jueves, 1 de junio de 2017

Pobre Chila



                                         Fotografía tomada de El Diario


Su abuelo Jacinto vio a Carmelo Colombo romper las redes de los arqueros rivales en  la vieja cancha de Libaré.

Ese equipo nunca fue campeón.

Su papá  Evelio estaba en el estadio el día en que el paraguayo Apolinar Paniagua le quebró el invicto a Otoniel Quintana, portero de Millonarios a comienzos de los setenta.

Ese Deportivo Pereira tampoco fue campeón.

“Pero dejaba el alma en la cancha”, solloza Steven, dieciocho años,  el escudo del Pereirita tatuado en el antebrazo derecho.

Su equipo acaba de perder por dos a uno frente al Cúcuta Deportivo, otro club  enredado en la nostalgia de improbables glorias pasadas

                                                           Apolinar Paniagua
.

Son las once de la mañana del  martes  30 de  mayo. Igual que algunos de sus compinches de barra, el muchacho no ha vuelto a casa después de la derrota.

¿Para qué? Pregunta envuelto en su bandera de franjas rojas y amarillas y vuelve a romper en llanto.

El mundo está lleno de preguntas sin respuesta.  Inefable es la palabra para definir ese estado de cosas.

Aunque sucede año tras año, las personas como Steven no  acaban de  acostumbrarse. Después de asimilar las derrotas vuelven a decirse: Esta vez  sí será.

Y resulta que esta vez tampoco fue.

Este equipo parece haber firmado un pacto sobrenatural con el fracaso.

Los más supersticiosos le endilgan toda la responsabilidad a  Cecilia Monsalve  Hernández, “Chila”, la hincha más fiel que haya conocido la extinta furia matecaña.

Mientras Chila vaya al estadio el equipo no ganará, sentenciaban los  aficionados más ortodoxos.



Pero Chila murió  cuando apenas despuntaba el nuevo siglo, en abril de 2000.

Han pasado  más de tres lustros y el equipo de Steven es eliminado una y otra vez cuando está a punto de volver a la primera división.

Así que lo de Chila… mmmmmm

Muerta Chila, algunos hinchas contumaces le echan la culpa a un improbable gato negro enterrado  en una de las porterías.

Sospecho que las causas son más terrenales.

Una de ellas apunta a que el fútbol, el viejo jogo bonito  de los brasileños, fue secuestrado por bandas de  forajidos. Y esos tipos  solo entienden el lenguaje de las chequeras.



Tráfico de piernas, llamó a esa práctica el escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Siguiendo el olor del dinero uno encuentra varios eslabones:

El de los padres  de familia, que matriculan a sus hijos en una escuela de fútbol y sueñan con  volverse millonarios vendiéndolos a las grandes ligas.

El de los entrenadores que cobran por alinear  a jóvenes promesas.

El de  los intermediarios que se embolsillan un porcentaje de las transferencias.

El de periodistas deportivos que son a la vez dueños de pases.

Y, claro, el de los clubes devenidos  grandes corporaciones, que controlan toda la cadena del negocio, incluidos los socios, la publicidad, las transmisiones por radio y televisión, así como el circuito completo del mercadeo: Florentino Pérez  presiona la permanencia de James Rodríguez en el Real Madrid, no por sus innegables dotes deportivas, sino por la creciente venta de camisetas en el mercado latino.

Por supuesto, el Deportivo Pereira es apenas un modesto equipo de provincias. Un  rumor lejano en medio del estruendo mediático provocado por multinacionales como el Barcelona o el Real Madrid.

Pero los directivos han aprendido sus mañas y las replican a pequeña escala. Son muchos menos millones de dólares, pero de todos modos suponen un botín atractivo.

Y sobre  ese pequeño  cardumen se abalanzan todos los tiburones.

                                          Fotografía tomada de El Diario


Un torneo tras otro se deshacen de las grandes figuras y nadie da cuenta de los dineros recaudados en transferencias.

El dueño de fulanito no es el equipo, sino un particular, dicen.

La consecuencia de todo eso es el desastre.

Por eso la desazón de Steven pertenece al reino de lo inefable.

Así que, también hoy, el muchacho ha  decidido echarle toda la mierda a Chila.

PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

8 comentarios:

  1. Un pacto sobrenatural con el fracaso, definitivamente. Lo demás son consuelos de tontos.

    Salud. Cami.

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  2. Ah, carajo.De modo que usted también está en el secreto, apreciado Camilo.
    Que el final nos agarre confesados

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  3. Mi sufrido Aurora parece llevar el mismo gen maldito de la derrota. Salvo dos títulos nacionales en sus más de ochenta años, todo ha sido una sucesión de infortunios y fracasos, con esporádicos papeles dignos en torneos internacionales. Ahora mismo, estamos en el barro de segunda división y ojalá este domingo podamos retornar a la elite, nos falta solo ganar el partido, porque ya hicimos los deberes de visitante. Pero en el juego todo puede pasar. Recordamos con amargura que nos fuimos al abismo, hace unos cuatro años, precisamente cuando teníamos todas las de ganar. Menos mal que no hay gatos negros o personajes “khenchas” como esa malograda hincha que describe, en nuestro imaginario del club. Sepa usted que casi todos los equipos del país tienen una Virgencita en el vestuario y, entre otras cosas, con el poder de ahuyentar malos espíritus, se dice.

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  4. Bueno, a lo mejor eso le ha faltado al Deportivo Pereira: una virgencita que lo ampare, pero es algo difícil de hallar en tierras tan paganas.
    Y se anda usted con demasiadas exigencias: " Salvo dos títulos nacionales en más de ochenta años".
    Más de un hincha del Pereira estaría agradecido con la cuarta parte de eso.

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  5. Hace unos días compartimos una comida con un profesor de antropología psicológica y aprovechamos para preguntarle sobre los mecanismos de defensa en las colectividades deportivas, más precisamente las del fútbol. El caso de Chila es uno de los ejemplos que nos dio: un personaje que canaliza la descarga de culpa y/o responsabilidad colectiva. En otra vertiente, la identificación de "la mala sombra" que conspira para perjudicar históricamente a nuestro equipo puede convertirse en un escudo: somos más machos y valientes porque cargamos con esta desgracia dignamente, no como esos llorones de allá, que cuando pierden hacen un escándalo. Es el resultado de meter en la misma bolsa a 20 perdedores y 1 ganador.

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    1. Que bueno tenerlo de nuevo por estos pagos, mi querido don Lalo. Supongo que asistimos a una variante del chivo expiatorio, esa antiquísima figura en la que se descargaban las culpas de una comunidad.
      El problema de la pobre Chila es que ni muerta la dejan en paz.

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  6. Profe un saludo, a propósito de su escrito le dejo el enlace del documental que hicimos con Wilmer Sotto sobre el deportivo Pereira. A veces hacemos historias que con el tiempo de desactualizan, pero la del deportivo Pereira tiene un constante, que como usted señala parece una maldición. Un abrazo profe Gustavo. https://youtu.be/P3EPPCw93pw

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  7. Hombre, Beto. Enlace aparte, me alegra mucho tenerlo por estos lares.
    Por supuesto, lo miraré y difundiré.

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