jueves, 19 de febrero de 2015

Orgasmo exprés




 Si usted pertenece a la categoría de los desventurados que solo disponen de cinco minutos para desahogarse en un polvo triste y a las carreras, desengáñese: desconozco la fórmula para esa variante de la gimnasia express. Al contrario: la exploración minuciosa del cuerpo de la prójima  es para mí parte indispensable de esa fiesta de los sentidos. No voy a ahondar en más detalles.
Sucede que descubrí el título del libro  en la vitrina de una tienda céntrica: Orgasmo en cinco minutos, escrito por una tal Tina Robbins. ¿Cinco minutos? Eso tarda uno  en averiguar los datos  básicos del objeto de su deseo: nombre, helado favorito, signo zodiacal, canciones preferidas, qué sé yo.
Entonces lo entendí: la idea pertenece  a esa línea de propuestas aberrantes dirigidas a consolar a quienes  han sido despojados de la condición  esencial del ser: el tiempo.  Estamos hechos de esa sustancia  intangible y real a la vez. Vivimos en ella y nos aproximamos  a sus bordes a través de los recuerdos. Con ellos  tejemos la ficción indispensable   de la  historia personal. La conclusión puede ser atroz: si no vivimos las experiencias  a plenitud,  en el futuro  careceremos de  los  recuerdos necesarios para recorrer el resto del camino, hasta llegar al punto  donde nos aguarda la plenitud, es decir, la disolución. El punto final que es a la vez el comienzo de  otra historia: la de quienes nos sucederán en el giro  de  la rueda que nunca se detiene.


Solo  de esa manera puede entenderse la  propuesta de la señora Robbins: el suyo es un consuelo dirigido  a quienes, atrapados en  el compulsivo engranaje de la producción, el consumo y el derroche, cuyo costo es precisamente  la pérdida del tiempo  necesario  para el goce y el conocimiento, solo disponen de trescientos míseros segundos para dedicarle al disfrute de un juego que madre natura tardó millones  de años en perfeccionar.
Con la invención de  los relojes mecánicos, los dueños del poder acuñaron la frase que habría  de marcarse a fuego vivo en la piel de sucesivas generaciones desde el Renacimiento europeo: " el tiempo es oro". En su lógica  significa que  de ahí en adelante cada segundo sería medido y pesado en términos de bienes materiales    producidos o  dejados de producir en beneficio o perjuicio  de quienes controlaran el capital.  Unos siglos después  Taylor hablaría de la “hora hombre”, que en sus perfeccionamientos posteriores apuntó siempre a una ecuación perversa: un ser humano vale lo que  produce en una hora. Al contrario de la creación científica   o artística, cuya fuente nutricia es el tiempo libre, el capitalismo hizo  de la conversión de cada segundo en dinero su único credo: una vez puesta en marcha la máquina no puede parar. Por eso la publicidad  enfoca   todos sus esfuerzos a exacerbar los deseos y a inventar necesidades donde  no existen. Es la vieja figura mítica de la serpiente mordiéndose la cola.


 Con ese panorama era inevitable que aparecieran  engendros de toda índole: cursos de lectura rápida, como  si el goce  infinito de adentrarse en las páginas de un buen libro  fuera una carrera contra el reloj. Artefactos para realizar toda suerte de acciones sin movernos de la casa, privándonos de paso de esa fuente inagotable de descubrimientos   y aventuras que se despliega ante nosotros con solo salir a la calle. Y ahora la señora Robbins, quien quiera  que sea, nos sale con esto: una fórmula  para   echar polvos  fugaces entre  una reunión y otra. No leeré el libro: suelo utilizar mi tiempo en otras cosas, pero  me ocupé de darle un vistazo  a las reseñas.  Desde  luego, aquí ni siquiera puede hablarse de calidad literaria. Pero el  pobre Eros debe estar tirándose  de los pelos en su   Olimpo contemporáneo ante la  mera idea de que en unos pocos siglos  su legado haya sido reducido a la misma función que cumplen las “pausas activas”  adelantadas en las empresas entre  una transacción y otra para que los funcionarios no enloquezcan del todo.

6 comentarios:

  1. Supongo que la señora Robbins apunta a un mercado bastante amplio, de parejas en las que el hombre tiene un orgasmo prematuro, o al menos mucho más rápido que el de su pareja. Típico ejemplo de libro escrito por encargo, o para llenar "un vacío". Casi todo se hace ahora siguiendo esta fórmula. En un par de excelentes artículos en el NYT, Frank Bruni recuerda su luminosa experiencia de hace varias décadas, cuando su ex profesora de Literatura, una tal Anne Hall, recitaba versos del Rey Lear y les decía a sus alumnos que ese momento de belleza era trascendente. Bruni visitó recientemente a su ex profesora para preguntarle sobre qué quieren o esperan ahora sus jóvenes alumnos. Ella le dijo que ahora todo sigue la moda. "Chaucer se ha convertido en Chaucer y la Mujer en la Edad Media", o "Chaucer y los Animales", o "Shakespeare es ahora Shakespeare y las Películas". Y la veterana profesora apunta que "en mi humilde opinión este curso es sobre películas, no sobre Shakespeare". Ahora los estudiantes sólo quieren aprender (sin mucho esfuerzo) cosas que le sirvan para ganar más dinero o disfrutar de mayor placer físico, no para estimular su cerebro, apunta por su parte Bruni. Quieren aprender, por ejemplo, a tener un orgasmo en 5 minutos, lo cual quiere decir que en media hora pueden tener más placer que en una noche de juerga del antiguo estilo. En fin.

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  2. Eso, el privilegio de asomarnos a "la belleza trascendente" es lo que hemos perdido en medio del vértigo, entre muchas otras cosas, mi querido don Lalo. Por eso mismo ya no se habla del disfrute sino del " desempeño sexual", tal como se le exige a un operario eficiencia y eficacia en el cumplimiento de sus funciones. A propósito : para la fórmula del orgasmo en cinco minutos ¿ Cuál será la eficiencia y cuál la eficacia?

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  3. El libro referido es, sin duda, otra mercancía que pretende satisfacer una necesidad recién inventada. Hasta dónde llegará la insensatez humana que pretende reducir hasta los más exquisitos placeres a simples actos rutinarios y repetitivos, como si se quisiese aplicar una fórmula a todo. Otro libro cazabobos que seguramente tendrá su porción de mercado, porque lamentablemente siempre hay gente desesperada.

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  4. Pero resulta un poco contradictorio, por no decir un despropósito total, que haya tiempo para leer libros completos y no para fornicar toda la noche. Me acuerdo de otro libro parecido: Sea feliz en diez pasos.

    Cami.

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  5. " Optimización del recurso ", llamaría un tecnócrata a esa extraña obsesión de echar un polvo en el menor tiempo posible, apreciado José. A ese paso, la eyaculación precoz va a convertirse en una ventaja comparativa.

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  6. " No es por vicio, ni es por fornicio : es por hacer hijos en tu santo servicio", rezaban de rodillas los matrimonios santificados, antes de consagrarse- en el más hondo sentido de esta expresión- a los goces del cuerpo.
    Pero esos al menos gozaban, por el hecho mismo de la transgresión. Ahora lo que pretendemos es instrumentalizar el fornicio, uno de los pocos territorios salvajes que nos quedaban.

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