jueves, 5 de junio de 2014

Arte numérico





¿Alguna  vez les ha  pasado que la lectura de un libro no los deja dormir?  Sucede que por estos días despierto a medianoche y me dirijo como un sonámbulo a la biblioteca, con el propósito de consultar asuntos tan dispares como:
Los números primos
Los números transfinitos
La decantación de los minerales
Los viajes en globo aerostático
La Revolución mexicana
La disolución del imperio austrohúngaro
La sodomía como forma de la experiencia mística
La revolución rusa de 1905
El  mundo  paralelo donde habitan los muertos
El universo  de cuatro dimensiones
La faceta mortífera de la luz
La cábala
La capacidad de estar en dos sitios al mismo tiempo, conocida como bilocación
Los arcanos mayores del Tarot
El tráfico de armas
Los años que precedieron a la primera Guerra mundial
La explotación minera en las fronteras de Estados Unidos y México
La composición química y física del espato de Islandia

Como supongo que su paciencia  tiene un límite suspendo aquí la relación de ingredientes- son muchos más- con los que  se cuece la novela Contraluz ( Against  the day), de Thomas Pynchon,  esa especie de hombre invisible de las letras que una vez enviara a un cómico a  reclamar  un premio literario que le había sido otorgado.
El relato empieza con una descripción de Los Chicos del Azar, una cofradía de jóvenes despreocupados y expertos en meterse en líos, planeando sobre el escenario donde se desarrolla la Exposición Mundial de Chicago, un evento  considerado por muchos como el gran hito de la revolución industrial. Viajan a bordo de un dirigible bautizado con el elocuente nombre de Inconvenience, donde los acompaña un perro agudo y mordaz llamado Pugnax. Tras abandonar  Chicago visitan el Londres  del final de la era victoriana, los Balcanes donde se desatará la carnicería de la primera  Guerra  mundial, la gélida Islandia cuna de extrañas leyendas, la estepa rusa donde al parecer acaba de caer un meteorito y las ruinas de una extraña ciudad  subterránea  ubicada en el Asia Central.
Para los místicos pitagóricos no existe diferencia alguna entre los números y  la experiencia religiosa: las dos son formas de acercarse al misterio, es decir, al abismo. A  la frecuentación de esos  abismos  dedican la vida los erráticos y algunas veces lúcidos personajes de esta novela.  De hecho, algunos de ellos piensan que  existe algo así como un lenguaje críptico, un código de la redención. Así como los cabalistas creen que el nombre secreto de Dios yace oculto en cuatro letras conocidas con el nombre de Tetragrammaton, Yashmeen, la más misteriosa de las mujeres que habitan la obra, está convencida de que no hay diferencia alguna entre el orgasmo y las visiones prodigadas por las intuiciones matemáticas. Por eso el propio cuerpo y el de los otros  es apenas   un instrumento para acercarse al rostro velado de su divinidad.


Los críticos de la Ilustración lo advirtieron  en su momento: la racionalidad absoluta es también una forma de locura. Y  algunos personajes de  Contraluz lo sospechan todo el tiempo. Ya se trate de los hermanos Traverse, algo así como una familia de pistoleros sabios, o de los anarquistas que pretenden  borrar del mapa a los poderosos del planeta, en todos ellos  alienta la idea de que tras el capitalismo y la técnica,  las mayores expresiones de la racionalidad moderna, subyace el propósito de suprimir lo humano. De hecho, en las lógicas de esos dos  mundos las personas son meros instrumentos, como lo recita todo el tiempo Vibe Scardale, algo así como la personificación del capital. No por nada es el resumen de lo que los  Traverse y otros utopistas quisieran erradicar de la faz de  la tierra. Todos ellos parecen hacer suya la consigna del troyano Eneas en La Eneida de Virgilio: “Solo hay una salvación para los vencidos: no esperar salvación alguna”.
Pero no solo  Los Chicos del Azar ostentan la condición del Judío errante. De hecho todos los personajes de la novela están signados por el desarraigo.  Desde los magnates para los que la única patria es el dinero, hasta esa legión de espías, científicos, buscadores de oro, magos, traficantes y toda suerte de aventureros que conforman el coro de esta perturbadora saga. Todos, sin excepción, huyen o van en busca de algo. Es decir, como todos los seres humanos. Solo que para  los protagonistas de esta historia, que es en realidad el cruce de muchos relatos,  los goces escasos y los sufrimientos sin límites siempre vienen por duplicado.


