jueves, 21 de junio de 2012

El monstruo amable



 La  llamada Industria  Ché Guevara es uno de  los  ejemplos más invocados  cuando se intenta probar que el capital es capaz de convertir en negocio hasta a  sus peores enemigos. De figura diabólica   acribillada a tiros en Bolivia por los  gringos buenos y sus aliados locales, la   efigie del  célebre guerrillero argentino pasó a convertirse en sofisticada mercancía  reproducida en camisetas, gorras, banderines, toallas, maletines, discos, películas y tatuajes.   Despojada  así de todo sentido, luce igual en escenarios tan dispares como la  camisa de  Brad Pitt o  el brazo de Maradona, pasando por el trasero de Lady Gaga, da lo mismo.
La imagen me vuelve a la memoria después de leer el libro El monstruo amable, del académico y ensayista italiano  Raffaele Simone.  A lo largo de sus páginas el escritor se pregunta por las razones  de una paradoja común a la escena política  mundial: Excepto los casos ya conocidos de Cuba o Corea del Norte, en el resto del planeta-  en mayor o menor medida, eso sí- mientras la  derecha ostenta  la figura de una joven rozagante siempre dispuesta a  adaptarse a los cambios del mundo,  la  izquierda se presenta como un viejo fósil anclado en nostalgias  y consignas   que poco o nada tienen que ver con  el entorno real.
¿Qué sucedió? Nos preguntamos  a la par con el profesor italiano ¿Se produjo realmente el fin de la Historia, como lo profetizara Francis Fukuyama  poco después de la caída de El muro de Berlín? ¿El pensamiento de hombres como Karl Marx está de veras muerto y enterrado, como quisieran algunos que descalifican con el adjetivo de mamerto a cualquier forma de  disidencia, por distante que esté de las ideas comunistas? Por lo visto, nada de eso, como lo demuestran los movimientos sociales que se multiplican en todos los rincones del planeta, aunque por causas distintas a las de medio siglo atrás: Ahora ya  los líderes no pretenden  acabar con los ricos, sino  con los pobres a través de la redistribución de la riqueza. Claro que para algunos conspicuos representantes de la caverna colombiana, hasta este último concepto, caro a la esencia de la democracia, tiene un tufo a cruzada leninista digno de ser exterminado.
Para  Simone el asunto va por otro lado. Siguiendo el viejo consejo del New Deal puesto en marcha por   Franklin   Delano Roosvelt en la primera mitad del siglo XX,  los más brillantes defensores del capitalismo se  adelantaron a hacer suyo el propósito de acercar  la justicia a la tierra que movía por igual a comunistas, anarquistas y socialistas. De esa manera, la frase “ And Justice for all” que cruza toda la constitución política de los Estados Unidos obró a modo de contrapunto de aquella “ Proletarios de todos los países : Uníos” consignada en el Manifiesto Comunista. En la práctica fue el mismo truco utilizado por los patrones  ante la  amenaza del radicalismo de un sector de los obreros: A modo de antídoto se consagraron a crear sindicatos patronales que  pudieran controlar. Fue así como se inició  el desmonte de derechos que  desde finales de la centuria anterior  se conoce   con el eufemismo de “ Flexibilización laboral”.
De  modo que el trabajo estaba hecho :  Lejos de presentarse como la bestia insaciable que se alimentaba con la sangre de niños, mujeres y viejos,  tan bien descrita  por Dickens en sus novelas y por Marx  en sus ensayos, el capital y sus lógicas resumen hoy la fórmula del consumo sin  lugar, sin tiempo y sin límites que  constituye el único sentido de la  vida para millones de habitantes del planeta, empezando- cómo no- por los excluidos que hoy recorren las calles de las ciudades bajo el nombre de indignados reclamando, no una revolución, sino su derecho a  un pedazo del pastel.  Después de todo, la  compulsión por el consumo se las vendieron como  conquista, no como imposición.
Es en ese punto donde cobra  peso la tesis de Raffaele Simone. Sin que  sus voceros se dieran cuenta, la izquierda se volvió derecha, al tiempo que  esta última supo   enfundarse  en el vestido  de lo nuevo, que en este caso equivale a lo chic, a lo sofisticado implícito en el paraíso del consumo de bienes, ideas y tendencias. Es decir, todo aquello que puede comprarse con tarjeta de crédito. El monstruo se volvió amable y ya no amenaza: seduce. Quizás las más lúcidas mentes de la izquierda todavía estén a tiempo de aprender la lección.

4 comentarios:

  1. Qué bien viene su texto para el caso de Bolivia, estimado Gustavo, donde actualmente estamos viviendo una ola de protestas, que el gobierno "izquierdista" de Morales trata con puño de hierro al mas puro estilo de los gobiernos de derecha, rondando el fascismo en algunos casos como la negacion de asistencia humanitaria (a ellos ni agua) a indigenas orientales o como el Gobernador del departamento de La Paz, dijo frente a una muchedumbre que habia que colgar a todos los opositores del gobierno.

    ResponderEliminar
  2. El discurso político está amancebado con la conveniencia y otros amantes más o menos repugnantes. Hace unos días, Ed Milliband, el nuevo líder del Partido Laborista Británico, se disculpó públicamente en nombre de su partido por la tradicional política de inmigración de su partido. Hasta hace poco, los conservadores eran los que se oponían al ingreso de los inmigrantes y los laboristas los que alentaban la llegada de nuevos inmigrantes y sus dependientes. Y el laborismo hacía esto a pesar de que su base natural, la clase obrera, estaba (y sigue estando) más opuesta a la inmigración que los mismísimos tories. El asunto es complicado, pero los dirigentes laboristas, ahora, dicen que debieron oponerse a la inmigración sin trabas: han detectado que el tema es “piantavotos”, como decía Perón. ¿A quién hacer caso? ¿A los jóvenes activistas, casi siempre egresados de clase media, que quieren inmigración, o a los trabajadores, los “descamisados”, que no la quieren?

    ResponderEliminar
  3. Apreciado José : Siempre he alentado la sospecha de que los fundamentalismos- de cualquier índole- corresponden mas a una estructura de la mente que a una postura ideológica o religiosa.De ese modo, el fanático necesita siempre de una verdad revelada o de una ideología en apariencia incontrovertible , para sentirse seguro en el mundo. Es por eso que con tanta frecuencia se producen deslizamientos de una orilla a la otra, sin aparentes consecuencias para la mente del individuo.

    ResponderEliminar
  4. En nombre de una causa tan noble como la libertad han sido exterminados millones de seres humanos a lo largo de la historia, mi querido don Lalo. Y poco importa si el pretexto es instaurar el reino de la justicia en la tierra o acallar a los herejes.
    Es mas : A los políticos de carrera les encanta hablar de " dinamismo" y " movilidad" para justificar sus frecuentes cambios de bando cada vez que las circunstancias lo ameritan. Pragmatismo, creo que llaman a eso.

    ResponderEliminar

Ingrese aqui su comentario, de forma respetuosa y argumentada: