jueves, 13 de septiembre de 2012

De cero a nunca




En 1993, cuando María Aidé Botero Serna era gerente del Instituto de Cultura de  Pereira, la ciudad  fue sede de un primer y único festival iberoamericano de teatro infantil, llamado en su momento a constituirse en punto de partida  para consolidar un gran evento capaz de  convocar compañías teatrales   reconocidas dentro y fuera del país. El  festival, coordinado por el gestor cultural Jairo Antonio Franco, contó con el decisivo  respaldo de empresas del sector privado tan representativas en la región como Frisby, Avianca, la Cámara de Comercio de Pereira y Comfamiliar Risaralda. A vista de pájaro recuerdo la presencia de propuestas tan destacadas como Diablomundo de Argentina, Chico Simoes de  Brasil y  el Teatro de Muñecos de Colombia.
La  masiva presencia de público en las salas, garantizada por el carácter   gratuito de las entradas, hizo pensar en una segunda versión del festival, con un mayor número de países invitados y presencia en  municipios distintos al Área Metropolitana. Para facilitar la organización  y la  gestión de recursos  se decidió  efectuar el evento cada dos  años a partir de la fecha. Sin embargo, para  1995  la administración de la ciudad estaba en otras manos. Fue el primer período de gobierno de Juan  Manuel Arango Vélez. Siguiendo una vieja tradición nacional, los responsables de la cultura en Pereira decidieron   hacer caso omiso de lo alcanzado en la versión inaugural del festival.  De nada valieron los balances  presentados. Ni siquiera las cifras de la relación costo beneficio, que tanto  peso tiene en otras circunstancias. Poco importaron los compromisos pactados con   grupos teatrales de distintos países, que habían apartado fecha en sus agendas.  La ciudad no lo necesita, dijeron para entonces los  nuevos responsables  de la cultura. Con todo, cada vez que se acercan unas fiestas aniversarias surge la pregunta por un evento capaz de  concitar la atención nacional. Fortalecido y ampliado, el festival de teatro infantil pudo haber cumplido ese papel. Pero  no lo dejaron.
Casi dos décadas después, la administración de Israel Londoño contrató con la Universidad Externado de Colombia, previo cumplimiento de la convocatoria  pública  y los parámetros establecidos por la ley,  un ejercicio de prospectiva dirigido   recoger la experiencia de distintos sectores de la sociedad, con miras   a pensar, tomando como base lo   conseguido hasta el presente, posibles escenarios futuros para la consolidación de la ciudad región como un polo de desarrollo social y económico  capaz de beneficiarnos a todos. Aparte de eso, estaba el incentivo de la celebración de los 150 años de Pereira en el 2013. La presencia de algunos connotados líderes  contribuyó a alimentar las esperanzas del coordinador del proyecto del sesquicentenario, el ex alcalde  Gustavo  Orozco Restrepo. El profesional siempre alentó la idea del aniversario como un punto de partida para la gestación de grandes proyectos de interés regional.
Sin embargo, el documento duerme  una suerte de sueño eterno en los archivos de la actual administración. Las razones son varias. Primero, fue formulada  por sus antecesores y  tal cosa en Colombia, un territorio  huérfano de grandes  metas colectivas, es casi un delito. Segundo, no fue adelantado por  la Universidad Tecnológica de Pereira y eso pesa en este caso : El actual  responsable de  la oficina de planeación de la alcaldía desempeñó idéntico cargo en la  Universidad cuando se abrió la convocatoria. Como ya lo expuse, el proyecto fue finalmente adjudicado al Externado. Y aunque no se puede probar que se hayan puesto trabas desde la oficina  en cuestión, es indudable  que no se ha hecho  mayor cosa por impulsarlo. Algo de resentimiento quedó gravitando en el ambiente.
A pesar de las diferencias de objetivos y de la distancia en el tiempo, los dos hechos ilustran,  para infortunio de todos, una  tendencia de nuestros gobernantes a negar los logros de  sus antecesores, aunque pertenezcan incluso  a su propio movimiento político. Las explicaciones  son varias pero hay una central : La desaparición de los partidos  como expresión de  las expectativas de la sociedad fue reemplazada por los intereses particulares de los mandatarios y   de quienes los ayudaron a llegar al poder . Por eso su consigna es una sola: Partir siempre de cero y nunca incorporar en sus acciones de gobierno los aciertos de quienes los precedieron.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Las enseñanzas de don Juan




Para Gustavo Arango

Los buenos libros son como las formas de las nubes  y las piedras: Uno ve en ellos lo que desea ver.  Dicho  de otra manera, los libros son, entre muchas otras cosas, nuestros miedos  y anhelos vueltos  palabra escrita. Siguiendo esa ruta cientos de lectores  y editores han visto en la breve  y definitiva   obra de Juan Rulfo la génesis de esa marca de fábrica llamada “Realismo mágico”. En mi caso, las enseñanzas del autor de Pedro Páramo van mucho más allá. Para empezar, el recurso aquél de “… Muchos  años después” retomado por García Márquez en la primera frase de Cien años de soledad es una  invitación a devolverle a la memoria su condición esencial: La de clave única para entender el destino individual y colectivo. Vivimos en un hoy que solo puede explicarse si nos asomamos al ayer.   Los recuerdos son así el hilo de Ariadna que nos  permite salir del laberinto para encontrar en el mapa del mundo el rostro de  lo que somos. Por eso en los relatos  del escritor  mexicano  vivos y muertos coexisten en un territorio donde el antes es también el después. Es más, los vivos van por el mundo con generaciones enteras de muertos a cuestas. Son estos quienes les ayudan a recorrer el camino con inquietud  pero sin   prevención: Ellos ya lo transitaron y tuvieron como recompensa final el conocimiento de si mismos. “Vine a Comala, porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”, confiesa Juan Preciado al iniciar su relato. En realidad, ese pensamiento puede expresarse de otra forma: Vine a este lugar, porque aquí  yace la parte de mí que me hace  falta para completarme.
Entendida desde la clave de la memoria, no es casual que la obra de Juan Rulfo surja en un  continente sumido en un caótico y tortuoso tránsito hacia la modernidad. Desde México hasta el cono sur, las viejas sociedades  agrarias se sumergían en un ritual baño de sangre en el que las ideas liberales y conservadoras eran  la expresión más o menos abstracta  de la conocida pugna entre los imperativos de cambio y los temores que invitan a dejar las cosas como están. “¡Ilustración !” pedían unos “¡Viva Cristo rey!” replicaban los otros. Entre tanto,  tal como lo precisara Karl Marx  citado en el título de un bello  texto de Marshall Berman , todo lo sólido se disolvía en el aire.
Vivimos hoy un momento de la historia empecinado en renegar de la memoria. De un lado, el hedonismo  invita a tomar la flor del día y olvidarse de todo lo demás. Por eso  repetimos los mismos actos cientos de veces sin  derivar de  ellos forma alguna de conocimiento: El principio del placer sin límites exige obrar siempre como si fuera  la primera vez. Hace unos días, un  conocido me detuvo en la calle, y como si se tratara de un doctor Kinsey  redivivo, me soltó la pregunta sin mediar preludio alguno: ¿Y usted con cuantas mujeres se ha acostado? Hasta esa fecha  había concebido el sexo como un asunto de intensidad, de descubrimiento. Pero no: Aquí se trataba de un problema estadístico dirigido a  omitir el inalienable regalo de la comunicación personal. Es decir, ni más ni menos que el puro ejercicio de la desmemoria.
Pero hay todavía más. La velocidad  y la inmediatez de las nuevas tecnologías de la comunicación  siembran en  nosotros la idea de unos acontecimientos que surgen de  la nada, se convierten en noticias y desaparecen luego sin dejar rastro para, acto seguido dar lugar a  otra serie de eventos. Vista de esa manera, la existencia es poco menos que una sucesión de espejismos. El ejemplo más claro de ese fenómeno son los millones de ciudadanos que le dan la vuelta al mundo en una hora a través del control remoto del televisor. Al final están enterados de todo pero no entienden nada.
En mi caso, los relatos de don Juan Rulfo operan a modo de antídoto frente al peligro  de  la disolución. Como la vida misma, sus paisajes y personajes están hechos de tiempo y por lo tanto, la única manera de acceder a ellos es a través de la  memoria, los  recuerdos. Esas polifonías de seres dolientes y piedras calcinadas  nos recuerdan a cada instante que las criaturas, animadas o inanimadas somos apenas marcas de tiempo. Descifrarlas, o al menos   intentarlo, implica  hacer   un alto en el camino para ponerse a salvo del vértigo que todo lo banaliza. Esas son, al menos para mí, algunas de las enseñanzas derivadas de  la última y siempre  nueva relectura de la breve, impagable obra de don Juan.

