jueves, 12 de febrero de 2015

Masa y comunidad




 Tom Brady, mariscal de  los Patriots de Nueva Inglaterra y Martín Ladino, líder comunitario en una  zona rural de Pereira, Colombia, no se conocen. Bueno, ustedes dirán que no tienen muchas probabilidades de hacerlo y les asiste toda la razón. El primero jugó la final   del fútbol americano en 2015, un evento considerado  por los enterados como  “El espectáculo más exitoso en la  historia de la industria del entretenimiento”. El segundo apenas si es reconocido en su vecindario como una persona que consagra su vida al servicio de los demás.
Como dicen que el aleteo de una mariposa en  China puede ocasionar  una tormenta en el mar Caribe, quiero pensar  que  ese domingo 1  de febrero  sus vidas estuvieron conectadas por un hilo sutil y misterioso.  Martín presidía un convite,  o si ustedes quieren, una panda de vecinos  que se reúnen para resolver un  problema común: en este  caso para arreglar la carretera y los  caminos de acceso a sus  viviendas, deteriorados por  una labor mancomunada entre las lluvias y la desidia estatal.


  Trabajaron sin parar durante todo el día con sus picos y palas, intercambiando anécdotas, haciendo  pausas para refrescarse con limonada  y para almorzar un sancocho de tres carnes  a cuyos ingredientes aportaron todos, cada quien según sus posibilidades. Recordé que convite viene de convidar, invitar, convocar los esfuerzos  y la inventiva de un  grupo de individuos para hacer frente  a una dificultad o aprovechar   una oportunidad que al final los beneficiará a todos. Es una fuerza centrípeta lo que los lleva a juntarse.
Por su lado, Brady era el centro de atención de  los ochenta mil asistentes al estadio, aparte de ciento  catorce millones de  televidentes, solo en los Estados Unidos de Norteamérica. Según leí, esa tarde se consumieron  en el país  trescientos veinticinco millones de litros de cerveza, para no hablar de las toneladas de hamburguesas, salchichas y papas fritas, sumadas  a otros tantos miles de litros de gaseosas.


A  Martín Ladino y sus  vecinos todavía los une el sentimiento de pertenecer a  un universo  común, a una comunidad. Cada día tejen unos lazos  que los ayudan a vivir.   Los  devotos  del Superbowl se juntan   en las entradas del  estadio  o  se apiñan  frente a los televisores formando una masa compactada por las emociones que empieza a disolverse, incluso a repelerse empujada por una fuerza centrífuga una vez concluido el juego.   La índole de esa fuerza es lo que, en últimas, diferencia a la masa de la comunidad. La clave acaso resida en la manera de concebir el  rol del individuo ante la propia vida y la de los demás.
El individualismo,  que en los sueños de los filósofos liberales apuntaba a fortalecer la autonomía y a defender las libertades, derivó en las fases  extremas del  consumismo hacia el egoísmo y la egolatría. Basta con mirar  un  momento a los fanáticos de las selfies, esas legiones de  Narcisos autistas dedicados a fotografiarse  a sí mismos, como si el afuera y quienes lo habitan hubiese  perdido todo interés, para darse cuenta del problema. El otro  se ha vuelto invisible y solo despierta mi interés  cuando puedo hacer una transacción con él, ya sea económica, sexual o  de alguna otra índole.   El que está a mi lado es mi semejante porque asistimos al mismo espectáculo  o porque usamos el mismo tipo de ropa. En esa frontera se desvanece toda opción por lo público  entendido como territorio de encuentro y  consenso.


En mi intento por ligar los destinos de Tom Brady  y Martín Ladino  creí  hallar  una de las claves.  En una masa  el todo es la suma de las partes,  aunque estas se ignoren entre sí. Para una comunidad es vital en cambio el diálogo, la relación entre las partes.  Quizás eso explique por qué  la apabullante  consolidación de la primera  y el debilitamiento  sistemático de la segunda es uno de los propósitos  de todos  los poderes  que gobiernan el mundo : mientras las emociones de la masa pueden ser manipuladas a capricho, los  sentimientos de una comunidad pueden  convertirse en poderosa y por lo tanto peligrosa expresión política.

5 comentarios:

  1. Muy buen retrato del abismo abierto entre masa y comunidad, Gustavo. Y es preocupante porque muchos de nosotros probablemente nos sintamos más próximos a la masa que a la comunidad, simplemente porque pertenecer a la segunda exige un esfuerzo mayor y no da tanta satisfacción inmediata y perceptible. Supongo que esta deformación del sentido de responsabilidad va de la mano con el creciente deterioro de la confianza en la autoridad (la autoridad responsable) y explica el fenómeno del aislamiento de los jóvenes, tan común en Japón, donde se lo conoce como "hikikomori", o "retiro". Chicos que se pasan meses sin salir de sus habitaciones: total, para qué. A Martín Ladino no se le ocurriría algo semejante.

    ResponderEliminar
  2. Tiene razón mi querido don Lalo : para integrarse en el amasijo basta con dejarse llevar por su poder hipnótico. Eso, sumado a la propia inercia facilita las cosas. Publicistas y demagogos- y aquí es necesaria la redundancia- conocen esa dinámica a la perfección.
    Sumarse a la comunidad exige en cambio un gran esfuerzo de comprensión y aceptación, tanto de lo que nos une, como de las cosas que nos separan.

    ResponderEliminar
  3. A donde habrá llegado este fenómeno de las selfies, que puede provocar situaciones aberrantes como el caso de un avión ejecutivo que se estrelló en EEUU; según los expertos aeronáuticos, debido a que el piloto se distrajo tomándose una foto en pleno vuelo. (adjunto link, para no creer).
    En nuestro país, toda esa cultura de la solidaridad comunitaria se llama “ayni” (del quechua ‘ayudar’) y que se practica desde hace siglos, muy similar al ejemplo que nos plantea. Lamentablemente el actual régimen ha trastocado su esencia, pervirtiéndola para sus fines, de tal manera que actualmente maneja a las comunidades, especialmente indígenas y campesinas, a través de operadores mal llamados dirigentes como si fueran simples hatos de borregos a los que movilizan bajo coacción o amenaza. Todo ello expresado a través de lo que llaman ‘voto comunitario’ o ‘decisiones orgánicas’. En suma, pequeñas dictaduras donde mandan caciquillos que a su vez sustentan a todo el régimen como aliados.

    ResponderEliminar
  4. Y me olvidaba lo del link:
    http://www.infobae.com/2015/02/04/1624883-estrello-un-avion-sacarse-selfies-mientras-lo-piloteaba

    ResponderEliminar
  5. Claro, José. No podemos olvidar que las diferentes tendencias fascistas convirtieron los valores de la comunidad en puro corporativismo, que es el camino más expedito para canalizar y controlar las expectativas de las personas.
    En el otro bando ideológico tenemos, claro, la perversa experiencia leninista de los soviets, o la todavía más terrible de la " Revolución cultural" del maoísmo.

    ResponderEliminar

Ingrese aqui su comentario, de forma respetuosa y argumentada: