martes, 9 de agosto de 2016

Destetados




 A ver si ustedes me ayudan a entender: desde que nací estoy viendo tetas, empezando por las altamente nutritivas de mi mamá Amelia. Durante años, las vi en las portadas de las revistas o en algunas películas en teatros a los que conseguí  entrar de manera clandestina. Cuando   entreví las de Brigitte Bardot en la tapa de la revista  Vanidades, insinuadas  detrás de su blusita mojada, creí asistir a una epifanía. Y eso que acababa de recibir mi primera comunión
De los años setenta en adelante, ustedes y yo hemos visto tetas por millones: en  la televisión, en el cine,  en los periódicos, en las revistas y más tarde en internet. Las hemos visto de todos los tamaños: turgentes y escuálidas, del diámetro  de una manzana o en racimo completo, como en el Cantar de los Cantares. Las  hemos contemplado de todas las texturas: lisas como pasadas por aceite de almendras  y recubiertas de pelusa como la piel del melocotón.  Han desfilado de todos los colores ante nuestra mirada: negras, blanquísimas, doradas, cobrizas,  luminosas.


Hay tetas naturales   y otras  hinchadas a punta de silicona. Pero todas tienen sus admiradores y, a veces, sus clientes.
Más tarde, cuando llegaron las primeras novias, pudimos disfrutarlas en vivo y en directo. De esa manera dimos fe de su talante prodigioso.
En fin, que para mayor gloria de Dios y de los hombres,  nacimos, crecimos y moriremos rodeados de tetas por todas partes.
Y ahora resulta que en Colombia un puñado de fanáticos quiere prohibir que las mujeres les den de mamar a sus crías  en lugares públicos, con el argumento retorcido de la defensa de la moral.
Ya se han recibido denuncias sobre personas que increpan a mujeres en buses, trenes, taxis, parques o restaurantes, por el  humano acto de ofrecerle la teta a   su retoño.
Por lo visto, mientras ellos tienen derecho a hartarse de viandas y vinos en los restaurantes, los recién nacidos  deben privarse del alimento, porque atentan contra unos “principios morales” que ni siquiera han  tenido tiempo de conocer.
¿De qué carajos estamos hablando?

                                          Natividad, Paul Gauguin
 
¿Es inmoral que una  madre   alimente a su  hijo en el momento  preciso en que lo necesita solo porque no cuadra con el engranaje  de unas mentes, esas sí,  pecaminosas de cabo a rabo?
Así las cosas, los niños deberán arriesgarse a contraer una  gastritis prematura, o caer en la desnutrición para que su madre no incurra en ese pecado recién inventado.
No sé, pero cada vez que escucho una noticia de estas, pienso  en el Procurador Ordóñez o  en uno de  esos seres que orientan programas radiales, cuyo propósito consiste en advertirnos sobre los males que nos aguardan si seguimos fornicando como conejos- con perdón de los conejos- o si los enfermos terminales claman por la misericordia de la eutanasia, para  no hablar del escozor que les provocan  el matrimonio homosexual, el aborto o la dosis personal de droga.


Curiosamente,  esos guías espirituales no se inmutan ante la miseria del prójimo, las violencias que dejan   cada minuto su tendal de muertos, la desigualdad social, el saqueo del erario y los fraudes  de los gobernantes. Nada de eso le resulta inmoral a su particular visión del mundo.
Pero se santiguan ante la visión de una teta misericordiosa que le da a un recién nacido fuerzas para emprender la lucha por la vida. No contentos con eso, piden castigos severos para la osada  madre. Unos cuantos azotes no le vendrían mal a la impúdica. Quizá así retome el sendero de las buenas costumbres.
Paso por un  centro comercial y veo salir  a cuatro damas con unos escotes que me dejan sin aliento y con taquicardia. Pienso entonces  en los integrantes del tribunal anti nutrición de bebés en lugares públicos y me hundo en la confusión.
A ver si ustedes me ayudan a entender.

PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada



4 comentarios:

  1. Durante el bachillerato, cuando uno suele ser un adolescente miserable y atarván, decíamos que nos encantaría poder tomar leche en totuma de cuero.

    Y la verdad es que aún nos encantaría.

    Saludos, Cami.

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  2. Ja, ja. Eso en realidad es un aforismo, apreciado Camilo.

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  3. Ja, ¿y qué me dice de los "sobretetados" como yo, que casi a diario soy azotado en el gimnasio con la vista nada agradable de unas ubres siliconadas que rebalsan de la camiseta de cierta muchacha, sin dejar nada a la imaginación?...la sobredosis también mata, oiga usted. Dejando a un lado las bromas, recuerdo haber leído acerca de una “tetatón” o convocatoria a una lactancia masiva en vía pública como acto de protesta a planes tan delirantes, que parecen salidos de mentes afiebradas o estancadas en la época victoriana. Menos mal que aquí, por influencia quechua y demás culturas indígenas, dar de mamar a las wawas es un acto perfectamente natural y tolerado prácticamente por toda la sociedad, aunque se lo practica con cierto recato en las clases media y alta. Las mujeres campesinas no se hacen problema ni se avergüenzan por ello. Con toda franqueza, no recuerdo ningún incidente público donde alguien se haya ofendido o armado escándalo por tal asunto.

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  4. Pienso que hay una diferencia esencial , apreciado José: mientras los indígenes celebran los poderes nutricios de la tierra y los ven representados en la mujer, Colombia está consagrada al Corazón de Jesús y su procurador es un tipo que administra con las cuentas del rosario en la mano.
    Eso tiene su peso específico... tan específico como el de las "ubres siliconadas" que usted menciona.

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