Entre los campesinos todavía es corriente el
uso de la palabra bestia para
referirse a los animales en general y a los caballares en particular,
como una manera de trazar fronteras naturales: los humanos aquí, las
bestias allá y todos tan contentos.
Así que no se asusten por el
título. Sobre todo el cada vez más numeroso
grupo de personas que consideran despectiva la palabra mascota y por eso
utilizan la expresión
“Animales de compañía”.
Créanme: me suena tan artificiosa, tan demagógica esta última frase que cuando la escuché por primera vez
en boca de una mujer creí que se refería a sus amantes de ocasión.
Pero ya tendremos tiempo para
hablar de eso. El cuento es que soy proclive a la lectura de periódicos viejos:
el paso del tiempo tiene la particularidad
de revestirlos de un interés distinto al del mero consumo de información. Así
que en la edición de abril de 2017 de la
separata Agronegocios, publicada en
el diario económico La República, encontré una pregunta: “¿Cuánto cuesta mantener a su mascota cada mes?”
Inquieto como vivo por las
variadas manifestaciones de la locura humana- empezando por la mía- me hundí en
la lectura y volví a la superficie
quince minutos más tarde, con estar perlas:
Certificado de vacunación para
el ingreso al colegio: Valoración veterinaria, entre $80.000 (U$ 30) y
$150.000 ((U$45) por consulta.
Plan completo de alimentación: Desde
$120.000 (U$ 38) dependiendo del tipo de concentrado.
Deportes caninos: Desde $600.000 (U$ 180) (agility, obediencia
competitiva o flyball).
Colegio semanal con ruta diaria: de $450.000 (U$ 45) a $650.000 (U$190)
¡Ah carajo, me equivoqué de página! Exclamé, pensando que hablaban de algún
ambicioso programa enfocado a la buena educación de los niños. Eso, a pesar de
las palabras veterinario y canino: el candor siempre le juega a uno malas
pasadas.
Así que continué:
Hotel cinco estrellas,
guardería, colegio, internado…
¡Y pensar que habitamos un planeta donde la comida se pudre en un hemisferio y la gente se muere de hambre en el otro! Le espeté al cartel de Jim Morrison colgado frente a mi silla de lectura.
El mutismo del cantante me obligó a interrumpir la sesión televisiva de las tres damas con las que comparto mi vida: mi mujer, mi hija y mi gata. La mirada de estupor de esta última me indicó que era inútil buscar comprensión ¿Y por qué a mí me das comida barata y nunca me llevas al spa? Reclamaban sus ojos azules.
Llegados a este punto hice lo que siempre hago
cuando no hay remedio: enciendo el computador y me siento a conversar con
ustedes.
Parafraseando a Alfonsina Storni,
es mi manera de no morir.
Recordé que una pariente lejana
tiene un perro adicto a las pastillas. Se las suministra cada día para conjurar
las ansiedades que ella misma le contagió.
Creo que por ahí va el asunto
: cada vez más alienados de nuestra
condición humana por un modelo de
sociedad donde el consumo , el derroche y la competencia feroz son el único asidero, invadimos el reino animal- el de las bestias- sin
darnos cuenta y por eso mismo sin respeto alguno por su condición. Muchos de
esos que los quieren tanto no solo los
obligan a llevar vestidos y arandelas,
sino que, dependiendo de la raza, les
cortan las orejas y la cola, “para que se
vean más lindos” según le escuché decir a una chica de lo más cool.
Esa forma de comportamiento quizá
sea otro síntoma de nuestro desamparo, al lado de la proliferación de sectas
y santones, de la indiferencia por lo
público y del autismo cada vez más notorio del homo digital.
Pero esto no es una acusación.
Todo lo contrario. Es un reconocimiento al tesón de la criatura humana. Milenio
tras milenio ha hecho todo lo posible para mejorar las cosas. Los avances de la ciencia y la tecnología dan fe de ello.
Es más, antes de que el último hombre se extinga en
el polvo infinito, podemos dejar a modo
de epitafio colectivo un aviso tallado en alguna montaña rocosa:
Hicimos lo que pudimos.
Solo que los problemas empiezan cuerpo adentro.
Allí donde dicen que alienta el alma. Es entonces cuando descubrimos que
habitamos en lo oscuro y salimos a pedir ayuda: fracasados en nuestro intento
de humanizarnos, optamos por humanizar a las bestias, a ver si la cosa sale mejor.
Ignoro lo que piensen los
animales sobre todo esto. Trato de preguntárselo a mi gata, pero ustedes ya
conocen el insondable mutismo y la
indiferencia de estos animales ante los asuntos humanos.
Qué le hacemos, si somos apenas sus alimentadores y entretenedores.
PDT : Les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada














