viernes, 2 de septiembre de 2011

Cuentos chinos



Su nombre  ya no es  Wang, sino  Pedro. Trabaja en una  finca dedicada a   la producción de cebolla en   las afueras de Pereira,  a miles de kilómetros de sus arrozales de las antípodas. Es  uno de los cientos de ciudadanos chinos abandonados en el puerto colombiano de Buenaventura por las mafias dedicadas al tráfico de personas, que un día les prometieron  llevarlos  desde el puerto de Shangai  hasta los Estados Unidos de América, la tierra donde todo es posible. Atrás  no dejó nada. Ni padres, ni mujer, ni hijos: ni  siquiera las ilusiones, porque las lleva en un raído morral con el logo de la multinacional Nike, como un símbolo de  lo que la globalización ha hecho con millones de seres humanos: convertirlos  en ciudadanos  de ninguna  parte, que van de un lugar a otro de la tierra, empujados por los imperativos del mercado. ¿Qué hace un chino en Pereira,  una ciudad con unos índices de desempleo que superan el  dieciseis por ciento, sin contar a quienes se rebuscan la vida en las calles, y de donde han salido en los últimos años miles de personas hacia España y  Estados Unidos en busca de  las oportunidades que no encontraron en su lugar de origen?
Pues, paradójicamente, escapar de “ el milagro chino”, como se conoce a  la avanzada  publicitaria convertida en religión, que utilizó unos juegos  olímpicos para presentarse en sociedad como la potencia del siglo XXI ante la cual los  poderes de todo tipo inclinan la cerviz ; desde las multinacionales  norteamericanas y europeas   hasta las frágiles economías latinoamericanas, todos a una, pasando por encima de viejas y archivadas  rencillas ideológicas, miran al imperio del dragón como el modelo a seguir :  aprovechamiento de la tecnología  para  producir en masa y a bajo precio toda  clase de bienes de consumo, sobre  la base de  unos bajos salarios garantizados por  millones de  brazos desempleados y la  ausencia de cualquier marco legal  que se parezca a un sistema de seguridad social.
Así de simple  y de terrible. Buena parte de la pujanza de  la nueva potencia mundial  está edificada  sobre  la  miseria de millones de campesinos como Wang… o mejor dicho,  como Pedro, expulsados  de sus tierras y conducidos a trabajar  en factorías  en unas condiciones que hacen parecer a la Inglaterra del siglo XIX , contada por Dickens  y pensada por Marx,  como un paraíso de los trabajadores.  Sin salarios y por lo tanto sin  algún tipo de prestación,  muchos de  ellos  son niños y reciben como única remuneración  una magra ración de comida que no alcanza ni para  recuperar las calorías gastadas en jornadas de trabajo que alcanzan hasta catorce horas. Entre tanto, una excitada corresponsal  de  CNN  nos muestra   los maravillosos  hijos engendrados por ese extraño matrimonio entre el comunismo y el capitalismo, señalando  a un joven ejecutivo chino que  posa en su  Mercedes  Benz  para el   publireportaje de una revista de  finanzas, en cuyos    análisis  macro económicos  no hay lugar  para la historia de seres como  Pedro… o Wang, según como se le mire , que padecen   en el propio  pellejo la versión moderna y en lenguaje  tecnolátrico  de los viejos y mil veces narrados cuentos chinos.

4 comentarios:

  1. Suscribo totalmente lo que usted dice estimado Gustavo. El gran despertar del gigante asiatico es solo una fachada con luces de neon, edificada sobre las espaldas de chinos con hambre, porque a diferencia de estas latitudes, chino que no trabaje no come y siempre habrán miles para reemplazarle. Asi como la televison muestra caritas de chinos prosperos, por detras hay muchos que salen embarcados como "ratas" en busca de oportunidades. Es admirable la laboriosidad de la gente asiatica, con unos genes asi, hace tiempo que nuestra America hubiera levantado cabeza.

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  2. Hola, José. Desde los tiempos de Adan Smith, los economistas saben que el rubro de más peso en la estuctura de costos es el de los salarios. Por lo tanto, si usted paga lo mínimo en mano de obra, o no paga en absoluto... blanco es gallina lo pone.

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  3. Hola, Gustavo. El problema podría estar, más allá de todos los problemas, en que las economías de este lado, por copiar a China, intenten adecuarse a los salarios que pueden tener los chinos, a su remuneración económica diaria. Bueno, ya no estamos muy lejos de eso, ya los sueldos no son legales. Sueldos bajos y trabajos mecánicos. No estamos muy alejados de ello. Ahí están las maquiladoras mexicanas en el norte de este bonito país.

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  4. Mucho me temo, mi estimado Eskimal, que China está más cerca de nosotros de lo que imaginábamos.

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