miércoles, 11 de febrero de 2026

La política como reality

 



Promediando el siglo XX, el estadista colombiano Darío Echandía nos recordó que “Un partido político es un proyecto de sociedad en movimiento”. Mal que bien, quienes aspiraban a gobernar tenían en mente una idea de ciudad, de región, de país y trataban de llevarla a cabo en la medida en que un gobierno se da en el mundo de lo posible, ya que no en el de lo deseable

Con el rápido desarrollo de los medios de comunicación audiovisuales y la entronización definitiva de Internet, el ejercicio de la política devino puesta en escena de una imagen de mandatario diseñada a la medida de los deseos, los miedos, las ilusiones y las expectativas de una masa cada vez más desprovista de sentido crítico para discernir entre una suma de  propuestas  más parecidas a los productos expuestos  en un supermercado que a un planteamiento serio y bien fundado en ideas y alternativas para sociedades  urgidas de grandes soluciones.

 Despojadas de contenido, las campañas políticas se nos aparecen ahora como un colorido portafolio destinado a satisfacer los deseos de segmentos de sociedad cada vez más delimitados por las agencias de publicidad y mercadeo político. En ese escenario  ya no se necesita estudiar con rigor el rol de las múltiples fuerzas que intervienen en la configuración de una sociedad (políticas, culturales, sociales, étnicas, religiosas, económicas).

Las Agencias de Comunicación Política (así las llaman) acabaron por suplantar a esos juiciosos pensadores que asesoraban a quienes pretendían gobernar a sus ciudadanos. El ropaje suplantó así a las ideas, convirtiendo al político en un payaso capaz de   superar los límites del ridículo con tal de cautivar a una masa acrítica.



Así las cosas, lo que en tiempos de la Guerra fría se conoció como “aparato ideológico” ( independiente de lo que eso signifique), fue desterrado para poner en su lugar un sistema de signos heredado primero de los programas de concurso donde los asistentes votan por un producto y al final son recompensados con “muestras gratis” del mismo. Más tarde, los políticos aparecieron haciendo el papel de cuenta chistes, aupando a su vez a los orientadores de ese tipo de programas hacia la arena política (¿Recuerdan a Alfonso Lizarazo y su fiasco como congresista?).

 En la década del sesenta el pensador francés Guy Debord (1931- 1994) advirtió en su libro La Sociedad del Espectáculo sobre el rápido deterioro de los criterios de valoración utilizados por los seres humanos y sus líderes para medir y dimensionar el grado de evolución de las sociedades de las cuales formaban parte. En ese contexto, las ideas y el correspondiente debate fueron reemplazados por un juego de espejos diseñado desde los centros de poder para encandilar y desviar de su camino a quienes luchaban en procura de transformaciones sociales grandes o pequeñas. De ahí a la certeza de la revolución traicionada mediaba sólo un paso.

 Las intuiciones del francés no andaban lejos: cuando Ronald Reagan ( un mediocre actor de cine que apareció en películas del oeste)  se convirtió en el gobernador número 33 de California en 1966 , para alcanzar después la presidencia de Estados Unidos en 1981, estaba allanando el camino para la colonización de la política por parte de la industria del espectáculo.




En efecto, el viejo concepto de electorado se volvió anacrónico y fue reemplazado por el de audiencia, lo que no es un asunto menor: el elector supone alguna medida de participación, mientras la audiencia está predestinada a aplaudir y por lo tanto a validar lo planteado en el escenario, por absurdo o demencial que resulte.  No es casual entonces que los políticos canten, bailen, se meneen, utilicen pelucas o muestren el culo como el colombiano Mockus en su momento, si con ello consiguen seducir al auditorio: votos son amores.




Visto, así, lo del músico Bad Bunny – Vega Baja, Bayamón, Puerto Rico, 10 de marzo de 1994- en la más reciente edición del SuperBowl- una suerte de fetiche de la sociedad del consumo y el derroche- es apenas otro capítulo de la migración de la política hacia el reino del espectáculo. Carentes de ideas en consonancia con las necesidades de la sociedad los gobernantes acabaron depuestos por ídolos fabricados en serie por el mercado del entrenamiento. Es de tal tamaño el vacío, que  la puesta en escena de  Bad Bunny tuvo más efecto que los textos de miles de editorialistas y columnistas de opinión a los que nadie nos  lee. La parábola es clara: sin ser nada del otro mundo desde el punto de vista musical, la propuesta del portorriqueño resultó más contundente que las contorsiones y el tono iracundo de Donald Trump, que de manera bastante  retorcida quiso hacer del odio al extranjero en un país hecho por inmigrantes la extraña fórmula para “hacer a América grande de nuevo”.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=G6FuWd4wNd8

 



4 comentarios:

  1. Cuando la racionalidad empírica se convirtió en paradigma, la sociedad como sistema complejo para intercambiar ideas terminó convertida en un escenario de pirotecnia, ya ni verbal, tan solo de poses que pretenden fingir profundidad o, al menos, reflexión. La estética de las ideas hechas y vendidas al vacío.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Pirotecnia: esa es la palabra precisa, mi querido Abel. Treinta segundos de encandilamiento y paso al siguiente episodio. Esa es la consigna de los tiempos.
      Un abrazo y mil gracias por el diálogo.
      Gustavo

      Borrar
  2. Pobre izquierda que ahora le toca mirar con buenos ojos a un sujeto como Bad Bunny, el más capitalista de los capitalistas. ¿Propuesta contundente? El sujeto se embolsilló unos buenos millones de dólares por hacer su pantomima, y todavía hay quienes piensan que está hablando por los inmigrantes y los desposeídos. Puro libreto. En eso quedó la revolución?

    ResponderBorrar
  3. En eso y en cosas peores, Juan Felipe. Del pensamiento lúcido y claro de hombres como Antonio Gramsci o Toni Negri se pasó a esperpentos como este.
    Mil gracias por el diálogo.
    Gustavo Colorado G

    ResponderBorrar

Ingrese aqui su comentario, de forma respetuosa y argumentada: