jueves, 7 de marzo de 2013

Recetas mágicas




Buen publicista como es, aparte de genial caricaturista,  Matador  citó una vez para promocionar su empresa una famosa  frase  atribuida a Albert Einstein:“La  imaginación es más importante que el conocimiento”. Años más  tarde el  escritor , periodista y profesor universitario Edison Marulanda la retomó para aludir  a una de las facetas mágicas de la radio: su capacidad  para convertir el relato en un desafío a la imaginación del oyente. A diferencia de la televisión, que nos convierte de facto en espectadores sumisos, la radio obliga a la participación de quien escucha.
Hasta allí las cosas funcionan: la imaginación como estímulo  inicial es de hecho el  punto de partida para muchas acciones humanas, desde la  seducción  amorosa hasta la conquista del espacio. Sin su ayuda serían imposibles   las grandes empresas económicas, la creación artística, las escuelas filosóficas o el desarrollo científico. Pero  por si sola , sin  la participación del resto de las facultades humanas, se convierte en mero fantasear; no reemplaza al conocimiento.
Como todas las  frases célebres, la del forjador de la Teoría de la Relatividad vive en permanente riesgo de ser sacada del contexto en el que fue formulada. Algunos biógrafos de Einstein nos cuentan que su  postulado nació de la  observación de los pasajeros  en las estaciones del tren y su relación  con los ocupantes de los vagones  en movimiento. En la mente de un hombre como Einstein, formada tanto en la física práctica como en la especulación teórica, la imagen obró a modo de un detonante. Pero  la teoría no se formuló  para  explicar ese hecho. El físico pensaba más en la precariedad de los instrumentos  diseñados por la evolución para observar el universo. En su recorrido mental precisó de un vasto conocimiento y manejo del legado forjado  desde la antigüedad por físicos, astrónomos, filósofos y matemáticos  para llegar a ella.
Poco dados a  asumir los riesgos del conocimiento,  entre ellos  los de la equivocación permanente y las preguntas siempre renovadas, los humanos gustamos de coleccionar frases  de  hombres  famosos para resolver con ellas nuestros pequeños o grandes dilemas cotidianos. Apócrifas o no, esas sentencias funcionan a modo de comodín capaz de aclarar todas las dudas sin importar las circunstancias. Por eso se venden los libros de frases célebres. En ese sentido se parecen mucho a  esas plantas con improbables propiedades mágicas que  se ponen de moda durante un tiempo y luego desaparecen del mercado dejando a  su paso una estela de  enfermos frustrados. Repasemos  unas cuantas: la Uña de gato, el Noni, el Confrey  o la más reciente Moringa. Según sus pregoneros  tomadas en infusión lo curaban todo: desde el cáncer extremo hasta la decepción amorosa. Pues bien, para millones de personas las frases famosas cumplen   esa función: les sirven para responder a todas las preguntas difíciles sin  correr el riesgo de resolverlas  desde su propia experiencia del mundo. Por eso mismo son tan apetecidas por los autores de manuales de auto superación. Desde  los antiguos vedas hasta líderes políticos como Winston Churchill, pasando por  Platón, Buda, Marx , Jesucristo o Groucho Marx, esas antologías les dan legitimidad   a sus discursos plagados de lugares comunes.  Al estar rodeadas del aura mágica otorgada por el  prestigio de quienes  las habrían  pronunciado no dejan lugar a dudas. Y estas últimas  son, bien lo sabemos , la clave de todo posible camino hacia  el conocimiento.
Para muestra tomemos una de las más citadas: “Pienso,  luego existo”. Así a secas, sin los argumentos que la soportan, la sentencia de Descartes es  entendida por muchos como la prueba de que basta  con poseer los mecanismos de la mente para alcanzar la plenitud del ser. La comprensión del mundo sería así poco menos que un acto reflejo. Pero si la asumimos como desafío, es decir, con  el convencimiento de que necesitamos primero aprender a pensar para conocernos y  descubrir el universo nos encontramos de repente  no ante un punto de llegada sino de partida . En lugar de una puerta clausurada de por vida se despliegan ante nosotros muchas puertas que demandan ser abiertas. Y para eso, para abrirlas, por fortuna nadie ha descubierto hasta ahora una receta mágica.

4 comentarios:

  1. Es cierto. Las frases célebres de personas famosas (aunque esto es redundante, porque no hay frases célebres de barrenderos o porteras) deben gran parte de su éxito a la facilidad que tienen para servir a dos patrones. Para seguir con Einstein, está la conocida “Dios no juega a los dados con las leyes del universo”, muy citada como prueba de que el físico creía en Dios como cualquier buen vecino, cuando en realidad lo más que se le podía atribuir era un panteísmo instintivo: eso de los dados era un recurso para refutar a los partidarios de la teoría cuántica, que ponían el acento en las probabilidades en vez de la certeza absoluta. Y ya en un terreno más familiar, el de la política, conviene recordar que hasta los genios tienen pronunciamientos que admiten diferentes lecturas. Valga como ejemplo cuando Einstein, el padre de la ecuación energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado, que inauguró la era atómica, escribió a Oppenheimer , el partero de la Bomba, para decirle que era imprescindible una autoridad universal suficientemente poderosa para prevenir la proliferación nuclear y la probable hecatombe que resultaría, a lo cual Oppenheimer contestó que la existencia de un gobierno federal no impidió la guerra de Secesión en Estados Unidos. Muchos historiadores han destacado la fragilidad intelectual de la respuesta de Oppenheimer, ya que de ella sólo se desprende que esa autoridad “no era suficientemente poderosa” para impedir la guerra, algo que daría la razón a Einstein, a quien él se proponía refutar. Y si no he abusado de tu paciencia, podemos recordar, ya que estamos en el siglo 19, que el gran liberador de los esclavos, Lincoln, era partidario hasta muy pocos meses, tal vez semanas, antes de la aprobación de la ley de emancipación, de mandar los esclavos al África para librarse de ellos. De esto no se dice ni pío en la película de Spielberg. Dicho esto, sigo admirando tanto a Einstein como a Lincoln.

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  2. Bueno, mi querido don Lalo. En las películas de Spielberg casi nunca se dice nada, aunque algunas se presenten revestidas de pretensiones sociológicas y políticas. Con las llamadas frases célebres sucede como con las formas de las nubes y las piedras: uno ve en ellas lo que quiere ver. O mejor dicho, lo que a sus prejuicios les interesa ver. Tengo un amigo teólogo y bohemio que interpreta la conocida sentencia de Marx "La religión es el opio del pueblo" en un sentido positivo y favorable para la iglesia. El hombre dice que el autor de El Capital reconoce en la frase el papel de la religión como paliativo de las desdichas humanas. Jesuita al fin y al cabo.

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  3. Deliciosa lectura, amigo Gustavo. Yo soy poco dado a recordar frases célebres, pero tengo una, atribuida al gran Groucho Marx: “Inteligencia militar son dos términos opuestos”, o algo así, si no estoy mal. Pues cada vez que voy al centro de mi ciudad, mayoritariamente paso por la calle donde está el Estado Mayor, y desde la ventanilla de un cualquier vehículo se puede leer claramente en el vestíbulo de su edificio, en letras grandes y doradas, la leyenda “Casa del Pensamiento Militar”. E inevitablemente recuerdo todas las guerras que nuestro país ha perdido con los vecinos y no puedo evitar reprimir una sonrisa, que sin duda me alegra el día. Por otro lado, esto de las recetas mágicas es una industria boyante (es increíble las horas de publicidad en Tv), el noni está de moda para curar mil dolencias y no es barato en nuestro país ya que llega importado. Cómo son las cosas, que hasta se tiene un hotel llamado Noni en la región tropical de Cochabamba, y cuya publicidad garantiza una buena curación además de una paradisiaca estadía.

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  4. A propósito de Groucho, le tengo esta, apreciado José. En trance de seducir a la esposa de su vecino, el hombre le suelta así sin más:" Señora Briggs. Conozco y aprecio a su marido desde hace muchos años. Y sé que lo que es bueno par él es bueno para mi".

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