miércoles, 6 de junio de 2012

Las doradas manzanas del sol




       Para Juan Carlos Pérez

451  grados Fahrenheit. Ni  mas ni menos: Esa es  la temperatura a la que arde el papel de los libros. Así de simple y atroz : A todo aquél que quiera borrar esa forma suprema de la memoria de los actos humanos que es la palabra escrita ,  le basta con alcanzar ese grado de ignición real o simbólica. Real  como lo hizo el Santo  Oficio , o como  lo hicieron  Hitler  y sus congéneres  siglos después   con miles de poemas, ensayos, novelas y tratados de  Historia. O como lo replicaron tantos imitadores suyos en la estela de dictaduras de izquierda  o de derecha que  intentaron suprimir el pensamiento autónomo  como clave de la libertad, y por lo tanto de la dignidad humana. Simbólica en las múltiples formas de censura acuñadas dentro de la misma democracia para  neutralizar las expresiones críticas que se atreven a poner en duda el orden del mundo. La norma.
No sé si el viejo Ray Bradbury pensaba en todas esas cosas cuando escribió Fahrenheit 451, la novela   que no tardó en convertirse en  una sobrecogedora parábola sobre los peligros que acechan  a la cultura como construcción colectiva de la humanidad , consignada en los libros en particular y en las obras de arte en general. Ni falta que le hacía:  Los grandes  creadores suelen no ser conscientes de lo que plasman en sus obras, porque en su caso los símbolos más poderosos y las intuiciones más certeras fluyen a través de una corriente subterránea que los conecta con lo   esencial de la especie, desde las conquistas más sublimes hasta las pulsiones más tenebrosas.
Sucede igual  con obras como Crónicas marcianas, llevada  también  al cine con distintos grados de fortuna. Leída como una obra etiquetada en el paquete de la ciencia ficción puede ser solo otro divertimento  para disfrutar en la playa. Pero a poco  que uno se adelante tendrá que vérselas con  unas cuantas sorpresas. Entre ellas la de comprobar que las invasiones de marcianos  urdidas  por los forjadores de leyendas y temidas por tantas generaciones son  apenas un truco para eludir una verdad ingrata  : Que  en realidad los alienígenas somos nosotros, esta especie decidida a  arrasar todo cuanto  encuentra a su paso, si de ello depende la satisfacción de su codicia.
Cansado de vivir y de inventar novelas y cuentos que siempre escondían verdades ominosas detrás de sus anécdotas Ray Bradbury decidió morirse el  martes 5 de junio de 2012, dejando un legado que supera los treinta títulos y  varios centenares de cuentos. Dueño de una prosa limpia y fulgurante, se movió siempre en esa   frontera incierta que separa los sueños de la realidad...  si es posible establecer esa división. Pero lo suyo no era la ficción como un fin en si mismo. Bradbury lanzaba advertencias en cada frase . “ Los hombres  lo estropean todo, lo ensucian todo. No han plantado  puestos de venta de salchichas y  Coca- Cola en el templo egipcio de Karnak porque estaba a trasmano y no resultaba buen negocio”  declaró en una entrevista hace muchos años.  Hay algo que no funciona en nuestra manera de   estar en el universo. Algo que , a falta de un nombre mejor, podríamos llamar el mal. Aunque sospecho que es algo peor  que eso, parecen decirnos los personajes que nos hablan desde libros tan perturbadores como El árbol de las brujas , El vino del estío o Remedio para melancólicos.
En  “ La Pradera”, un cuento de terror incluido en el libro  El  hombre ilustrado, el protagonista se asoma a lo que   después sería conocido como realidad virtual : Un reino sin lugar, sin tiempo y sin dueño en el que lo mejor puede convertirse en lo peor  con un simple parpadeo. En “ La máquina de la Felicidad” el héroe consagra todos  sus esfuerzos a crear un artefacto que está a punto de destruir  su propia felicidad. Como todo gran poeta, el escritor norteamericano siempre veía un poco más allá de donde alcanzaba la mirada de sus contemporáneos. Eso sí, nunca pensó , como otros espíritus  parecidos, que su época fuera mejor   o peor que otras. Simplemente era su época y la asumió con lo que tenía a mano : Una imaginación que viajaba siempre  adelante de los acontecimientos, un arsenal de metáforas para nombrar un mundo siempre incomprensible, y una dosis de poesía que hoy lo tiene habitando al otro lado del espejo, allí donde se maduran   Las doradas manzanas del sol.

