lunes, 6 de julio de 2026

Los caminos torcidos del fútbol

 

 



A lo largo del siglo XX los deportes masivos de los estadounidenses fueron el baloncesto, el fútbol americano y el beisbol… hasta que descubrieron la veta del soccer, ese juego que hasta entonces   se les antojaba una práctica de negros y otras clases de bárbaros inmigrantes.

Pero “ Business are business”: algún encanto debía tener para atraer de esa manera la atención de millones de aficionados en el mundo entero, reunidos primero en los estadios y luego sentados frente a la pantalla del televisor, donde era posible bombardearlos con publicidad  que facturaba dinero a manos llenas.

De modo que algún geniecillo de las finanzas se dijo: tenemos que estar en ese negocio y se lo transmitió a sus  camaradas de juerga. Fue así como el fútbol empezó a recorrer sus caminos torcidos a través de un entramado que congrega a empresarios, publicistas, políticos, expertos en mercadeo, intermediarios,  apostadores, medios de comunicación, entrenadores, padres de familia, y claro, futbolistas, que son la materia prima de ese producto empacado al vacío y comercializado a través de todos los canales posibles.




Primero crearon el Cosmos de Nueva York en 1970, un club de bolsillo que a modo de señuelo contrató a Pelé, Beckenbauer y Chinaglia, glorias del  recién finalizado mundial de México. Dos décadas después, el 17 de diciembre de 1993 se puso en marcha la Federación Norteamericana para cumplir compromisos adquiridos con la FIFA, el cartel que domina en todos sus niveles  la trama de poder.

De ahí en adelante el camino se convirtió en autopista y el avance fue vertiginoso: en 1994 fueron sede del mundial del que expulsaron a Maradona por atreverse a denunciar las prácticas de los dirigentes. El 26 de febrero de 2016 pusieron a su ficha Giovanni Infantino  al frente de la FIFA, utilizando como  pretexto una improbable lucha contra la corrupción, controlada hasta entonces por los suizos a través de su agente Joseph Blatter.

Cualquier parecido con las prácticas de la Cosa Nostra no es mera coincidencia, porque hay todavía mucho más: en 2016 Estados Unidos fue sede de la Copa América y repitió en 2024 con el pretexto de que solo ellos podían organizar un torneo de esa envergadura. Para esa fecha, ya  avanzaban en la organización  del Mundial 2026, de manera conjunta con México y Canadá y con la participación de 48 equipos, tres veces más que en el legendario mundial de México 70 ganado por Pelé y su banda de iluminados.




Los pretextos nobles para esa decisión abundaron, pero el más socorrido fue una supuesta  “democratización” para dar cabida a los países  nuevos y más débiles, lo que no deja de tener un rostro amable.

Pero la ecuación es otra: cada partido significa más taquillas, más derechos de televisión, más publicidad y más transferencias de futbolistas a un mercado insaciable. Hasta la entrañable y humilde selección de Cabo Verde que nos enamoró a todos puso a funcionar la cuenta de ganancias de la todopoderosa FIFA: de esa magnitud es el negocio.

Ahora bien: trampas ha habido siempre. Desde la sospechosa expulsión de jugadores clave para favorecer a los anfitriones en Inglaterra 66 hasta la oscura goleada  6-0 de Argentina a Perú en el mundial que ganaron los militares en 1978.

Pero lo que acabamos de ver en el mundial  que todavía no termina no tenía precedentes: la llamada del presidente Donal Trump a su socio Infantino para solicitar la anulación de una tarjeta roja  al jugador norteamericano Balogun va más allá de ser una aberración:  marca un antes y un después que arroja una nube negra sobre ese juego, que a pesar de quienes se lucran de él, sigue siendo en esencia bello. De ahora en adelante ya no habrá confianza, ya no creeremos del todo en la transparencia  de las decisiones, por más que  nos hablen de las bondades del VAR, ahora también en entredicho.

Sabíamos que el deporte no escapa a las potencias de la geopolítica, pero que esas potencias pretendan   echar atrás un castigo merecido a una falta evidente cometida en el campo de juego  constituye un punto  de no retorno en ese camino  torcido iniciado en 1970. A lo mejor no es casualidad que en ese año naciera Infantino y se fundara el Cosmos de Nueva York. Quién sabe.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=2XmBVTjVwXs

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