jueves, 3 de mayo de 2012

El "tema" es ese


Ocioso como soy, me di a la tarea de seguirles la pista  a los usos y abusos que  los medios de comunicación en distintos formatos hacen de algunas expresiones que, de tanto  repetirse , acaban por distorsionar  su sentido original o, peor aún , por perder todo sentido.
¿Se han fijado ustedes en esa manía arribista de sustituir los vocablos cortos  y certeros  por otros más largos que  transmiten la idea de sofisticación? Por ese camino, la gente ya no ve películas sino que las visualiza: va uno saber qué valor  le agrega eso  al viejo encanto del mundo contado en imágenes. En la misma tónica,  ya no se dice que un grupo de personas se reunió para compartir algún descubrimiento : ahora resulta más elegante declarar que  “ socializaron” los resultados de una investigación, omitiendo de paso que el verbo  socializar tiene un sentido por completo distinto al que pretende adjudicársele.
Otra perla que muy pronto se convirtió en  epidemia hizo de la  frase  “De cara a” una suerte de comodín para resolver las  situaciones más dispares. Aquí les va un ejemplo: “Los ministros del gabinete del presidente Santos  se reunieron  para tomar  medidas de cara a las decisiones  que el  Congreso de la República pueda tomar de cara a la reforma tributaria.” Si disponen de tiempo y paciencia  hagan el ejercicio y no   tardarán en encontrar la expresión de marras regada como enredadera en  medios impresos,   televisión, radio y publicaciones  digitales.  Por lo visto, los forjadores de  la muletilla  decidieron suprimir de un tajo  recursos  como los siguientes: con el propósito de, con miras a, con el fin de, frente, ante y toda una colección de  palabras y  sentencias equivalentes. En la misma línea, la  declaración   “Se prenden las alarmas” borró del diccionario de los  periodistas verbos como alertar, advertir, prevenir y media docena de sinónimos más.
Pero la joya de la corona la constituye  el vocablo  “tema”, al punto de que más parece una plaga bíblica que un recurso expresivo.  En una entrevista radial emitida el pasado fin de semana,  entre el periodista y el invitado repitieron, no me lo van a creer ¡Veintiocho veces la palabreja en el transcurso de una hora, descontando el tiempo de los anuncios! Ustedes sabrán dispensarme, pero voy a transcribir  la introducción al diálogo:
-Con el fin de hablar   sobre el preocupante tema del invierno, y de las dificultades afrontadas  por los damnificados, hemos invitado hoy al doctor Díaz, experto en el tema del manejo de la prevención de desastres. Doctor:¿ Qué tenemos para decirle a  nuestra audiencia sobre el tema?
-Pues la verdad es que se trata de un tema preocupante, porque el tema de la  asignación y el flujo de los recursos se ha visto entorpecido por la legislación  sobre el tema de contratación...
Mejor no sigo citando, porque los pocos lectores que tuvieron la paciencia de llegar a esta altura del artículo podrían lincharme. Más bien ocupémonos de las posibles razones de esa pandemia.
La primera está sobre diagnosticada: Como no leemos ni investigamos, nuestro acervo de  recursos es lo bastante  escaso y rudimentario. El resultado está a la vista: Sale más barato casarse con  una colección de lugares comunes  que nos ayudan a salir del atajo. Bastante maltrechos y con poco respeto hacia las audiencias, eso sí. Pero eso parece no importar mucho.
La segunda es hija bastarda de la primera: se trata del facilismo puro. Si  en el diálogo citado suprimimos la palabra en cuestión, notaremos que el estilo se hace más ágil y fluido, sin detrimento del sentido. De ese modo aportamos al enriquecimiento conceptual de los consumidores de información. Y si mal no recuerdo ese es , en teoría ,  uno de los propósitos de los medios de comunicación : ampliar la perspectiva y la profundidad de lo que reciben las audiencias. Digo en teoría, porque la experiencia nos muestra  otra realidad, al menos en la  mayoría de los casos. Pereza  mental, indolencia  y falta de rigor parecen ser la moda al uso. Los resultados saltan a la vista. Por incómodo que resulte, pacientes lectores, el “ tema” hoy era ese.

6 comentarios:

  1. Comparto su incomodidad, amigo Gustavo. “Socializar” es el verbo que está de moda en la retórica mesiánica de nuestros gobiernos populistas a imitación del modelo progre europeo. Estoy hasta las narices de escuchar a dirigentes y legisladores soltar la muletilla; “hemos aprobado la ley, ahora vamos a socializarla”, ¿no era antes esta palabreja sinónimo de departir, hacer migas o algo similar? No quepo de asombro cuando escucho a politiqueros ignorantes usar este término para darse aires de importancia.
    El lenguaje comunicacional de los noticieros es pobrísimo, qúé se puede esperar si se ha sacado de pantallas a caras expertas pero viejas por caras bonitas pero vendibles. Dentro de esa tónica de visualizar todo, como usted apunta, ahora los informativos ya no se narran: “Estas fueron las noticias y asi se las hemos pintado” dijo una vez una presentadora muy conocida en estos lares.Ya no somos audiencia, sino meros consumidores de informacion estilo fastfood. Dentro de esa inobservancia del lenguaje hay algo que me jode especialmente, lo he visto en columnas periodísticas, libros publicados, textos de ley y por supuesto en la televisión: El uso y abuso de la expresión “en base a” , reemplazando las más naturales “sobre la base” o “a base de ”. “el producto está elaborado en base a ingredientes...” se oye decir.Eso en los programas serios y de los más juveniles ni hablar.

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  2. Quizás la clave de todo resida allí, apreciado José: Los mensajes ya no van dirigidos a personas pensantes y críticas sino a consumidores.En esa medida se crea un circuito que no exige el necesario equilibrio entre forma y contenido : Le basta con recibir datos y desecharlos a una velocidad que impide el diálogo con lo expuesto a su mirada y, por lo tanto, anula de entrada cualquier posibilidad de conocimiento.

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  3. El uso de un lenguaje vulgar, con un vocabulario limitado y muchas veces diciendo una cosa queriendo decir otra, está con nosotros para quedarse, como decía mi madre. En esto tiene algo que ver lo que podríamos llamar, con generosidad, “democratización” del periodismo. En otra época los periodistas se esforzaban en escribir como los mejores escritores (en algunos casos ellos eran esos buenos escritores) y éstos, a su vez, se consideraban los custodios del idioma. Ahora es diferente, en varios sentidos, tanto entre los periodistas como los escritores. Antes (hablo de hace varias décadas) daba placer leer algunas crónicas policiales; ahora da miedo., con una tendencia a dramatizar y “narrar” las crónicas, todo en forma muy cursi y pretenciosa. A veces uno piensa en cómo contarían los cronistas policiales de ahora una historia como la de Raskolnikov. ¿Te lo imaginas, Gustavo?

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  4. Por fortuna, mi querido don Lalo, Dostoievski se adelantó, y ya nadie puede superarlo en su capacidad para registrar las tinieblas del corazón humano. El gran problema de todo esto reside - creo- en la capacidad de justificar la miseria conceptual con la manida frase de aquella de: " Eso es lo que le gusta a la gente y al consumidor debemos darle lo que pida". De esa forma se crea un círculo pernicioso que contribuye a profundizar el abismo.

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  5. Genial, Gustavo, la entrada del blog. También es bueno anotar que otra causa es el poco interés que ahora tienen los periodistas, hablando sobre Internet, para analizar y editar sus textos antes de publicarlos en la red de redes. Esto gracias a un editor presuroso, el dizque poco tiempo de los lectores que se cansan de leer en una pantalla (y resultan minuciosos y expertos en ortografía) y la llamada chiva; que ahora, con la rapidez de la información, sólo se necesita ser un periodista que no más transcribe lo que investigó.

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  6. Apreciado, Eskimal.Como dijo el guerrero :"Estamos jodidos, pero que no lo sepa el enemigo". En este panorama desolador se cruzan muchos factores: La indolencia de quienes escriben, la desaparición de la vital figura de editor en los medios escritos, la poca exigencia de un alto número de lectores y esa nefasta concepción de la información como un producto desechable.Tendremos que recuperar entonces la visión de la escritura como una de las claves de la memoria individual y colectiva.Tal vez así volvamos a respetarla.

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