martes, 28 de agosto de 2012

La historia oficial




La historia oficial nos dice que la ciudad fue fundada un 30 de agosto de 1863. En su himno se habla de “heroicos y buenos hijos”. Los primeros cronistas hacen  énfasis en  el progreso incesante como una de sus improntas y en el talante liberal como seña  de identidad de sus habitantes. Además insisten en las acciones generosas de la familia Pereira Gamba a la hora de donar los terrenos para los primeros asentamientos. De manera simultánea se habla de una vocación comercial temprana y de un espíritu siempre abierto a las corrientes del mundo.  Casi siglo y medio después, las palabras gesta y pujanza   encabezan los discursos pronunciados en las fiestas aniversarias. Con ellas se ha alimentado, entre otras cosas, el mito de una exclusiva colonización antioqueña.
 Sin duda algunas de esas cosas  son ciertas. Pero  hay otras historias  no  contadas, y menos desde la palabra escrita . Por ejemplo, la aventura de Guadalupe Zapata, una mujer de raza negra ignorada en los primeros  textos por eso mismo: Por negra y por mujer. Asunto  apenas natural en una aldea  que desde muy temprano quiso borrar el componente mestizo de sus primeros habitantes, llegados desde las haciendas  azucareras del Cauca, de las montañas donde los Embera Chamí  amasaron  su destino milenario. Y claro: También desde territorio antioqueño.
A   resultas de todo eso, en los clubes sociales  decidieron un día  escoger al bambuco como expresión  musical   de una identidad unipolar. Pero nada es tan simple. Por fortuna, basta recorrer las calles de Pereira de noche y de día para sentirnos invadidos por la multiplicidad de ritmos que nos habitan. Tangos del Río de la Plata o compuestos en el puerto de La Virginia, da lo mismo. Salsa y boleros de las Antillas. Rock de Manchester o Detroit. Baladas de México o Venezuela. Vallenatos de la Guajira  y despecho de todas partes. Todas esas músicas dicen algo de nuestra condición.
Cada   cierto tiempo tomo mi morral, calzo mis tenis de siete leguas y salgo a reencontrarme con sus rincones, sobre todo los  negados por las voces  del poder. Detrás del cerro de Canceles palpita una abigarrada multitud  expulsada de todas partes por la pobreza o por una de las muchas violencias que nos definen como país. “Ciudadela Tokio”  bautizaron a ese lugar, con no poca dosis  de ironía. Según los urbanistas, una ciudadela es un conjunto de residencias dotado de servicios que garanticen las condiciones mínimas de dignidad para una población: Recreación, deportes, salud, trabajo, educación, zonas verdes y opciones para uso creativo del tiempo libre. En Tokio  de esas cosas solo se escucha hablar cuando los políticos  en campaña se  deciden  a trepar la ladera en cuya cima alientan  varios millares de votos potenciales.
Otra cosa es recorrer a Cuba. Los nombres de algunos de  sus barrios todavía  guardan  reminiscencias de los tiempos de la revolución que le dio nacimiento  al sector: La Habana, Leningrado,  La Isla. En los años setentas y setentas, buscando el sueño americano, muchos de sus habitantes  fueron a parar a lugares como Queens y New Jersey   de donde importaron el gusto por la salsa dura y los hábitos de consumo de la clase media de   Estados Unidos.
En un ejercicio de prospectiva adelantado durante la alcaldía de Israel Londoño, los expertos participantes reconocieron por primera  vez el papel de las economías ilegales en los procesos económicos y sociales de la ciudad. Es decir, le pusieron nombre técnico a nuestra facilidad para incorporar las prácticas y la estética de las mafias que  forjaron a su medida la reciente historia de Colombia . Centros Comerciales, discotecas, restaurantes, fincas con saunas y toboganes, automóviles de alta gama y   clínicas  donde las muchachas se operan pechos y trasero a pedido de los nuevos ricos son parte de un paisaje devenido símbolo de una manera de ver el mundo fundada en el arribismo.
“Solo nos queda puro el hijueputa/ y lo estamos negando todavía”, escribió el poeta Luis Carlos González, hastiado de las pretensiones de unas élites proclives a  la irrealidad. Hoy, en medio de tanta celebración, quizás nos haga  falta una buena dosis de esa sana  lucidez, para asomarnos   a los otros rostros  de   nuestra realidad, escamoteados una y otra vez por la historia oficial.

