viernes, 7 de octubre de 2016

Tres puntos de oro



“Tres puntos de oro”. Así dicen en la jerga del fútbol para referirse a un triunfo obtenido en tiempo de reposición.
Y  así fue.
Pero  hoy  no escribiré  sobre la victoria, por lo demás rutinaria en ese estadio, alcanzada por la selección colombiana de fútbol  sobre Paraguay en Asunción.
Ese dato pasa a un segundo plano.
La noticia del día- de muchos días- es el otorgamiento del  Premio Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos y lo que eso puede significar.
El modelo de administración del presidente no ha sido santo de mi devoción. Es más,  su política de dilatar la solución de los problemas sociales y económicos  lo ha conducido a elevados niveles de descrédito.
La expresión de  ese estado de cosas se traduce en paros constantes impulsados por distintos sectores gremiales y sindicales, inconformes con el incumplimiento de lo pactado. Camioneros, taxistas, maestros, agricultores, obreros y trabajadores de la justicia han  expresado su malestar  durante estos seis años.

Pero  a todo señor todo honor. El  Premio Nobel de  Paz no se creó para juzgar esos  asuntos. Como bien se  lee en la declaración del comité , al presidente colombiano se le premia : "Por sus decididos esfuerzos para acabar con los más de 50 años de guerra civil en el país, una guerra que ha costado la vida de al menos 220.000 colombianos y desplazado a cerca de seis millones de personas".
Ahí  está la clave.  Santos se jugó toda su credibilidad en la búsqueda de unos acuerdos que finalmente fueron firmados  el  lunes 26 de  septiembre, en Cartagena de Indias.
Por supuesto, sin la buena voluntad  y el pragmatismo político de las Farc, esa firma no hubiese sido posible.
Luego, el domingo  2 de  octubre sucedió lo ya sabido. Y los resultados de esa mecánica electoral nunca han estado en discusión.
En la declaración del comité del Nobel también  se expresa  que el premio se otorga como un aporte “"para que el proceso de paz no muera tras el fracaso en el referendo".
Y  ese es el otro punto. Sin desconocer los resultados del plebiscito, lo que significaría una intromisión en los asuntos internos del país, el premio supone  un valiosísimo elemento simbólico que reviste el presidente   de  una nueva dosis de autoridad moral y ética para comprometerse aún más en la tarea.

Por lo demás, en el texto se  expresa un claro reconocimiento a los protagonistas de estos diálogos, aunque  sin referirse con nombre propio a las guerrillas, quizás por razones de corrección política.  En la declaración se dice que  el premio es también "un tributo al pueblo de Colombia que, a pesar de las grandes dificultades y los abusos, no ha perdido la esperanza en una paz justa, a todas las partes que han contribuido al proceso de paz".
De modo que, en cuestión de  cinco días, nuestra  frenética realidad  ha dado más de una voltereta. De una fe ciega en la victoria del Sí se pasó  a la desazón y al nuevo tono de los promotores del No.
Y  ahora nos encontramos con una nueva carta sobre la mesa.
Esa carta obliga el presidente Santos a  redoblar los esfuerzos  para sacar adelante el proceso de paz.
Compromete también a los voceros de la guerrilla a no flaquear ante la crisis.
Les exige a los líderes del No  deponer su oportunismo electorero y pensar , por una  sola vez, en términos de país y no de Patria, ese concepto tan vago y peligroso que aviva las confrontaciones.
Y al resto, es decir, a usted, a mí ,  a todos, nos demanda una reflexión en términos de sociedad y  no de nuestro “Yo diminuto. Nuestras pequeñas obsesiones”, según una frase afortunada  de mi hermano Juan Carlos Pérez.
Gracias a la decisión de los responsables del Nobel, la  madrugada del viernes 7 de octubre convertimos un gol en tiempo de reposición.
Y no podemos  darnos el lujo de echar esos tres puntos de oro por la borda.

NOTA : todas las citas de esta entrada fueron tomadas de BBCMundo.com
Las frase: “ Mi yo diminuto” fue extractada de@juancarlosperezsalazar twitter 

PDT : les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

8 comentarios:

  1. Sólo digo que Juan Manuel Santos en el fondo ha sido un tipo decente si lo comparamos con la procesión de escorias que han gobernado este país desde siempre. Apegado a las formas, ceñido a las leyes cuando hubiera podido hacerlas saltar en mil pedazos, respetuoso de las instituciones (sus instituciones, con las que no comulgo), gobierna con compostura, sin bravatas, sin arrebatos, sin goticas de valeriana. Un tipo decente.

    Si fuera de otro talante hace rato se hubiera sacado de encima al señor que sabemos como en su momento hicieron con Álvaro Gómez, acostándolo en una calle bogotana a plena tarde.

    Saludos, Camil

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  2. Apreciado Camilo : en este caso se valora eso: la decencia y la entereza para jugársela por un acuerdo de paz ( no por La Paz en abstracto) en un país adicto a las soluciones que usted plantea : " Acostar" a los contradictores en cualquier calle.

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    1. No se me confunda, no estoy diciendo que aquella sea la solución, simplemente constatando que ha sido la manera de equilibrar las cargas desde hace mucho (Uribe Uribe, Gaitán, Galán, Pizarro, Bernardo Jaramillo, Pardo Leal, etc, etc). El hecho de que el señor que ya sabemos ande por ahí armando mierderos desde hace 6 años y no lo hayan "acostado" indica algo que quizá no hemos sabido valorar del todo: que así de manera tibia "los tiempos están cambiando" como en la canción de Bob Dylan. Ojalá.

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    2. Ojalá que así sea: digo, la sospecha del viejo Dylan.
      Un abrazo, Camilo.

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  3. No conozco los entretelones de la política colombiana, pero tengo la impresión de que el resultado del referendo, el resultado histórico verdadero, será el fortalecimiento del espíritu del "sí". Porque el impulso, la inercia, lleva en esa dirección. El "no", en definitiva, es como un dique en un río crecido. Ilusiones, wishful thinking, pio desiderio?

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  4. Pensar con el deseo? a lo mejor, mi querido don Lalo. Pero a veces esa actitud, que muchos consideran simple quimera, nos da la fuerza necesaria para afrontar las grandes encrucijadas.

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  5. Lamento llegar tarde al coloquio. En definitiva, el otorgamiento del Nobel es un espaldarazo, más que al presidente Santos, a todo el proceso de negociaciones. Como bien remarca, obliga moralmente a los actores comprometidos a continuar con el diálogo para sellar un acuerdo definitivo. Por otro lado, el reconocimiento internacional es un mensaje claro para Uribe y demás objetores para que dejen de polarizar a la sociedad colombiana en aras del bien común. Aunque pedirles a los políticos que dejen a un lado sus obsesiones y apetitos personales parece impracticable.

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  6. Así es , apreciado José : la política es más un asunto de pasiones que de grandes ideales... aunque estos últimos siempre se utilizan para disfrazar las primeras.
    Mucho me temo que en Colombia acabamos de entrar a una zona muerta, porque de aquí en adelante todo será utilizado como elemento de campaña para las elecciones presidenciales de 2018.

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