jueves, 19 de abril de 2012

La era del hielo


En  la historia reciente de Colombia, Carlos  Lleras  Restrepo fue un político  conservador que se las arregló   para fungir como liberal, mientras  ajustaba las tuercas  del Frente  Nacional, una componenda armada entre los dirigentes de los dos partidos que dominaron  al país   durante la mayor  parte del siglo XIX , la totalidad del XX y lo que va corrido del XXI, aunque lo hagan disfrazados  bajo otras banderas.
Casi cincuenta años después uno de sus descendientes, amparado  en su condición de ministro   estrella del gobierno Santos, se encargó de poner   en marcha un engendro que, en el colmo del servilismo, medios de comunicación y periodistas se encargaron de promocionar como  Ley Lleras 2.0 que después mutó a  Ley TLC. Se trata de un instrumento legal que, de golpe, puede devolvernos a la época que precedió a la masificación de Internet  como herramienta de democratización del conocimiento, o incluso mucho más atrás.  El pretexto, como siempre, está  rodeado de un aura noble: Defender  la  propiedad  intelectual  y con ella  el derecho de los creadores a beneficiarse de los réditos de sus obras.
El primer problema reside en que no nos están diciendo toda la verdad.  Para empezar, y siguiendo la vieja constante del imperialismo económico y cultural,  de lo que se trata en realidad es de cuidar los intereses de las corporaciones dueñas del mundo, que desde un comienzo vieron en Internet la tierra abonada para plantar un negocio de dimensiones nunca vistas. En un  planeta donde la educación se consolida cada vez más como la única herramienta decente de promoción social para un sector mayoritario de la población, limitar el   uso de la red representa de hecho un cierre de puertas  para quienes vieron allí la oportunidad para acceder al conocimiento en libertad. Al menos eso fue lo que nos dijeron los profetas de la aldea global: Que Internet aboliría por fin las  fronteras, dando  paso a un territorio en el que los ciudadanos podrían materializar  el  sueño de la democracia, es decir, igualdad de oportunidades de acceso al   bienestar  amasado por el conjunto de la sociedad. Pinocho no lo hubiese hecho mejor.
Uno no sabe  si la confusión del texto de la ley es deliberada para despistar al ciudadano  o si obedece a una suerte de torpeza  congénita. Lo  único claro es que  la letra se corresponde en cada uno de sus puntos con las imposiciones del  Tratado de Libre Comercio suscrito con el gobierno de los  Estados  Unidos después de una década de mendigarlo en los escenarios más insospechados.  A  esta hora, no sé  por ejemplo si remitirlos a ustedes a un enlace que nos ayude  a ampliar el contexto de la reflexión puede convertirme  en un delincuente tan peligroso como los que en las películas de James Bond ponían en riesgo la seguridad nacional de los Estados Unidos y sus satélites durante los años de la Guerra Fría. Y estamos hablando de los mismos países que han saqueado al planeta durante décadas sin que nadie se atreviera a decir esta boca es mía.
En la Edad Media europea  los monasterios operaron como auténticos centros de poder cuyos dueños se arrogaban el derecho a decidir qué información podía circular y qué parte de ella representaba un peligro para los soberanos  del cielo y de la tierra. Por lo visto, en Colombia estamos en trance de retornar a esos días.  Hoy por ejemplo soy un devoto seguidor de la revista digital El Puerco Espín, cuyos textos  insolentes y contestatarios comparto con algunas personas cercanas. La verdad,  sospecho que a la vuelta de unos meses no podré volver a hacerlo sin perjuicio y todos nos privaremos de esa ventana  por la que aprendimos a ver el mundo de otra manera.¿Las razones?  Supongo que las tendrán bien ocultas los artífices de esta aberración rebautizada como Ley TLC que, duchos como son en doblar la cerviz y menear la cola, no se detuvieron a pensar en sus implicaciones. Una de ellas puede ser que en menos de lo que canta un gallo usted y yo, más otros cuarenta millones, nos descubramos  navegando en contravía de las corrientes  que surcan el planeta y de paso remitidos  sin fórmula de juicio a la mismísima era del hielo por obra y gracia de  unos legisladores diestros en transitar los terrenos del absurdo.

6 comentarios:

  1. Ah caray, por lo visto estamos ante una medida draconiana similar a la ley SOPA norteamericana o la ley Sinde española. Por lo que he leido en algun sitio, "el ministro señaló que no hay elementos para que digan que los estudiantes y personas en general va a ir presos por esta ley".Aquí la intención está camuflada, no hace falta ser un politólogo, es preocupante que se quiera encorsetar ese territorio todavia libre de la Red. Mordaza a la opinión crítica. El espiritu independiente cada vez se sataniza más. En eso los gobiernos se parecen, al margen de sus ideologías.

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  2. Yo me crié escuchando radio y leyendo diarios, en una época y un lugar en que la elección era mínima. Sinceramente, se aprendía muy poco. Después llegó la televisión y sinceramente desaprendí parte de lo que había aprendido. Después fui a vivir a la gran capital y la elección fue más diversa pero no mucho más rica. Y así y así. Pero desde hace algún tiempo, ya viejo, estoy aprendiendo un montón de cosas en Internet, supongo que en buena medida porque la veteranía me permite discernir entre lo que es bueno y lo que no es tan bueno. El acceso es crucial, el acceso a lo bueno y también lo malo, porque si comienzas frenando “lo malo” terminarás censurando a la inteligencia, que discierne entre ambas cosas. Lo que cuentas me angustia, porque significa o puede significar que mis hijos no podrán aprovechar este medio en la medida en que yo lo he disfrutado.

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  3. El gran problema, estimado José, reside en que todo se justifica enunciando el derecho a la propiedad intelectual, que por supuesto debe ser protegido. Pero detrás vienen los verdaderos intereses que amenazan el prometido libre acceso a la información.

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  4. Esgoger entre lo bueno y lo malo, siempre ha sido una decisión personal de individuos autónomos, se trate de moral, política o simple información, mi querido don Lalo. Lo grave es que aquí, una vez más, se esgrimen nobles ideales para proteger los intereses de los monopolios.

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  5. Gustavo. LO dijo usted, vienen con lo de respetar la propiedad intelectual, pero como es todo en nuestro país, ya tienen otros trucos que nos limitan en Internet. Sabemos que este espacio debe de tener ciertas responsbilidades, pues se ha convertido en un lugar muy interesante para debatir como iguales, como, digamos, ciudadanos, pero promulgar leyes como esta, igual a la SOPA, equivaldría a cortar un mundo en el cual aprendemos y hacemos el conocimiento, por decirlo de algún modo, donde compartimos lo que es posible compartir para el ser humano, pues detrás viene la intención, la orden de limitar, el poder, del gobierno, de las empresas, de demandar o enviar a la cárcel a alguien porque se le ocurrió escribir algo, o hace un video, o cargar un audio y poner enlaces, crear relaciones para el debate con otros portales web, pues cree que eso viola su interés, que toma información no valida. ¿Y cuál es esa información? La que ellos no manejan como suya.
    Maestro, no sé, tal vez es intencional, pero creo que en el segundo párrafo, donde se empieza a leer "Se trata de un instrumento legal que..." se le escapó una letra en la palabra "puede". Me ha gustado el título de este post.

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  6. Apreciado Eskimal ¡ Qué ojo de águila el suyo ! De inmediato corrijo. Muchas gracias.
    Pasando de la forma al fondo, esto se me parece cada vez más a la práctica de los narcos de entregar dosis "gratuitas" de drogas a la entrada de escuelas y colegios : Cuando tienen un montón de adictos amarrados empiezan a cobrar duro.

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