jueves, 1 de marzo de 2012

Ahí están pintados


En la sección ¿ Sabe la última? De El  Diario  del Otún, publicada el domingo 26 de febrero, puede leerse : “  A propósito de Adriana Vallejo, se dice en el tintiadero (sic)  del Bolívar Plaza que llegó a ocupar un cargo que no se justifica con su  perfil y que es poca cosa  para la preparación que tiene la ejecutiva. Lo extraño es que  a la alianza de María Isabel y Martha Elena Bedoya que le aportó al alcalde Váquez en la campaña solo le dan ese cargo, cuando se creia que el tema iba a ser de mayor alcance”.
Ustedes me perdonarán, amables lectores, las comillas tan extensas, pero la situación lo amerita. Resulta que, por primera vez en muchos años llega a la dirección del Instituto de Cultura de Pereira una persona con las competencias humanas y profesionales suficientes para darle un viraje al organismo rector de la cultura en la ciudad y el nombramiento   a duras penas  genera reacciones como la citada.  La verdad, no sé si las opiniones pertenecen  al autor de la nota  o a los invisibles contertulios del mencionado café. Para empezar,  voy a recordarles a unos y a otros que vivimos en un país cuya constitución política dice  que la cultura es la base de la nacionalidad y en esa medida les asigna al Estado y a los gobiernos locales y regionales obligaciones precisas al respecto. Sí. Ya sabemos que buena parte de los contenidos de las constituciones políticas son letra muerta. Pero  algo habrá que aprovechar de ellas  para  hacer menos tortuosa la vida
Para empezar, me gustaría  que el redactor del artículo o sus ignotas fuentes nos precisaran  qué quisieron decir con eso de que el cargo no  justifica su perfil ¿ De modo que la cultura no merece un ejecutivo de primer orden , capaz de devolverle el rol que   debe jugar en cualquier sociedad con  intenciones de  alcanzar alguna clase de  decencia ¿ Les parece que la gestión  cultural es un asunto de poca monta y en esa medida se tiene bien ganada la pobreza de miras y la falta de  creatividad  de quienes  han sido sus responsables en los últimos años?
Aunque mucho me temo que las cosas apuntan en  otra dirección. En Colombia, la  importancia de las entidades públicas no se mide por el impacto  de sus acciones en beneficio de la sociedad, sino en el  monto de sus presupuestos y en el tamaño de su planta  burocrática. Dicho de otra forma : Su valor depende de si constituyen  o no un buen botín. Visto desde esa perspectiva, el Instituto de Cultura de Pereira es un negocio de  proporciones menores.Mucho menores que, digamos, el aeropuerto Matecaña, la Empresa de Energía de Pereira, Aguas y Aguas o la ESE Salud Pereira, para mencionar   solo algunas de las más apetecidas. Debe ser esa visión del mundo la que mueve a los contertulios del tinteadero de marras  a  expresarse de  esa  manera, porque si tuvieran  una noción mínima del papel que juega la  cultura en  la definición de  un destino  individual  y colectivo, a lo mejor   se lo pensarían  varias veces antes de expresar opiniones temerarias.
Siguiendo esa línea de pensamiento nos dicen que la cultura  es un asunto de alcance menor. Claro : no podía ser de otra manera en un medio que reduce su papel al de un programador de  eventos folclóricos para amenizar las fiestas  patrias. Ni siquiera se les ocurre pensar, en su irremediable insularidad, que lo cultural puede ser un  viaje de ida y vuelta  para asomarnos a nuestra  fértil  diversidad. Basta con levantar la mirada y aguzar el  oido para descubrir que  no existe una sino decenas, cientos de músicas  colombianas que echan raíces en un diálogo milenario con el mundo. Mucho menos están en condiciones de entender que un solo verso de uno de nuestros grandes poetas nos dice mucho más acerca de la propia historia que los innumerables discursos pronunciados por sus caciques políticos de cabecera cada vez que  necesitan arrojar su red  pescadora de votos en las contiendas electorales.
La gran paradoja  de todo esto reside en que ninguno se ha detenido a pensar que  Adriana Vallejo , la profesional que ellos compadecen, no se cansa de expresar su complacencia por arribar a un cargo que constituye de entrada un desafío en todos los sentidos. Y de grandes  retos está hecha la vida de los profesionales de su talante. Como no lo quieren ver de esa manera,prefieren desviar su mirada en otra dirección. Ahí están pintados.

7 comentarios:

  1. El debate que ud propone Don Gustavo es similar al de Martha Nussbaum con todo el utilitarismo contemporáneo por querer arrasar las humanidades, sacarlas del modelo educativo y en últimas del modelo social. ¿Y para que carajos la literatura, el arte, la filosofía, si no pueden encajarse al aparato productivo?. De hecho, ya existe una función utilitaria de la cultura cuando se asume que esta puede servir para estimular la "industria" del Turismo, osea traer los gringos a que paguen por mirar cafetales y niñas bonitas bailando cumbia: el instituto de marras del que ud habla se llama así, insituto de cultura y turismo. Es decir, o da plata o da plata, pero al coño se va esa visión del conocimiento y la cultura como un bien social que no implique lucro, mucho menos la formación y el crecimiento individual de los ciudadanos. La nuestra es una ciudad, sin memoria que echó abajo su patrimonio arquitectónico para levantar feas moles de concreto, las tradicionales casas antioqueñas, de las más originales y bellas en el panorama nacional, por citar un sólo ejemplo. Nuestra única "cultura" es la populachería que crece de la mano con el narcotráfico y sus cantantes decadentes. Tal vez los historiadores vean eso dentro de un siglo como el delirio de una sociedad campesina que se enriqueció y urbanizó de la noche a la mañana, pero que nunca pudo renunciar del todo a sus tradiciones montañeras.
    Cami.

