflexionar sobre el sentido de  lo que se dice y mucho menos en los efectos que pueda tener en la vida cotidiana de la gente. El ejemplo más  reciente de  ello es la decisión del caricaturista Vlado de clausurar  su cuenta de Twitter, porque la idea inicial de crear un espacio de intercambio  de reflexiones respetuosas  y argumentadas derivó hacia la degradación del lenguaje, cuando no a  las amenazas directas o veladas de anónimos interlocutores que no comparten su visión del mundo. Los insultos  utilizados no son reproducibles aquí, tanto porque violentan los mínimos de decencia  como por  su capacidad de sumarle bajeza al ambiente de un  país de por sí enrarecido por  el hálito nauseabundo que emana desde los grandes centros de poder legales o ilegales. Ese estado de cosas fue posible gracias entre otros factores a que el carácter impersonal, masivo e instantáneo de la comunicación  en la galaxia digital hizo de esta el territorio perfecto para el florecimiento de toda suerte de francotiradores , que en cuestión  de segundos pueden desatar una inquisición tomando   como pretexto cualquier causa con apariencia de nobleza, o  por simple incapacidad para digerir el pensamiento ajeno. El  toque máximo de irresponsabilidad  lo da el hecho de que,independiente de las motivaciones, estarán siempre  amparados , cómo no, por la patente de corso de su condición invisible.

viernes, 1 de julio de 2011

Hilando delgado



En su columna de la revista Semana  aparecida  el domingo 10 de abril, el analista político León Valencia escribió: “ El sindicalismo colombiano ha obtenido un enorme triunfo. Ha logrado que el presidente Barack Obama obligue al país a proteger y extender los  derechos  laborales y a combatir  la agresión contra los sindicalistas a cambio de la aprobación del  Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos”.
Hay algo en el tono triunfalista del texto que no acaba de encajar, mirado bajo el lente de lo que han sido las relaciones entre Estados Unidos y Colombia a lo largo de la historia  ¿Un gobierno  norteamericano preocupado por el bienestar de  los trabajadores colombianos y exigiendo que se respeten sus derechos? Mmm  pienso que lo mejor es hilar delgado. Uno de los soportes del Partido Demócrata ha sido   el todopoderoso y corrupto aparato sindical desde los primeros tiempos del new deal de F.D Roosvelt. De unas décadas hacia acá, y a resultas de la reconfiguración del mapa económico y político mundial, en el que países como China y Brasil cobran cada vez mayor protagonismo, la pérdida de puestos de trabajo ha sido una de las mayores preocupaciones de los trabajadores en Estados Unidos. Entre las razones que esgrimen están la falta de  una legislación migratoria más rigurosa, sumada  a los bajos salarios en los  países menos desarrollados que al abaratar por esa vía  los costes de producción acaban  por convertirse en competencia desleal al ingresar los productos a territorio norteamericano. Para  nada mencionan en esas discusiones los elevados subsidios que otorga el gobierno de su país  a sectores enteros de la producción, que no solo recomponen cualquier posible desnivel surgido en el factor salarial, sino  que tiene  una ventaja adicional en la imposición consignada  en los tratados comerciales  para que los países  exportadores de bienes primarios no subsidien a sus sectores productivos.
De manera que León Valencia   parece haber sufrido aquí un serio problema de enfoque. La preocupación del sindicalismo norteamericano y sus voceros  ante el congreso  y el gobierno  no constituye una muestra de solidaridad con sus congéneres colombianos. Todo lo contrario: a sus líderes les inquieta  que las lesivas y muchas veces   ilegales condiciones de contratación existentes  en Colombia  hagan descender tanto los  costos de operación que acaben por convertirse en una  amenaza para sus propios puestos de trabajo en Estados Unidos. Al primer golpe de vista parece complejo , pero es simple hasta la  brutalidad. Sucede lo mismo  con el discurso sobre defensa  de los derechos humanos,  exacerbado  después del atentado contra las Torres Gemelas. Al convertir en bandera la lucha contra el terrorismo se hace insostenible seguir siendo un patrocinador de las violaciones a esos derechos, como lo fueron sucesivos gobiernos  estadounidenses  antes, durante y después de la Guerra Fría. Simple giro retórico que no le impidió al  segundo Bush justificar y legitimar la tortura como método de interrogatorio y  que no ha servido tampoco para detener la barbarie contra los civiles en Irán ,Irak, Afganistán y cualquier lugar de la tierra que a huela a petróleo.
Vistas desde esa perspectiva  las expectativas del columnista no solo resultan desfasadas sino riesgosas.  Porque    el título mismo, “  La hora del sindicalismo” parece sugerir una especie de   punto de quiebre para los trabajadores colombianos, cuando en realidad  la ilusión surge porque a la frase le faltó el complemento, de modo que a todos nos resultara claro  que  si, que llegó la hora del sindicalismo…norteamericano

jueves, 23 de junio de 2011

Bienvenido Bob


Para el cronista Juan Miguel y el caricaturista  Matador, que se despellejan los nudillos tocando a las puertas del cielo.

Lector incurable, aprendió muy temprano de los sabios antiguos que lo más sensato es vivir sin apegarse a nada ni a nadie, como una piedra que rueda. Sus padres, de origen judío, lo bautizaron Robert Zimmerman pero en uno de sus primeros actos de rebeldía  decidió apellidarse Dylan, tomando prestado el nombre de un oscuro y turbulento escritor irlandés. El poeta andaluz Joaquín Sabina, explorador de otros abismos, le rindió tributo  en una canción cuyo título  resume toda posible forma de  derrota : “ Tan joven y tan viejo”. En 1961, cuando contaba veinte años y el mundo trataba de curarse las heridas de  la posguerra, empezó a recorrer los escenarios en una peregrinación que lo tiene hoy, cinco décadas después, más vivo que nunca  y dispuesto a echarse otra vez al camino para ponerle banda sonora y lírica a las esperanzas y desasosiegos de varias generaciones de mortales.
A pesar de que las izquierdas de los años sesentas del siglo pasado intentaron apropiarse su discurso, en realidad es un conservador anarquista que se educó  escuchando las canciones de Woody Guthrie y por eso ama el mundo rural, como contracara idealizada de los desbarajustes del  planeta industrializado.
Venid padres y madres de todo el mundo/ y no critiqueís lo que no entendeís/ vuestros hijos e hijas ya no están bajo vuestro control / vuestro sistema se está haciendo viejo/porque los tiempos están cambiando, cantó alguna vez frente a una multitud  que convirtió esos versos en una declaración  de principios generacional, tal como sucedió con el Let it be, de  The Beatles o My Generation, de the Who. Para variar, fue excomulgado en su momento por legionarios más conservadores que él cuando decidió incorporarle elementos eléctricos a las  armónicas  y a las cuerdas melancólicas de las canciones folk. “ Traidor”, dijeron y procedieron a quemar sus discos en la siempre renovada pira de  los fundamentalismos.
Cuando ya era un  fetiche   para los hijos de la bomba atómica, un accidente en moto estuvo a punto de dejarnos sin sus poemas, tan  intensos y lúcidos que siempre logran sobreponerse a la mala voz, asmática, nasal y entrecortada como la de ese otro poeta llamado Joan Manuel Serrat.
Durante años se ha sumido en  largos silencios de los que regresa siempre para recompensar la espera con una    renovada dosis de lucidez no excenta de ternura. “ ¿ Cuántas veces puede volver la cabeza un hombre / y pretender que no ha visto nada?/ la respuesta , amigo, te la dictará el viento/ la respuesta está en el viento” proclamó en uno de  esos  retornos y entonces uno coincide  con el periodista cultural y melómano irredento Alejandro Patiño Sánchez cuando sentencia que la historia de la música se divide en antes de Dylan y después de Dylan.
Hace algunos años fue postulado al premio Nobel de literatura, lo que, una vez más, provocó la santa  ira de los ortodoxos. Varios directores de cine han  realizado películas argumentales y documentales sobre su vida, obra y milagros, que  no son pocos. Aunque  no participó  en el ya legendario  Festival de Woodstock, todavía se recuerda que éste se realizó en una finca cercana a su residencia.  En este 2011 cumple setenta años de vida y cincuenta de actividad literaria y musical. Durante ese tiempo muchas utopías nacieron y fueron enterradas por sus propios forjadores. Varias revoluciones se convirtieron en cenizas o en  parodias de si mismas. Unos cuantos de los que iban a cambiar el mundo al ritmo de sus canciones ahora ocupan las poltronas del poder. Pero Robert Zimmerman, llamado Bob Dylan, sigue allí contra todos los augurios. Por eso , así como deben agradecerse los besos , los abrazos y las palabras de consuelo que le dan a uno en el camino,  desde este lugar de la tierra, cuando muchos de sus contemporáneos malviven en la jubilación o blasfeman  entre las paredes de un geriátrico, quiero plantar mi dosis de gratitud por esos versos que me ayudan a  vivir enviando esta postal que no podía empezar sino así : bienvenido Bob.

viernes, 17 de junio de 2011

Asunto de palabras



Parece un asunto de palabras  pero es mucho más que eso: de  un tiempo para acá, se ha vuelto  práctica común  la utilización del término cultura para referirse a  comportamientos que, por definición, están situados en las antípodas de una expresión que tiene en  si misma una connotación positiva.
“Cultura de la muerte”,  “cultura de la violencia”, “cultura mafiosa” o  “cultura de la ilegalidad” son apenas algunas entre las decenas de frases acuñadas para referirse a   las tantas lacras que nos aquejan. ¿En qué momento el vocablo cultura perdió  su acepción positiva,  para convertirse  en una suerte de etiqueta multiusos  que le  da legitimidad incluso a lo peor? Porque la utilizan por igual los académicos, los periodistas, los políticos y los  gobernantes, personas de  las que, al menos en teoría,   se espera sean las encargadas  de marcarle el rumbo a una sociedad.
En principio, la raíz de la palabra cultura alude a cultivo, es decir,  a lo que se siembra y recolecta para beneficio de  todos. Su sentido es también el  de acervo o legado  de lo mejor que la humanidad ha creado en su paso por la tierra. La música, la ciencia, la literatura, las leyes, la tecnología, las religiones, la gastronomía y el arte en general  son entonces parte de ese  gran huerto cultivado  por todos y  heredado a través de la educación.
De modo que debemos estar frente a algo  muy grave para que de un momento a otro hayamos empezado a asumir como corrientes expresiones que reflejan  no solo una aceptación tácita, si no la práctica  cotidiana del mensaje que llevan  a cuestas,  con el endeble argumento de que se trata de una  “ cultura” De ese modo podemos  justificar  el  asesinato o la   desaparición de los   contradictores, la corrupción que forma  parte de los hábitos diarios de los funcionarios de más bajo rango hasta los de más alto nivel jerárquico, las trampas en cada uno de nuestros pasos y, en fin, la creencia de que arrasar con todo y con todos  es apenas la manifestación humana de  los insondables atavismos que garantizan la conservación de las especies.
“Darwinismo social” llaman a esto último los más cínicos, omitiendo  de  paso  un pequeño detalle: que el proyecto de civilización apunta  precisamente a crearle  reglas del juego a la bestia que nos habita, como bien lo planteara Tomas Hobbes en su Leviatán. Entre  esas reglas está, desde luego, el derecho de los  otros a ocupar un lugar bajo el sol. A crearlas   y consolidarlas han consagrado  lo mejor de sus vidas cientos de personas que, a la luz o en el anonimato,  vivieron y viven convencidas de que nociones como dignidad o derechos son mucho más  que una abstracción o un simple capítulo  en los tratados de  teoría política. Así que  sería  bastante saludable hacer un alto  en el camino, para reflexionar   acerca de lo pernicioso y costoso que pueden resultarnos esos hábitos   que empiezan  como un mero juego con las palabras y acaban por instalarse de manera inexorable en la realidad.

miércoles, 8 de junio de 2011

Un par de razones


¿ Usted por qué mantiene un blog si es un dinosaurio que se niega a usar teléfono celular, con todo lo útil que es ese aparato?
La pregunta me la soltó a quemarropa, sin mediar saludo, un profesor de  álgebra que escribe versos despechados en sus ratos libres.  Digamos que como poeta es  bueno para explicar las ecuaciones  de tercer grado. El asunto es que, como me disponía a cruzar una congestionada calle céntrica,  si le prestaba atención corría el riesgo de engrosar las estadísticas de los ciudadanos distraídos  atropellados por el Megabus. De modo que me vi obligado a ignorarlo y a responderle  a través del artículo que ahora quiero compartirles a ustedes que, supongo, coinciden a pie juntillas con ese calificativo que me emparenta con las criaturas de  Parque Jurásico.
Así que voy a exponer un par de razones.  Me niego a usar  teléfono celular-o móvil, como dicen los que emigraron a España en las últimas dos décadas- no porque desconozca su utilidad en algunos casos extremos, como  encontrarse perdido en  una remota    selva del  Matto Grosso, por ejemplo. Mi aversión obedece  a que en los últimos años he ido perdiendo a queridos compañeros de tertulia por culpa del   aparato.  Peor que si se hubieran ido a la guerra  o  se hubieran ganado el baloto. Sucede que  uno se sienta con las personas, digamos a almorzar o a tomarse un café y ya no puede sostener  una conversación coherente- decir amena sería mucho pedir- porque cada cinco minutos la interrumpen para contestar  el teléfono. “ Perdón, Tavo”, me dicen con desgano y se retiran a contestar la llamada en un rincón. Pasados  otros cinco minutos regresan pronunciando una frase de ofensivo automatismo “ ¿ En qué ibamos? ¡Ah si... claro !” Eso para no hablar de los mensajes  a través de la  black berry. Usted puede  estar  diciéndoles que la muchacha deseada durante tanto tiempo acaba de regresar para complacer  al fin sus  fantasías o anunciándoles la muerte de su santa madre  y ellos no despegarán la mirada de la pequeña   pantalla mientras    asienten con la cabeza y responden con interjecciones del tipo ajá,mmm, aaahhh. Con ese estado de cosas lo mejor  es dejarlo así.
Con el blog  me  pasa  todo lo contrario. Sucedió que un día, por accidente o por decisión ,  en el periódico donde mantengo una columna me colgaron un texto sobre  Rodrigo Rivera, el ministro colombiano de la defensa, a propósito de sus piruetas políticas.  La primera tentación  fue armar una pataleta  y convertirme en mártir de la libertad de expresión. Pero el recurso me pareció artificioso de entrada pues, de  hecho, en internet es imposible la censura. Ni siquiera regímenes tan asfixiantes como el chino o el cubano han logrado impedir  que los disidentes se expresen a través de  estos circuitos. Fue asi como empecé con un artículo sobre el ministro, titulado “ Con otras palabras”. Pueden encontrarlo al comienzo de  este blog que , espero, tenga  la suficiente dosis de ácido como para hacer honor  a su nombre. Lo demás  son valores  agregados. El  hecho de  gozar de completa libertad  obliga a que la responsabilidad sea   también absoluta. Me refiero a la forma y al fondo. A la precisión de los datos,  al respeto  por los  interlocutores y al cuidado del estilo. Es como estar desnudándose en público cada semana. Y eso , a mi edad conlleva sus riesgos. Sospecho  que esa es la principal  razón por la que algunas mujeres que en otra  época de  mi vida llegaron incluso ¡Ay!  a desearme ignoran mi presencia   cuando nos cruzamos por la calle.
Espero que con estos párrafos haya conseguido tranquilizar al profesor que fatiga las aulas con su eterno   libro de Baldor bajo el brazo y de   paso a los pocos amigos que todavía me quieren, aunque   en los cada vez más espaciados encuentros me saluden con una frase  que mas parece una sentencia bíblica : “¡ Usted como no tiene un puto celular donde ubicarlo!”.