jueves, 23 de agosto de 2012

Entre conjuros y talismanes




Cuando escucho el estribillo de ese comercial experimento la vieja conocida sensación de deja vu. Ustedes también están familiarizados con ella: Esto lo he visto  o  sentido antes. Quienes creen en la reencarnación ven en ello una prueba de sus vidas pasadas. Los más escépticos  confirmamos una antigua sospecha: El mundo no para de dar vueltas en redondo, como un animal ansioso.
En fin. El mensaje en cuestión dice así: “Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás existe Master Card". No me van a negar que hay algo de místico en una persona capaz de depositar todas sus esperanzas en una  tarjeta de crédito. Basta  contemplar el aire extático  de algunos consumidores cuando la introducen por la ranura y digitan  su clave. La clave. Los cabalistas hebreos lo llaman el Tetragrammaton, es decir las cuatro letras que forman el nombre secreto de Dios. He visto a muchos poner los ojos en blanco, como si en  lugar de  un pasaporte a la esclavitud  redimible en cuotas mensuales tuvieran en sus manos las llaves del paraíso.
Fue la expresión del rostro de un amigo al utilizar su tarjeta para pagar un  boleto de avión la que me condujo a indagar en  viejos libros, hasta encontrar  una frase parecida a la del comercial en un  texto sobre   los mitos y leyendas del rey Arturo. “Aquél que saque esta espada de esta piedra y  de este yunque, será rey de toda  Inglaterra” ¿Les suena familiar?  De no ser así les ruego me disculpen. Ya lo dijo un escritor latinoamericano: “También los paranoicos tienen enemigos”.
En mi  interpretación, el truco no puede ser más evidente. Buenos hijos de la revolución industrial, los primeros publicistas no tardaron en descubrir el camino para   exacerbar de una vez y para siempre los apetitos de  los consumidores, esa versión laica de los antiguos feligreses de las iglesias. Se trataba de apelar  a los estadios primarios de la mente humana, cuando los anhelos se materializaban  y los peligros se neutralizaban pronunciando la  frase mágica y esgrimiendo el objeto tocado por la gracia. Este último podía ser una vara,  una piedra, una cruz o   una espada. En nuestros días, más asépticos al  fin y al cabo, esos objetos  se ofrecen  plastificados y están asegurados- otra palabra cargada de sentidos- por un código de barras. Además, los conjuros vienen con música incorporada. Esto último es  esencial. El  individuo con capacidad adquisitiva o de endeudamiento es devuelto de golpe, por obra  y gracia de un estribillo pegajoso,  a los tiempos cuando los más viejos lo adormecían con cuentos de hadas y lo enviaban de viaje a  las praderas del sueño. Solo que  en nuestro caso  las propagandas le encienden los deseos y lo mandan de peregrinación a los pasillos del centro comercial.
De modo que, varios miles de años después, el Homo  sapiens  sigue en el reino de los talismanes y conjuros.  “Señora, no le quite años  a su vida: póngale vida a sus años”, predicó un publicista guatemalteco con ínfulas de poeta y cantante. Acto seguido, varias empresas de cosméticos y cientos de grupos de la tercera edad hicieron suya la frase y salieron a recorrer los caminos con el absurdo propósito de demostrar que ni la edad, ni el envejecimiento ni la muerte existen si se tiene a mano una buena  provisión de fórmulas mágicas  para reavivar la pasión y cremas para  esconder las  arrugas. Una vez más, los adultos jugamos  a seguir siendo niños para  no enfrentar el lado más devastador de la realidad. Además ¿ A cuento de qué preocuparse si todas nuestras tribulaciones pueden ser resueltas con una simple llamada al vendedor de   productos por catálogo? Si ustedes se han fijado,  esas empresas han conseguido traducir  el perdido espíritu religioso al mundo de los negocios. Las comisiones son bienaventuranzas. Las transacciones  son conversiones. Los  ahorros son indulgencias. La pobreza es un castigo divino por no atender el evangelio del consume y cállate. Nada de preocupaciones entonces. La derrota y el fracaso han sido abolidos. Y como gran banda sonora  de esa puesta en escena de la dicha terrenal disponemos de un arsenal completo de conjuros y talismanes. Como el mensaje  dirigido a las muchachas en flor a través de Internet con imágenes en tres dimensiones y música de saxofón: “Eres joven, eres bella, eres única y mereces lo mejor . Por  ejemplo: Un   hombre capaz de cambiar su reino  por un  Ferrari para llevarte   a tu disco favorita”¿Quieren más?