    ResponderEliminar
  2. Estoy convencido, apreciado Camilo, de que la nuestra es una aldea que en noches de luna llena se convierte en megalópolis. Dicho de otra manera : lloramos en las fiestas vernáculas escuchando bambucos de Luis Carlos González,pero mentalmente vivimos en un distrito de Miami, con todo lo que esta ciudad significa en los códigos de valores de los nuevos ricos.

    ResponderEliminar
  3. En una página de citas y aforismos, perdida en la nube de internet, encuentro una frase muy apropiada para repetir cuando alguien insiste en pesar la cultura en una balanza de almacenero: “Sé que la poesía es indispensable, pero no sabría decir para qué”. En el Bolívar Plaza esto tal vez se interprete como una admisión de culpa; otros, con razón, creo yo, lo ven como una ironía: en realidad, la importancia de la cultura se mide según la cultura de cada uno, y también, me parece, por las aspiraciones y la generosidad de la gente culta, en el sentido de pretender que esa cultura llegue al mayor número posible de personas, en vez de limitarse a masajear el ego de una élite. Y eso se refleja en la sociedad. Si recorremos las calles y los monumentos de París, por ejemplo, nos encontraremos con el homenaje a centenares de escritores, científicos y filósofos, en vez de la colección de políticos oportunistas y generales sedientos de sangre que vemos en las esquinas y plazas de tantas ciudades alrededor del mundo. Eso es cultura, o parte de ella. Bueno, ya es hora de admitir que el autor de la frase de más arriba es Jean Cocteau, acusado de elitismo, libertinaje y múltiples pecados políticos. Pero la frase tiene vida propia, ¿no es cierto?

    ResponderEliminar
  4. No podía ser más esclarecedor su planteamiento, mi querido don Lalo. Ese dolido- y doliente- poeta que fue el turco Nazim Hikmet escribió una vez que "La poesía es lo que nos queda a los hombres cuando todo lo demás ha fracasado". Creo que la idea puede aplicarse a la cultura en general. Cuando los bárbaros hacen realidad su consigna de tierra arrasada, solo nos queda la cultura. Esto es, el terreno donde cultivamos la propia vida, entendida esta tanto en lo individual como en lo colectivo.

    ResponderEliminar
  5. Usted lo ha dicho muy bien, la importancia de cualquier institución pública radica en su capacidad de botín político y económico. En mi país, como en el suyo, la parte cultural es de las menos apetecidas, de ahí que ningún profesional de prestigio se haga cargo, y si lo hace no dura mucho. En Cochabamba, por ejemplo, hasta hace poco el director de cultura de la alcaldía, era un reconocido intelectual, pero por un artículo donde se burlaba de la idiotez e impracticabilidad de querer establecer una ley seca desde la una de la mañana, pronto los “virtuosos” concejales pidieron su cabeza.
    La sección de cultura de cualquier municipio se reduce a la gestión de las distintas fiestas patronales, ferias, kermeses o verbenas populares, amenizados, cómo no, con grupos folclóricos; de ahí que el director de cultura generalmente sea un músico folclorista, amigo del alcalde u otro personero importante. A eso se reduce la cultura: música selecta, literatura, teatro, cine, son cosas rancias y aburridas al gran público. “más conciertos y verbenas Sr. Alcalde” gritan los barrios. Es un circulo vicioso, en la que caen hasta los medios de comunicación; a pocos días del carnaval, algunos se mostraban preocupados, hasta molestos porque no se había elaborado el afiche oficial del carnaval, y le reclamaban al alcalde su descuido, cuando había asuntos más urgentes como la basura en las calles o los baches del asfalto por las lluvias.
    Es preocupante que la cultura se reduzca a la expresión de la populachería como apunta don Camilo. Y la sensación es que la cosa empeora. Si en Bolivia es hasta cuestión de estado: “las coplas de nuestro hermano presidente son parte de nuestras expresiones culturales, a mucha honra” dijeron todos sus cortesanos. “En carnavales no he tomado nada, para que no me digan Ebrio Morales “(sic), se defendió nuestro emperador aunque no tuvo empacho en faltar el respeto de sus ministras.

    ResponderEliminar
  6. Tal como están planteadas las cosas, amigo José ¿ Por qué no declaramos a Pereira y Cochabamba ciudades hermanas? Anímese y me cuenta.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Algo parecido pensaba yo estimado Gustavo, al leer su entrada, y viendo las fotos de Pereira, pero sobre todo las de los municipios de Risaralda que son casi calcados a los de mi region: clima, altura, costumbres, etc, aunque no tenemos un "tintico" como el suyo. Eso sí, culturalmente, aunque para peor, parece que nos parió la misma madre. Le plantearé a mi alcalde folclorista (dominador de la guitarra y toca tambien acordeon), su propuesta, en vez de estar hermanando con ciudades tan lejanas y distintas como las europeas, si es que se digna atenderme desde su nube, jeje.

      Eliminar

Ingrese aqui su comentario, de forma respetuosa y argumentada: