lunes, 23 de agosto de 2010

Nuestro tiempo

SIN ESCONDITE



                                



El pobre hombre, asesor de una compañía inmobiliaria, recibe la llamada un Domingo víspera de lunes festivo. La voz, demasiado dulce para la capacidad de resistencia de un tipo que la noche anterior se acomodó más de doce Whiskies entre pecho y espalda, tiene el aire deliberadamente sugestivo de quien ha ensayado muchas veces lo que va a decir.

- Doctor Rojas, lo llamamos para darle una buena noticia : nuestra empresa “Cítricos el Edén” lo ha escogido como el cliente estrella del mes y por eso queremos entregarle una caja con seis garrafas de nuestro excelso jugo de naranja con un descuento del cincuenta por ciento ¿ Tendrá algún inconveniente si se la despachamos enseguida? No importa si no tiene efectivo. Usted nos da la clave y el importe lo descontamos de su tarjeta de crédito.

Antes de responder cualquier cosa , la mente de nuestro héroe , acostumbrada a lidiar con las operaciones matemáticas de alta complejidad propias del negocio de finca raíz, empieza a disparar preguntas. ¿ Quién será esa mujer? Por lo pronto, está seguro de que no se trata de la desconocida con la que pasó la noche hace un par de días ¿Por qué conocen el número de su teléfono móvil reservado para familiares y clientes especiales? ¿ Cómo saben que es adicto al jugo de naranja que ostenta la marca de marras? ¿ Estaría dispuesto a darle la clave de su tarjeta de crédito a alguien que llama a ofrecer promociones un Domingo a media mañana?

Entre tanto, la voz de la impulsadora ha pasado del azúcar moreno al ácido admonitorio: - No lo piense tanto doctor, mire que tenemos otros clientes elegidos en la lista y usted no se puede perder esta oportunidad. Además , si acepta nuestra oferta puede participar en la rifa de dos pasajes de idea y regreso a las Islas Vírgenes, con alojamiento incluido en Hotel cinco estrellas.

En ese momento, el tipo tiene un último rapto de lucidez y apaga el teléfono sin despedirse de la intrusa. Con el fin de semana estropeado irremediablemente recuerda que una vez, en un vuelo internacional, vio una película de ciencia ficción donde la vida de un apacible burócrata se convierte de repente en pesadilla cuando los servicios secretos de un país remoto se apoderan de sus datos personales básicos: el número del documento de identificación y la clave de su tarjeta débito. Con ellos en su poder, le fabrican un prontuario delictivo donde aparece como responsable de una vasta conspiración que involucra a varios gobiernos.

Con la paranoia al tope decide llamar a un colega, que lo tranquiliza diciéndole que todo es muy simple : lo de sus gustos domésticos lo descubrieron rastreando sus bolsas de basura. El número del teléfono celular privado usted mismo se lo dio a un cliente que prometió comprarle un bloque completo de apartamentos en un conjunto residencial. Este a su vez lo negoció, con su base de datos completa, en un intercambio con una empresa que comercializa cítricos y otros productos para el desayuno. Momento en el cual, debatiéndose en un sentimiento de desamparo hasta entonces desconocido, el pobre agente inmobiliario quisiera acogerse a los versos de un poeta ruso que lo obligaron a leer en los cursos de cultura general de la universidad, y que rezaban más o menos así : “Decidle a mis hermanas Edna y Ariadna / que yo ya no tengo donde esconderme”.

3 comentarios:

  1. Cómo no volverse paranoico si ya hasta la basura es un delator público jejeje.

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  2. Saludos desde algun lugar del cibereSpaciO...
    En la era de la información es mejor dar desinformacion... para seguir navegando por los senderos de la soledad... :)
    muy buen post felicitaciones Maestro. :)

    http://trejoscomics.blogspot.com/

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  3. Apreciado Gabriel. Creo que la clave se encuentra en la posibilidad de defender esa retícula de soledad- es decir, de intimidad- ante el asedio de una época que hizo del exhibicionismo una suerte de religión.

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