jueves, 16 de agosto de 2012

Defensa del hijo calavera




Con seguridad, muchos de ustedes han recibido el mensaje por el correo electrónico, las redes sociales o incluso en  una hoja volante deslizada  bajo su puerta. La invitación dice así: “Descubre al niño interior dormido en ti. Talleres todos los sábados  en  horarios adaptados a tus necesidades”.Y sigue una lista de números de teléfono disponibles para quien desee acometer la enojosa tarea de despertar a los infantes.
Como creo que en lugar de un niño dormido los humanos tenemos adentro una bestia herida por siglos y siglos de represión, propongo desde  esta ventana una defensa del hijo calavera. Al fin y al cabo, no tiene sentido despertar a los chicos a un mundo de pesadilla. Hace poco leí en el periódico que uno de ellos fue  arrojado desde un piso diecisiete , al parecer   por un prójimo incapaz de  manejar a su bestia .
Para empezar, debo decir que toda familia digna de ese nombre precisa de un hijo calavera que  la salve de la neurosis.  Bien sabemos que  el exceso de normas  y reglamentos es el camino más corto para llegar a la locura. De hecho, la historia de  nuestro modelo educativo es un extenso decálogo de prohibiciones ¿No dijo un gracioso por ahí que todo lo bueno de este mundo  engorda, es pecado o las dos cosas juntas?
En realidad, no sé si el hijo calavera, dichoso como vive al margen de sus parientes  desquiciados, precise de  alguna defensa.  Pero  aquí van algunas de mis razones :
Para empezar, con todo y lo saludable que es un buen polvo, seguimos regidos por religiones empecinadas en abominar del sexo, produciendo de paso una legión de pederastas, violadores  y obsesos adentro y afuera de su estructura burocrática. Una sesión de  talleres con un hijo calavera podría resultarles de más provecho que un año entero en manos de un experto en despertar niños dormidos. Sólo él conoce el arte de deslizarse en camas propias y ajenas sin caer en la tentación de la culpa.
La segunda no es menos valedera. El  tamaño de las prohibiciones acabó por convertirnos en organismos siempre a punto de estallar, como si en lugar de sujetos pensantes y gozosos fuéramos  calderas a presión ambulantes. Para liberarlas se inventaron los espectáculos deportivos (¿Han visto a un hincha de fútbol puteando a toda la parentela del árbitro?) Los centros de diversiones (¿Se han fijado en los ojos desorbitados y en la tez lívida de un adicto a la rumba?) La pornografía ( Ah... la parábola de la impagable gratificación del sexo sin cadenas a la vista) y los cultos religiosos ( Siempre es bueno delegarle  a la insondable divinidad nuestra incapacidad para resolver los nudos de la propia vida).
La tercera reside en que las explosiones sociales derivan a la larga  en una irreversible decepción. Según  algunos sociólogos y antropólogos, el último gran intento  de liberación colectiva fue el sobre dimensionado  mayo francés de 1968. Ya todos conocemos el final: A la vuelta de pocos años sus más incendiarios  protagonistas estaban acomodados en las poltronas del poder. Para completar, sus descendientes se convirtieron en  los sumos sacerdotes de esa religión del arribismo  y el consumo que  hoy gobierna el planeta entero. Los teóricos de la conducta nos dicen que  las claves de esta última se explican por el estímulo incesante de las pulsiones de deseo y frustración que nos atan  la cadena producción-consumo-derroche-produccción por los siglos de los siglos. Nadie como el hijo calavera para sortear la dificultad : Toma la flor del día y se marcha a sus cuarteles de invierno.
Si  usted es  un hijo calavera- condición envidiable- o si es padre de alguno- situación deplorable- conoce la contradictoria posición  de las familias frente a  ese fenómeno de la cultura y la naturaleza. Al mismo tiempo les  huyen y los reverencian  como a  los monstruos de los viejos relatos. La razón es simple y ya  fue esbozada al comienzo : Los  necesitan para preservar la propia salud mental, como los griegos  precisaron del Minotauro para  comprender esa parte de sí mismos que la batalla entre los instintos y la civilización dejó encerrada para siempre en el laberinto.

miércoles, 8 de agosto de 2012

De un mundo raro



                                                                          Para el gran Gilipollas

Recién tuve noticias suyas en una fase  tardía , pero no por eso menos fértil de su carrera musical. Para  entonces, andaba recién escapada  “ De   una cárcel de amor/ de un delirio de alcohol /de mil noches en vela”. Fue en  los años noventas  del siglo anterior. Mientras el mundo-siempre raro-  se debatía en sus eternas convulsiones, ocasionadas en este caso por el derrumbe del imperio soviético,  nuestra dama de poncho rojo repasaba con su voz de papel de lija el cancionero  iberoamericano, devolviéndonos  por esa ruta  a lo más esencial de nosotros mismos: Una manera de experimentar la vida desde las vísceras , mientras otros pueblos lo hacen o tratan de hacerlo desde el intelecto.
Macorina, le  decían sus fieles  devotos. Porque  su relación con la música era ante todo una cuestión religiosa. No  por casualidad los indios Huicholes, acostumbrados a acoger en sus comunidades a figuras del arte y el pensamiento  del mundo entero, la erigieron sacerdotisa en sus ritos chamánicos. Con seguridad vieron en ella a una artista, en el sentido  clásico de la expresión , es decir, alguien capaz de forjar mundos dentro de los ya existentes.
Los entusiasmos juveniles y las utopías  políticas de los años sesentas y setentas redujeron  el   rico universo de las músicas  latinoamericanas  a los ritmos andinos surgidos en los territorios de Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay y norte de Argentina. Es decir, aquellos lugares marcados por una fuerte tradición  indígena.  De ese  modo borraban sin proponérselo el fecundo legado que nos define como pueblo : El mestizaje. El corrido mejicano, el son y el bolero de las  Antillas, la salsa de los inmigrantes latinos en Nueva York,  la cumbia y el vallenato de  Colombia, el vals peruano y el tango del Río de la Plata pasaban a formar parte del sospechoso catálogo de gustos pequeño burgueses  impuestos  por la penetración cultural de las metropólis. En contravía de  la corrección política de entonces, Macorina se encargaría de recrearnos, enriquecido con su mirada personal, ese patrimonio que va de Agustín Lara a Gardel y Lepera, pasando por Roberto Carlos  y Armando Manzanero
