miércoles, 8 de julio de 2026

Este lugar que habitamos

 





El dolor, el olvido, el amor, la fugacidad ,el desamor, la belleza, la fragilidad, el sueño, el tiempo, la eternidad, el abismo, la muerte. Esos son los tópicos de la poesía de todos los tiempos.  En ellos se inscribe el palimpsesto que llamamos vida. La marca de agua de nuestro paso por el mundo. A lo largo de los siglos los poetas vuelven una y otra vez a esa fuente en busca del sentido, no de la vida que a lo mejor no lo tiene, sino del lenguaje que nos dice.

En esa medida el libro es camino, el poema encrucijada y la palabra señal tallada en el lomo de una piedra.

La ruta elegida por el poeta Deyvi Gutiérrez (Pereira, Colombia, 1985) para interrogar este lugar que habitamos es la del sueño, ese cruce de caminos que inquieta a los humanos desde el comienzo de los tiempos. El sueño, ese espejo opaco que a veces nos ofrece destellos de la vigilia. De ahí el título de su libro: Biografía del sueño, un poemario de setenta y siete páginas auspiciado por el Grupo Frisby bajo el sello de Cuadernos Negros.

Entendido así, el desafío del poeta es el acceso a lo inasible… Pero ¿es posible tal cosa? En efecto, es posible si el poema es pregunta y no respuesta, enigma que se despliega como un cuerpo siempre dispuesto al deseo y a la evasión. Por eso cada verso es sendero que se bifurca, cada palabra señal equívoca. El libro es aquí perpetua vuelta a empezar. Siguiendo esa ruta, el poema titulado La casa que linda con los sueños (página 74) es, a su modo, una declaración de principios:

 

(…) Nosotros aprendemos del sueño su ambientación

su extraña forma de hilar los eventos

él aprende de nosotros a caracterizar

y a definir a sus personas

a dar veracidad a sus historias

La máquina del sueño

sistema de proyección sofisticado

Nosotros solo jugamos con pantallas

No le gusta cuando lo abandonan

y cada vez aprende a dejarnos más tiempo

En él estamos haciendo otra residencia

para mudarnos definitivamente

Este lugar que habitamos pudo empezar en un sueño (…)

 

Hilar los eventos, caracterizar y definir a sus personas, dar veracidad a sus historias:  la voz del poeta nos advierte que la máquina del sueño dirige el teatro del mundo y por eso debemos estar siempre atentos a sus señales. Un descuido y nos precipitamos en el sin sentido.

Ahora bien: ¿Mudarnos definitivamente hacia dónde? Eso depende de cuánto confíe el lenguaje en nosotros. Siempre estaremos al borde de elevarnos hacia la gracia o de despeñarnos en la insania. El poeta, el buen poeta lo sabe y juega sus cartas. En este caso, si hemos de tratar con la materia del sueño, la levedad tendrá que ser la primera de esas cartas. Después de todo, En él estamos haciendo otra residencia. El destino de esa mudanza parece ser lo infinito:

                                                

                                               (…) Lo infinito que tenemos por delante

mide lo mismo que lo infinito hacia atrás

sin importar cuánto nos movemos

debe ser la misma distancia

como un centro damos la medida

Una curva que se cierra constante

en todos los puntos y en ninguno (…)





Que somos el centro de la nada es una vieja intuición de los poetas de todas las épocas.  El acento de Deyvi Gutiérrez en el poema titulado Lo eterno (página 47) apunta a convertir esa intuición en certeza. Y a la nada solo podemos responder con el instante, con la moneda de lo efímero. Con ella pagamos el tránsito a la disolución de la que el sueño es metáfora, porque:

 

(…) Las palabras tienen fecha de caducidad

Pienso en cuántas veces más usaré una de ellas

Pues hay una cifra para todas (…)

Palabras (Página 43)

 

 

Si los seres, las cosas, los pensamientos y las palabras que los nombran tienen fecha de caducidad, parados en la encrucijada del propio ser (más allá de lo que eso signifique) solo tenemos la opción de abismarnos en la luminosa tiniebla del espejo:

 

(…) Cuando la palabra vida acarree consigo

la semántica de una pequeña derrota

y las cosas se resistan a llevar

los nombres que les dimos (…)

 

La semántica de las derrotas grandes y pequeñas es la esencia de las literaturas en particular y de las formas del arte en general. Es la impronta que nos sobrevive (o al menos ese es nuestro anhelo) en este lugar que habitamos. Las setenta y siete intensas y leves páginas del libro de Deivy Gutiérrez se suman a los intentos de sus prójimos poetas de todo tiempo y lugar. Su Biografía del sueño funciona a modo de bitácora de ese  tozudo empeño por aproximarse a nuestra curiosa manera de existir en la pura irrealidad de ese cuento que a Shakespeare se le antojó Told by an idiot/ full of sound and fury/ signifying nothing.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=I_AX4R-d29o


 

 

 

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