viernes, 3 de febrero de 2012

Qué manera de perder


Durante el  año 2011 el fútbol  mundial fue testigo de un acontecimiento  no imaginado  ni siquiera  por el más pesimista de los aficionados: El descenso del club Atlético River Plate a la segunda división del fútbol argentino. Estamos hablando del equipo que más torneos ha ganado en su país, más incluso que el legendario  Boca Juniors, esa especie de religión laica profesada por media nación. Sí, River. La institución en cuyas filas militaron genios del balón de la talla de Adolfo Pedernera, Alfredo Di Stéfano, Amadeo Carrizo, Hugo Gatti, Norberto Alonso, Oscar Más  y Enzo Francescolli. Incluso varios colombianos como Juan Pablo Ángel, Mario Alberto Yepes y  Falcao García hicieron su tránsito hacia el fútbol europeo en el equipo de la banda roja.
¿Cómo fue posible lo que muchos consideraban imposible?  Pues  gracias  a la desorganización administrativa y  a la corrupción rampante de una dirigencia que, como ha sucedido con tantas cosas entrañables, convirtió la práctica del fútbol en una máquina de hacer dinero en la que el fin siempre justifica los medios. El truco es sencillo :  un grupo de poder se atrinchera en la dirección de un club y empieza a transferir jugadores  tanto a las ligas más prestigiosas como a los lugares más remotos de la tierra.  Hasta España  o Azerbaiyán son despachados los jóvenes   futbolistas tasados en dólares y euros que nunca van a parar a las arcas de los clubes y si a los bolsillos de los especuladores, enriquecidos a la velocidad del rayo mediante lo que el escritor uruguayo Eduardo Galeano califica como tráfico de piernas.
Como lo importante es alimentar el mercado, cada  vez que surge una nueva promesa es transferida de inmediato al exterior, lo que impide los procesos internos  necesarios para conformar un equipo de calidad en condiciones de competir en las ligas locales ¿El resultado? Año tras año  se cae en un pozo  cuyo fondo es la segunda división, de la  que se  hace cada vez  más difícil salir a medida que se hunden más equipos de prestigio. Entre tanto, los  traficantes de piernas huyen con el botín, en busca de  otro lugar donde comprar un nuevo equipo que les permita mantener en marcha el negocio. En el medio, por supuesto, quedan  los hinchas : los únicos románticos en ese vergonzoso carrusel del que participan entrenadores, dirigentes, periodistas , políticos y otros especímenes.
Guardadas proporciones, ese mismo año sucedieron en Colombia casos parecidos con equipos que, con distintos niveles de prestigio y logros, forman parte de la historia temprana del fútbol nacional. Hablo del América de Cali y el Deportivo Pereira, que se fueron por el desfiladero  finalizando el 2011. El primero de ellos, luego de varias décadas de oscuridad , vivió su era de gloria  cuando  fue adquirido por  el clan mafioso de los Rodriguez  Orejuela, durante la década en que cada traqueto quería  fundar un club social, casarse con una reina de belleza, tener una amante modelo y comprar  un equipo de fútbol. El resultado de esa cosecha fueron 13  títulos. Con menor gloria y fortuna, el Deportivo Pereira, que gozó de una aureola heroica y guerrera en la época de los jugadores paraguayos, ha funcionado en las últimas décadas a modo de vitrina para promocionar jugadores, cuyas transferencias a clubes del ámbito local o internacional no dejan un céntimo en sus cuentas, por las razones explicadas más arriba : los dueños del negocio son otros.  Pero eso sí : cuando llegan los tiempos de penuria se  invoca la solidaridad ciudadana para salvar lo que, por arte de birlibirloque, se convierte en patrimonio colectivo en una  reedición del manido truco de  privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. Lo grave es que muchos muerden el anzuelo : durante la administración del alcalde  Israel  Londoño se destinaron dineros públicos de la  Empresa de Energía y de Aguas y Aguas para sostener el funcionamiento del equipo mediante la modalidad de inversión publicitaria.
“ Descendió River, no  lo íbamos a hacer nosotros”. Me dijo  a modo  de consuelo un despechado hincha del Pereira después de echarse  media botella de ron al coleto. Lo curioso es que la lucidez del alcohol no le alcanzó para comprender que  si se hundieron no fue por una especie de fatalidad  sino  como resultado de  esa suma de yerros y oportunismos que se convirtieron en norma de vida para la dirigencia del fútbol, así en Pereira como Beijing.

4 comentarios:

  1. ¡Qué manera de joder el fútbol! se diria pensando en los versos de nuestro estimado Sabina. Gracias por darnos algo mas de luz sobre el asunto de el America de Cali, al que yo siempre habia oido como el eterno campeon sin corona (si no estoy mal, llegó a cuatro finales de Libertadores). Cómo olvidar por ejemplo, los relatos de Radio Caracol cuando jugaba el "Pitufo" De Avila en ese equipo. No sabía que el equipo de su ciudad habia descendido, tampoco se deja traslucir su sentimiento de hincha, intuyo que no es muy seguidor de ese equipo. En fin, el mismo drama lo vivimos el 2010 con el Wilstermann de Cochabamba, uno de los grandes equipos de mi pais, que a consecuencia de los malos manejos administrativos se fue a Segunda, a pesar de los llantos lastimeros de su aficion. Y la cosa no ha cambiado, hace pocos dias vimos en la Tv. un bochornoso enfrentamiento a puños entre los dirigentes de la asociacion cochabambina de futbol, ansiosos por disputarse los cargos a pesar de que son "honorificos". Todo está en funcion del dinero, ¿a quien le importa las divisiones inferiores y los chavales ilusos?

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  2. Lo captó bien,apreciado José. Mis pasiones están en otro lado : El Atlético Nacional. Pero más allá de los amores, mis inquietudes pasan por los fulanos que se apoderaron del fútbol en todas partes : Abramovich, Gil y Gil, Laporta, Florentino Pérez,Macri.La magnitud del negocio es tal, que la lista se haría interminable.

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  3. Impecable entrada, amigo Gustavo. Sólo cabe agregar, en el caso argentino, al menos, si esta situación de corrupción, incompetencia y derroche no ha llegado a tal punto que puede matar a la gallina de los huevos de oro, y con “gallina” no me refiero a River Plate, sino a la fecunda cantera del fútbol local. Varios veteranos muy sapientes, en particular Ángel Cappa, han denunciado la creciente falta de las condiciones para la formación de jugadores con el sello distintivo del fútbol criollo. Ahora, la preparación y el juego mismo favorecen la formación de rompedores, de fajadores, de jugadores que pueden ser buenos, tal vez, pero que no pueden aspirar a ser “muy buenos”. Es más fácil preparar a un jugador discretito para exportar antes de que termine su aprendizaje.

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  4. Eso es lo que llaman la cadena productiva, mi querido don Lalo. Y cuanto más rápido sea el tránsito en la cadena, mayores serán los niveles de rentabilidad. Don Ángel Cappa, que conoce al detalle las entrañas del fútbol, tiene razones de sobra para estar preocupado: en su afán por bajar costos, los negociantes pueden estar acabando- como usted lo sugiere- no con la gallina de los huevos de oro : con el corral entero.

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