Sus hagiógrafos datan la partida de su natal Costa Rica a una edad temprana : Catorce años. Si asumimos que el lugar donde nace una persona es apenas un accidente, podemos afirmar que  Chavela Vargas fue en principio mexicana y luego latinoamericana hasta los huesos. Su encuentro con  José Alfredo Jiménez, el compositor   encargado de ponerles  nombre a las dichas y desventuras amorosas de millones de personas  en el mundo de habla hispana obró al modo de una iluminación: Ese puñado de canciones reflejaba, como un juego de espejos, el lento y  tortuoso recorrido desde  los feudos rurales  hasta las tumultuosas ciudades donde  los desencuentros se multiplican.
Pero  si bien fue la más importante, la música no era la única de las obsesiones de esta “ Mestiza ardiente de lengua libre/ gata valiente de piel de tigre/ con voz de rayo de luna llena”. Sin necesidad de atrincherarse en los discursos feministas al uso, hizo de la propia vida una declaración de principios frente a las ataduras de una sociedad marcada por la hegemonía  masculina y los prejuicios religiosos propios de la tradición católica. Animada por esa certeza, reivindicó en la práctica  el derecho a hacer del propio cuerpo lo que  a uno  le dé la gana. En el país de los meros  machos no anduvo con rodeos a la hora de admitir  sus gustos sexuales.  Fue así como se plantó en los escenarios con los pantalones bien puestos y no se fijó en gastos  a la hora de ahogar en litros de alcohol las penas propias y las heredadas.
Por eso mismo, recibió en su momento el reconocimiento de líderes políticos y voceros intelectuales  en las dos orillas del Océano Atlántico. En su manera de cantar nuestras penas y olvidos alienta mucho de la fuerza  telúrica de Diego Rivera o de la rabia de siglos contenida en los murales de Siqueiros. Sin embargo, a diferencia de los artistas mencionados ,  nunca  precisó de partido político alguno para dar rienda suelta a su rebeldía infinita : Para eso le bastaban las canciones, los escenarios y las legiones  que  compraban sus discos  o peregrinaban hasta  los lugares donde oficiaba el rito de  curar las heridas con canciones.
 Dicen que, fiel a  la  promesa, asistió a su propio entierro para burlarse de sí misma y de paso escuchar a  su compinche andaluz cantar aquello de “ Quien supiera reír/ como llora Chavela”.

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Los textos entre comillas pertenecen, cómo no,   al tributo que el poeta andaluz Joaquín Sabina le rinde  a su cuate Chavela en la canción " Por el bulevar de los sueños rotos". Aquí va el enlace.



miércoles, 1 de agosto de 2012

Suicidas y fugitivos




La revista Mind and Health  reseña  los resultados de una discusión  académica sobre los factores  determinantes  del suicidio  entre machos y hembras   ubicados en un rango de los doce a los setenta años.
La primera curiosidad reside en la motivación aparente del simposio o seminario en cuestión: Dilucidar por qué  entre los  estratos bajos de la población las rupturas amorosas tienen   alta incidencia en la decisión de acabar con la propia vida, mientras en la clase media alta y alta cobran más peso las razones económicas. Como  la quiebra o la pérdida de un alto  cargo, por ejemplo.
A primera vista parece innecesario  destinar  tiempo y recursos para discutir algo que resulta obvio.La literatura rosa, ese nunca bien valorado observatorio del alma humana,   se ha ocupado con profusión del primero de los casos. Para los pobres,  la persona amada resulta ser el más preciado, si no el único de los bienes terrenales. Un  breve recorrido por el mundo de las telenovelas o el cancionero popular nos brinda suficiente ilustración. “Sin ti  no soy nadie”, “Eres lo único que tengo”, “Todo lo que soy te lo debo ti” son expresiones tan socorridas y elocuentes en su literalidad que hacen redundante cualquier ejercicio interpretativo. En  el terreno económico las cosas corresponden aquí a otras lógicas: Al no poseer bienes materiales los pobres están libres del temor   a perderlos.  Además, en el  ejercicio  de la supervivencia son duchos en el arte del rebusque o lo que técnicos y economistas conocen como economía informal. Mal podrían temer la pérdida del empleo quienes casi nunca lo han tenido en términos legales y dignos. Como  si se necesitaran pruebas,  hace poco en un barrio popular  de  Pereira se  ahorcó un hombre que llevaba   una década sin encontrar trabajo estable. Pero el detonante  real de su decisión fue otro: El abandono de una muchacha, después de un romance de cinco  semanas.
Como ustedes habrán concluido, en los estratos medios altos y altos  la ecuación se invierte. El  poder  económico y el prestigio social tienen una relación directa con la capacidad  para encontrar pareja. Allí funciona  a la perfección una de las dinámicas del mercado: Donde hay demanda constante no tardará en aparecer la  oferta. Así que,  de no ser un caso de romanticismo mórbido, una pérdida amorosa o sexual no constituye  un asunto tan grave: Si el desairado no opta por encerrarse en su concha  los  posibles reemplazos del  amado remiso no  tardarán en aparecer. En este caso, la chequera y el corazón son por lo general vecinos bien avenidos.
Pero cuando se trata de la bancarrota o la pérdida del cargo las cosas suelen adquirir un tono distinto. En  la práctica, a estos niveles la  posición social y económica   define la identidad toda de los individuos. Soy lo  que poseo o al menos lo que detento, en este caso un  empleo capaz de garantizar prácticas de  consumo suficientes  para darle la ilusión de trascendencia a la propia vida. Cualquier amenaza  en ese frente pone en entredicho el sentido y el valor de la existencia toda. Por eso mismo, en el campo de la política los estratos medios  y altos han sido los soportes de los totalitarismos: Estos últimos regímenes  ofrecen la dosis de  fuerza y seguridad suficientes para mantener el estatus, es decir todo lo que constituye la referencia del propio valor ante la mirada de los demás. Todo posible deterioro de esas condiciones  supone el riesgo de  hacer reales las intuiciones del pensador francés Jean Paul Sastre: El infierno son los otros. Dicho con otras palabras: La medida de nuestro tormento es el ojo encargado de juzgarnos. Lo insoportable de esta última perspectiva hace entonces preferible el pistoletazo  en la sien  a la alternativa de ser   evaluados  por  aquellos que alguna vez miramos por encima del  hombro.
Los tabloides sensacionalistas son un  instrumento de primera mano  para medir los niveles de violencia de una comunidad. Infortunadamente, para efectos de investigación, los suicidios de los más poderosos casi  nunca aparecen registrados   allí. De modo que sus páginas nos ofrecen solo una cara de lo propuesto por la revista Mind and Health : La de  los pobres desairados por el amor que se beben una pócima de veneno o se arrojan a las vías del tren. Nada nos dicen de los fugitivos que prefieren  salir de escena con la ayuda de su pistola, antes  que someterse al desplante de sus socios del club.