Y aquí entra en juego el espato de Islandia. Se trata de una calcita transparente romboédrica  cuya particularidad  óptica consiste en la doble refracción: produce imágenes duplicadas de los objetos. El curioso mineral deviene entonces metáfora del destino. Siempre existe la sospecha de una puerta  hacia una realidad  paralela en la que las cosas fueron, son o pueden ser de otra manera. La clave está en la luz, o en el tiempo, que es uno de sus avatares y por eso, a su modo, todos buscan  el método para arrebatarle sus secretos. Para ello eligen muchos caminos: el dolor, la poesía, los números, el sexo,  la utopía, la, magia, el poder, el crimen, el dinero, la intriga… o la muerte que puede significar  no el  final sino el principio de todo.
Las 1320 páginas de Contraluz suponen un viaje al extremo de las obsesiones de Pynchon: la mente como un territorio  lleno de iluminaciones  y por lo tanto de peligros. Las múltiples formas  de poder como expresión suprema del mal. Los Estados Unidos como habitáculo de la locura. El sexo como una frágil  y al final inútil vía de redención. El capitalismo en tanto instrumento de alienación. La estupidez sin remedio de la masa. El  sinsentido de la Historia. Los precarios consuelos del amor. En fin,  que nada humano es ajeno a la ácida y delirante  pluma de este autor que, entre otras cosas, se formó como ingeniero y por lo tanto sabe que, en  muchos sentidos, la gran literatura es también un arte numérico.

7 comentarios:

  1. Fascinante su reseña, estimado Gustavo. No he leído todavía a Pynchon pero por lo que nos sugiere usted, demuestra tener una imaginación desbordante, a ratos delirante, algo escapista, con evocaciones que se saltan los límites de la realidad y la ficción, dando la impresión de que en sus páginas aguarda una vorágine al lector. Por cierto, al leer algún libro, tengo debilidad por los datos y personajes históricos, si no me suena cierto nombre, voy corriendo a alguna enciclopedia o diccionario.

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  2. Apreciado José: proclives como son a las etiquetas y taxonomías, algunos críticos le endilgaron a Pynchon el calificativo de " exponente del realismo mágico norteamericano". Como usted puede ver, de entrada estamos ante tres nociones bastante problemáticas : realismo, mágico y norteamericano. Así que mejor disfrutemos la lectura de su obra.

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  3. Hola, Gustavo, aquí estoy, reponiéndome de una infección que me ha llevado al hospital. Es fascinante lo que cuentas, qué imaginación la de Pynchon. Me has convencido, voy a desenterrar el grueso volumen que me regaló mi hijo, con una de sus novelas, y me pondré a ello. Admito que el mamotreto me había descorazonado a primera vista.

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  4. Mi querido, don Lalo : Pynchon aparte, espero que ya se encuentre bien. A propósito de infecciones, yo me alivié de una mientras leía en la clínica 2666, un mamotreto de Roberto Bolaño, regalo de mi compinche Juan Carlos.
    Los libros son lo mejor para eso.

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    1. Yo he estado leyendo uno de Jorge Amado, Los pastores de la noche, con muchas putas mulatas, personajes extravagantes y bares que alfombran las callas de Bahia...

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  5. Gustavo, su lista de obsesiones literarias-nocturnas me recalca las mías. Ahora leo los años con Laura Díaz, de Carlos Fuentes, y los nombres de ciudades veracruzanas y calles de Ciudad de México me han llevado a ahorrar un dinero para irme de expedición. Hace poco busqué en la calle Donceles el número de la casa donde vivía, o vive Aura, pero no la encontré. Ahora, Contraluz me interesó y desde este momento haré una lista de libros que en sus escritos usted recomienda para así leer.
    He recordado una película animada japonesa, anime, como se conoce, se llama Steamboy, es de Ciencia Ficción, se sitúa en la Revolución Industrial, en la ciudad de Manchester y el protagonista en un joven inventor. También se vino a mi mente la crudeza y la tensión de Aronofsky en Pi: Faith in Chaos. Extrañas relaciones. Saludos.

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  6. Conozco la pelicula Steamboy, apreciado Eskimal : mi hija es devota del anime.
    Eso de buscar la dirección donde habita un personaje de ficción es una prueba más del poder de las palabras para derribar fronteras, reales o inventadas. Pero no pierda la esperanza: los personajes de novela son bastante proclives a olcurtarse y a dejar falsas pistas en su ruta de escape.

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