jueves, 3 de abril de 2014

Alertas tardías

                                               Fotografía: El Tiempo

 Todo comenzó al finalizar los años ochentas del siglo anterior. Un puñado de familias, animadas por los caciques políticos de la época, se asentaron de manera irregular en los alrededores del cerro de Canceles, un antiguo santuario indígena. La práctica es bien conocida: estimular invasiones   por parte de personas carentes de vivienda, tramitar  la compra y legalización de los predios, así como la instalación de servicios públicos. Con eso ya se tiene asegurado un feudo  electoral, que se multiplica a medida que  la fórmula se convierte en un imán capaz de arrastrar grandes grupos de población.
A los pocos años ya se había conformado un grupo de barrios llamados Villa Santana, Las Margaritas, Intermedio, Monserrate y El Danubio. Más tarde, a resultas del desplazamiento interno, surgirían los sectores de Tokio y El Remanso,  habitados  en su mayor parte por familias  desplazadas por la violencia, constituyendo un grupo importante el de negritudes provenientes del departamento del Chocó.
Recuerdo que desde  un espacio periodístico llamado “Señales  para encontrar la ciudad”, en compañía del investigador y escritor Alberto Verón advertimos sobre lo que  se estaba incubando allí.  “Si  no se definen  y ponen en práctica líneas de desarrollo social y económico que integren a estas familias en los grandes proyectos de la ciudad y la región, a la vuelta de pocos años las nuevas generaciones serán presa fácil de los grupos  criminales que hoy constituyen casi la única opción de vida de los jóvenes marginados de Medellín, Cali y Bogotá”, se lee en un comentario al libro No nacimos pa semilla, de Alonso Salazar, publicado en 1990.

                                            milena-gutierrez-caro.blogspot.com

 No se  necesitaba ser mago  ni profeta para intuir hacia donde derivarían las cosas. Las cifras de entonces no han hecho  cosa distinta a crecer y empeorar. Los niveles de escolaridad apenas alcanzan la básica primaria. Más de la mitad de la población carece de empleo formal. Las mujeres que trabajan lo hacen en oficios domésticos o en  cafeterías y bares sin ningún tipo de prestación social. Muchas jóvenes o incluso niñas optan por ejercer la prostitución en zonas céntricas de la ciudad. A su vez los hombres trabajan en el sector de la construcción  o se dedican a vender frutas, verduras o chucherías por toda la ciudad, en un  incierto ejercicio que muchas  veces depende del humor de los funcionarios encargados de controlar el espacio público o de las  erráticas políticas de la administración de turno.
Con ese panorama,  resultaba inevitable que las bandas criminales, surgidas de un contubernio entre el narcotráfico y la desbandada de militantes de grupos paramilitares y guerrilleros, encontraran en sectores como estos una inagotable fuente de mano de obra  barata  , tanto para la  distribución de drogas como  para los ajustes de cuentas a través del sicariato.


Pasó el tiempo y los problemas se agravaron ante la indiferencia de una sociedad que prefiere seguir alimentando el mito del progreso incesante o el lugar común de “La transnochadora, querendona y morena”. Hasta que,  hace unas semanas se conoció la noticia del cierre temporal del Jardín Infantil de Tokio, como medida preventiva ante los problemas de violencia. Al hecho se respondió con frases huecas, operativos policiales y declaraciones retóricas sobre inversión social. Por eso resultan tan patéticas las llamadas alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo: en realidad, dada la dimensión del drama social que se vive allí, se trata de unas alertas muy, pero muy tardías.

6 comentarios:

  1. No necesita uno ser sociólogo titulado para saber que 25.000 almas (o más) siempre al borde del hambre, serán un fogón ardiendo. No es que Villa Santana sea un polvorín "a punto de explotar". Es que es un incendio desde hace veinte años y todavía no se ha apagado. Si me deja hacer una apreciación, me parece que ahora las cosas están "suaves", en relación con el periodo 2001-2006, que coincide con el gobierno de Uribe. La guerra en la zona fue más tenebrosa que hoy, y algo similar sucedió en los noventa. Acá un interesante trabajo de Javier Moreno donde pueden verse los datos para Pereira desde 1990

    http://finiterank.github.io/homicidios/

    Cami.

    ResponderEliminar
  2. Lo que cuentas nos refresca algo que muchos saben pero quieren olvidar: que no hay forma de abordar este tema y salir con las manos limpias. En esto hay que meterlas en el lodo, mancharse. Esto te marca, me dijo una chica que había tenido experiencia política anterior en barrios bravos, "pero nada comparable con estos niveles de marginación". No se puede marcar tarjeta, como en la fábrica o la oficina, entrar, ayudar en esto o aquello, hacer algo en beneficio de "esa gente" y después volver a la rutina. Eso me dijo. Le creí. Sé que es preciso comprometerse, pero aclaro que yo no fui tan valiente y noble como ella.

    ResponderEliminar
  3. Mil gracias por el enlace, apreciado Camilo. A decir verdad, muchas cosas están mejor en relación con el período de gobierno de Uribe, basado en la ley del engaño.
    Por lo demás, le comparto una perla : la Secretaría de gobierno local refutó a la Defensoría del Pueblo, asegurando que han sido " solo" una veintena de muertos en lugar de los 70 denunciados por el director de esta última entidad: como si fuera una cuestión estadística y no un drama cotidiano padecido por 25000 personas

    ResponderEliminar
  4. Mi querido don Lalo: semanas atrás el futbolista Carlos Tévez le aseguró a un entrevistador que si no hubiera sido por el fútbol estaría en la cárcel, convertido en drogadicto ... o muerto. Era su manera de definir el entorno de Fuerte Apache, la barriada donde nació y creció. Guardadas proporciones, eso viene a ser Villa Santana en mi ciudad... sin la remotísima posibilidad de redención que brinda el fútbol.

    ResponderEliminar
  5. Es un penoso drama el fenómeno del despoblamiento de las aéreas rurales para ir a engrosar los cinturones de pobreza de las grandes ciudades, con sus consiguientes problemas de convivencia, caos urbanístico y delincuencia. El avasallamiento de terrenos o áreas verdes circundantes es moneda corriente, donde solo las mafias de “loteadores”, como aquí se los conoce, salen beneficiadas, con denuncias de estafas como moneda corriente: cuánta gente humilde empieza a construir sus “sueños” para luego enterarse de que sus papeles de propiedad habían sido falsos y aparecen los supuestos dueños. Auténticas batallas campales a pedrada limpia son los saldos.
    Acláreme eso de “La transnochadora, querendona y morena”, que me ha dejado con la idea a medias.

    ResponderEliminar
  6. Apreciado José. El bambuco es un bonito género musical, promocionado por las élites de mi ciudad como su mayor expresión de de identidad. Uno de sus máximos exponentes es el poeta y compositor Luis Carlos González Mejía, autor de La Ruana, una canción que ha tenido, enntre muchas versiones, intérpretes tan destacadas como la española Paloma San Basilio. Por su idiosincracia fiestera y desprevenida, Luis Carlos González definió a Pereira como " La trasnochadora, querendona y morena", en una frase que muy pronto se convirtió en eslogan.
    Le comparto enlace a la mencionada versión de La ruana.
    http://www.youtube.com/watch?v=tIlHMmp5kF4

    ResponderEliminar

Ingrese aqui su comentario, de forma respetuosa y argumentada: