domingo, 13 de noviembre de 2016

Hasta el fin del amor



         
                                                    
                                                               Para Julio, el hijo de Alicia
                                              
Igual que tantas otras cosas importantes de mi vida, lo descubrí al  promediar la década del setenta. Miriam, una profesora de música libertaria y medio mística, nos compartió en el aula grabaciones  en casete de algunos versos  cantados por  un poeta  dueño de una voz densa y lenta que casi nos mata de aburrimiento. Por esos días no entendí ni jota de la letra, pero  de todas  maneras el misterio- la sagrada esencia del misterio- anidó en  alguna parte de mi ser adolescente.
Apenas un lustro después, cuando  el mundo empezaba una época de pesadilla, como todas, pude  asomarme  al borde de la herida, porque eso era la canción: una herida renovada cada mañana por  la voz de un poeta y músico llamado Leonard Cohen. Chelsea Hotel es el título de  esa historia en la que  la habitación  de ese mítico lugar  es en realidad una metáfora del desarraigo, del profundo extrañamiento de quienes, como la mayoría  de habitantes de  Norteamérica, han sobrevivido  a todos los destierros.
Y  Leonard- lo supe años más tarde- no era ajeno a esa condición. Hijo de una familia judía burguesa de origen lituano, sospechó desde muy temprano que el relato del  Éxodo en el Antiguo Testamento era en realidad una clave cifrada del destino de los suyos y se preparó para enfrentarlo desde el fondo de sus entrañas.  Meditó mucho. Leyó cuanto libro estaba a su alcance, especialmente de poesía, filosofía, política y mística. Con esas armas, se sumergió en los profundos cambios sociales y culturales experimentados durante  y después de la  Segunda  Guerra Mundial y vivió  para cantarlo con esa voz suya llena de pausas y sugerencias de algo velado. De lo que  nunca se dice.


Con ese espíritu y esa voz nos legó versos como estos: “I remember you well in the Chelsea Hotel/ You were talking so brave an so sweet/ Giving me head on the unmade bed.”  “Valiente y dulce”. Nunca nadie, ni el más atinado de los cronistas, pudo definir con tanta precisión a Janis Joplin. Ni siquiera  los que también se  habían   ido a la cama con ella. Solo un espíritu como el de Leonard  supo vislumbrar la insondable desolación de esa mujer, para algunos la más original cantante blanca de blues, que   la llevó a morirse de tristeza y rabia a los veintisiete años. “Those were the reasons/ And that was New York/ We were running for the money  and the flesh”.
Esa era y es  Nueva York. Y así es el mundo: un montón de gente solitaria corriendo en pos del dinero y la carne como última recompensa. Cohen lo supo como nadie y por eso en esa canción pudo agradecerle a Janis la compasiva, la fugaz redención de una mamada en el Chelsea Hotel: “ You were famous, your heart was a legend/You told me again you prefered handsome men/But for me you would make an exception” dice al final de esa plegaria.


Por versos como estos, Leonard se hizo acreedor al Premio  Príncipe de   Asturias a las Letras en su edición 2011. Por alguna razón,  los pontífices que determinan donde empieza y donde acaba la literatura no armaron la pataleta que le dedicaron al Nobel de Bob Dylan- otro desarraigado  exitoso- hace apenas un  mes. Tal vez los  sorprendió  con la guardia baja o ignoraban que el autor de  Suzanne y Hallelujah, era un  “simple”  cantautor. A lo mejor pensaron que se trataba de un desconocido pero valioso autor llegado de   las estepas rusas, igual que tantos judíos desterrados y tocados por el vuelo de la palabra y la poesía.
Quienes  amamos la lucidez de sus versos y la suave cadencia de su voz nos despertamos  con un vacío nuevo el pasado 10 de noviembre: a los ochenta y dos años  había muerto ese hombre que una vez se recluyó en un templo budista, para regresar con más bríos a cantarle al oído a una de las mujeres que  amó y lo  amaron: “Dance me to the end  of love”. Y a fe que sus deseos se cumplieron.

PDT  : les comparto enlace a la- ineludible- banda sonora de esta entrada

9 comentarios:

  1. ¡Ah carajo!, veo que compartimos la misma pasión por esta canción (de lejos, mi favorita). Creo que tendremos que resolverlo quién se queda con ella, en un duelo al amanecer, aunque sea de manera digital. Descubrí al gran Leonard por casualidad, en una película noventera donde ponían un vinilo como banda sonora: sonaba a cada rato el “everybody knows” y quedé subyugado por esa voz desgarrada, como si el peso de todas las guerras y demás tragedias humanas le viniera encima. No es casualidad que el más incombustible de todos los trovadores, haya resuelto irse justo ahora (como me decía un amigo) para no vivir en mundo gobernado por Trump.

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  2. Como quien dice, el viejo y querido Leonard "hizo mutis el foro", apreciado José.
    Y creo que, por esta vez, no tendremos que batirnos en duelo insangriento: puestos a escoger en este empate técnico, me quedo con Chelsea Hotel.

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  3. El otro día Ross Douthat decía que el mejor comentario de Cohen en estos momentos no sería "Hallelujah" sino "First we Take Manhattan then we Take Berlin". Aquí está el link si quieren escucharlo.

    https://www.youtube.com/watch?v=JTTC_fD598A

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  4. Mil gracias por el enlace, mi querido don Lalo. Supongo que Cohen parafrasea unos versos de un poeta cuyo nombre no recuerdo en este momento, y que dicen así : " First we take the heaven then we take the hell".

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  5. Maestro, intentaré escuchar con mayor interés a Cohen. No soy uno de sus admiradores, ni siquiera de Bob Dylan lo soy, pero reconozco su fuerza poética. Me inclino más pot Tom Waits. Saludos.

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  6. Bueno, apreciado Eskimal. Sucede que , a pesar de todo, en Dylan y Cohen todavía hay esperanza. Tom Waits supone, no solo la aceptación, sino la exaltación de la derrota, lo cual constituye una manera de curarse en salud. Digo...dada la condición del hombre y del mundo.

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  7. Supongo que al final todos hemos de terminar, también, disfrutando a las mujeres frías y la cerveza caliente...

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    1. Qué desoladamente bello resulta eso de " Las mujeres frías/ y la cerveza caliente".
      ¡Salud!

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  8. Qué desoladamente bello resulta eso de " Las mujeres frías / y la cerveza caliente".
    ¡Salud!

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