lunes, 21 de abril de 2014

Un señor muy viejo con unos libros enormes





                                                                  
                                                                      Para Angie, la desmemoriada                                         

“ He muerto de fiebre en los médanos de Singapur”, le dice el fantasma del gitano Melquiades a su compinche José Arcadio Buendía en uno de sus regresos al mundo de los vivos. Desde hace siglos, antes que un pueblo, los gitanos son una metáfora. Símbolo del peregrino, del desterrado, sabio a fuerza de  auscultar los latidos del mundo, como corresponde a  todo gran poeta.
Melquiades  se mueve en  la tenue frontera que separa a vivos y muertos. En esos límites, bien lo sabemos, acontece el olvido y la obra toda de Gabriel García Márquez es una lucha por conjurar  esa plaga que nos devora como individuos  y como sociedad.
A muchos lectores nos gusta buscar rastros del autor  en las ideas  o manías de algunos de sus personajes. En mi caso siempre sentí que si hay algo del García Márquez hombre en sus obras de ficción es en  Melquiades. Andariego, exiliado. Locuaz o silencioso dependiendo de las necesidades del momento. Iniciado en los misterios más sencillos y en los más grandes, va por el mundo ayudándonos a descifrar las claves de un destino incierto hasta  para los mismos dioses, como bien lo intuyeron los clásicos griegos desde el  viejo Homero.


“¡Mierda!” supongo que debió exclamar el coronel Aureliano Buendía, encerrado en su taller de orfebre, interrumpiendo la fabricación  del enésimo pescadito de oro al conocer  la noticia de la muerte de su creador. “¡Ave María purísima!” debió gritar  Úrsula Iguarán, atravesando con su clarividencia de ciega las paredes de la muerte.“¡Ahora si Melquiades se nos murió del todo!”, supongo que dijo el espectro de José Arcadio Buendía, amarrado al castaño del patio.
Hace  unos cuatro años emprendí con mi hija adolescente una aventura  de la que nadie sale incólume: noche tras noche, después de la merienda, le leí en voz alta las trescientas sesenta páginas de Cien años de soledad. Era mi propia manera de vacunarla contra la peste del olvido. Con una paciencia impensable a su edad, tejió y destejió la  urdimbre de Aurelianos y José Arcadios, las ansias de Pilar Ternera, las pesadillas de Rebeca  y Amaranta, la indolencia de Remedios la bella, y los desengaños del coronel, hasta dar con el  hilo de sangre que viaja desde el lugar  donde acaba de  morir José Arcadio  hijo y termina por colarse bajo la puerta de la cocina donde Úrsula no hace cosa distinta a comprobar lo que ya  le habían anunciado sus corazonadas de madre.


Pero lo que más le impactó fue la visión de ese tren cargado de cadáveres que atraviesa las plantaciones de banano hasta dar  con su carga de horrores en las aguas del mar Caribe.“¿Si eran tantos los muertos, como pudieron decir que no existieron?” me preguntó en una pausa de  la lectura. Así es la historia de Colombia, le respondí : plagada de engaños  y negaciones. Porque, más allá de la etiqueta de realismo mágico acuñada por editores y reseñadores de libros, Cien años de soledad es en realidad  un relato cifrado de este país nuestro de penas y olvidos.Tanto, que todavía hoy existen quienes pretenden contarnos la violencia entre liberales  y conservadores como una fábula de campesinos  borrachos o  la confrontación de guerrilleros  y paramilitares  como una  lucha entre buenos y malos.


Por esas razones, dejando de  lado las declaraciones patrioteras que hablan de “ Nuestro Gabo”, aunque el autor de la proclama no haya leído una sola de sus páginas , de García Márquez nos queda un puñado de libros que ojalá puedan ayudarnos a luchar contra la peste del olvido. Solo por esto último, no existen palabras para expresar  todo el sentimiento de gratitud  por la obra de este  señor muy viejo que vino al mundo a dejarnos como legado unos libros enormes.

PDT :  les comparto enlace a una canción de Bienvenido Granda, el cantante favorito del mago de Aracataca.
 http://www.youtube.com/watch?v=sOpz0IZj7cE

6 comentarios:

  1. Qué decir de GGM... La anécdota de las lecturas a tu hija ilustra uno de los puntos, creo yo, que hacen realmente grande al escritor: su capacidad para ser el orfebre, el alquimista, el forjador de la memoria de un pueblo. El hombre tuvo la medida de la grandeza de un país o un continente entero y la transmitió en cuántas hojas... 360 dices? Qué hazaña, fue nuestra desaforada combinación de Rabelais, Dickens y Cervantes.

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  2. La memoria : ahí está la clave, mi querido don Lalo. No es otro el papel de un escritor. Entablar , a través de las palabras, una lucha tan hermosa como inútil contra la disolución que nos aguarda al final del camino.

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  3. Con respecto a eso de que “a muchos lectores nos gusta buscar rastros del autor en las ideas o manías de sus personajes” a mí me ha costado una enormidad encontrarle defecto o manía personal, sinceramente no recuerdo detalle de algún abrupto o desvarío de su carácter. Incluso en su autobiografía (Vivir para contarla) apenas hay datos que nos permitan conocer a fondo al hombre que fue. Tal vez peco de falta de perspicacia o la memoria me falla. Como es sabido, estos días, han llovido los homenajes editoriales de escritores y críticos literarios de todo el orbe: todo son anécdotas favorables y loas interminables, algunas exageradas, pero no hay rastros de alguna acusación en su contra ¿era tan santo o perfecto el hombre?¿ni un solo desliz o patinazo? Por lo menos a mí me causa urticaria su cercana y larga amistad con el tirano de Castro. Simplemente me remito a la advertencia de Camus de que los escritores siempre deberían mantener cierta distancia si quieren permanecer fieles a sí mismos. En cualquier caso, sigo revisitando alguna de sus obras con el mismo deleite de siempre. En ese sentido, Garcia Márquez es imperecedero y un maestro universal.

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  4. Nada de santo, apreciado José : una cosa es la obra y otra la persona, llena de contradicciones, de grandezas y bajezas, como todos los mortales. Supongo que, una vez pasado el escándalo mediático, se le empezará a valorar en la justa medida. De momento sucede que, como reza el refrán " No hay muerto malo ni niño feo":

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  5. Gustavo, vuelvo después de las vacaciones obligadas. Espero algún día, si tengo hijos, leerles la crónica de los Buendía. Le comento que el homenaje a García Márquez en Ciudad de México resultó muy emotivo. Primero por las tonalidades de la lengua española reunidas alrededor del Palacio de Bellas Artes. Los Latinoamericanos hablando de literatura y recordando literatura. Segundo por ver a un grupo vallenato tocando Matilde Lina en la máxima casa de artes de México. Será mu nacionalista pero eso conmueve un poco.
    Si un hombre puede conciliarnos como habitantes de este continente, si nos puede hacer debatir de manera justa, si nos puede hacer sonreír y sentirnos pertenecientes a la literatura, ser ella y hacerla también nuestra historia; ese hombre merece todos nuestros agradecimientos y honores.
    Abrazos.

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  6. Estamos de acuerdo, apreciado Eskimal: más allá de la histeria desatada por medios y gobernantes, si un hombre es capaz de ayudarnos a comprender la realidad por medio de la poesía, merece nuestra eterna gratitud.
    Una duda : ¿ Qué es eso de " vacaciones obligadas"? ¿ Lo forzaron a descansar y disfrutar?

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