jueves, 2 de junio de 2011

Señora de Montserrat


Nuestra  Señora de Montserrat, tu que atiendes incluso las peticiones de los impíos como el suscrito al darnos la gloria de  ver jugar a esa forma de la dicha terrenal llamada Fútbol Club Barcelona, voy a abusar de tu generosidad  para pedirte  un último favor y perdona la molestia : no vayas a permitir que, en un inesperado giro de sus veleidades, Shakira , sí, la misma  que ahora mueve sus caderas al ritmo del equipo de Messi y Guardiola, se vuelva novia de Cristiano Ronaldo.
Voy a explicarte mis razones, dama de quien fue devoto ese portento de la escultura y la arquitectura llamado Antonio Gaudí. Como bien sabes, y con perdón de las feministas, un elevado  porcentaje de mujeres tiende, por inercia o conveniencia, a adoptar los gustos, el estilo y hasta la forma de hablar de su pareja de turno. Recordarás entonces que durante  su noviazgo con el gigoló argentino  Antonío de La Rúa, esa mujer a quien los periodistas llaman  “ nuestra Shakira”, así como dicen  “ nuestro Gabo” o "nuestro  Patarroyo” en una curiosa variante del chovinismo tropical,  digo que esa mujer nacida frente a las aguas luminosas del mar Caribe acabó hablando en un extravagante acento porteño, como si en lugar de Barranquilla  su cuna fuera el mismísimo barrio del Once en la mítica  Buenos Aires inventada por los novelistas y los cantores de tango.
Como  todo el mundo  sabe, porque es imposible no estar enterado de todo en la galaxia virtual,  después del mundial de fútbol de  Sudáfrica, la cantante  emprendió una cruzada exhibicionista – las revistas del corazón lo llaman idilio- con el  gigantesco  defensa centro del Barca y de la selección española Gerard Piqué, a quien un año atrás las mismas publicaciones descueraban   por dejarse fotografiar en un  imperdonable gesto de afecto masculino con su  compañero de equipo Slatan Ibrahímovic.  No sabemos si ya incorporó el acento, porque no la hemos escuchado hablando catalán, pero desde entonces Shakira se volvió fanática del equipo cantado por el poeta Joan Manuel Serrat y que ha tenido en sus filas a genios de la pelota como Ladislao Kubala, Johan Cruyff,   Hugo Sotil, Romario, Maradona, Rivaldo, Iniesta y  Messi , para citar solo algunos nombres de una lista interminable.
Con esos antecedentes ya comprenderás, Señora de Montserrat, que si la famosa intérprete del Waka- Waka se vuelve  novia de un  hombre como Robi Draco Rosa puede acabar hablando con acento de Jíbaro Puertorriqueño , o peor aun, componiendo canciones oscuras y depresivas situadas a años luz  de las letras que la convirtieron en fetiche de los escolares en el mundo entero. Pero todo eso sería tolerable. Lo juro por el tobillo lacerado del “Guaje”Villa después de soportar durante noventa minutos la persecución de un  perro de presa que juega al límite del código penal, como el portugués Pepe.
Todo  eso lo resisto, señora mía, pero por favor no permitas en tu sapientísima bondad que la cantante de los pies descalzos tenga aunque sea un remedo de romance con Cristiano Ronaldo, porque de inmediato  incurriría en la herejía de volverse hincha furibunda del  Real Madrid. Me temo incluso, que podría componer el himno de una de sus racistas barras bravas .Peor aún, sería capaz  de incluir en los coros la voz de José Mourinho, ese resumen supremo de la soberbia mundana, entonando cánticos insultantes contra los árbitros que le roban los partidos. Voy más allá y me imagino al defensa  Sergio Ramos posando desnudo en la tapa de uno de sus discos y eso, Señora de Montserrat, santa patrona de Cataluña y musa de los poetas ateos no lo podría resistir  un corazón enamorado de ese irrepetible encuentro entre el fútbol y la poesía conocido como  Fútbol Club Barcelona.