8 comentarios:

  1. “Las Crónicas marcianas” fue para mí una de las revelaciones más gratas de no sé que año, hace mucho pero mucho tiempo. Me gustó más que Farenheit 451; me parece que la novela tiene menos magia y más pretensiones. Lo más notable de Bradbury, por lo menos a mi gusto, es que hacía “ciencia ficción” sin atosigar al lector con la diferencia entre anhídridos y ácidos, cohetes y sistemas de propulsión atómicos. Nada de eso, a Bradbury le interesaba lo que sentían y hacían los hombres y mujeres que iban a Marte, no cómo llegar allí. Para eso había que ser un buen escritor, con más recursos literarios que la mayoría de los creadores del género. Hace poco se me dio por curiosear en un libro del comienzo de la carrera de Larry Niven (Historias del espacio reconocido) y casi me muero del tedio; después mejoró como escritor, pero en esas “historias” era un desastre. Bradbury, en cambio, que era un autodidacta, tenía una sensibilidad artística y una madurez como escritor (era un lector voraz) que se ve desde el principio. “Crónicas marcianas” es de 1950, cuando él tenía 30 años, y ya era una delicia como relato.

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  2. Ese es el punto, mi querido don Lalo : Uno disfruta su depurado estilo y la increíble verosimilitud de sus relatos... hasta que se da de narices con sus parábolas terribles.

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  3. Confieso que no degustado ni un solo libro de este escritor, estimado Gustavo, aunque había oído hablar de él. Me gusta mucho la ciencia ficción, especialmente en el cine, de ahí que he leído a H.G. Wells, Carl Sagan, Asimov, Arthur Clarke y alguno más, lógicamente como curiosidad colateral y complementaria. Que yo sepa, solo se adaptó Farenheit 451 al cine, por Truffaut -si mal no recuerdo- y claro, aun no he tenido la suerte de ver esta película que según dicen es magnífica. Pero debo agradecerle a su conocimiento extenso sobre su obra y además como lo pinta, donde según parece brilla más por su calidad literaria que por su conocimiento científico (al igual que Lalo, deploro el excesivo tecnicismo en la literatura), entonces ya va siendo hora de ponerme a la tarea de subsanar el asunto, de hecho ya tengo en Pdf sus dos obras más conocidas. Coincidiendo con su muerte, he leído por ahí en la Web, que no obstante escribir sobre ciencia ficción, Bradbury, prefería las viejas bibliotecas y desconfiaba de Internet porque era “algo que estaba en el aire”, por lo tanto impersonal, confuso y efímero, según pude extraer. Personaje de gran calado, sin duda, aunque menos publicitado que los colegas que he nombrado.

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  4. Pues me alegra mucho contribuir a ese descubrimiento, apreciado José. Nunca es tarde, dice el viejo refrán. Y menos ahora , cuando el viejo forjador de fábulas alcanzó por fin la atemporalidad.

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  5. Tavo: Cuando escuché de la muerte de Bradbury de inmediato me acordé de vos, de hace 25 años, cuando leí(mos) las Crónicas Marcianas en una hermosa traducción de Borges (como el querido Lalo, la prefiero por mucho sobre Farenheit 451) y luego devoramos el País de Octubre, el Vino del Estío, La Feria de las Tinieblas... Los mismo nos ocurrió con H.P. Lovecraft y con Saul Bellow. Se me ocurre que incluso más hermoso que el descubrimiento solitario de un escritor, es la emoción de compartirlo. Bello texto. Un abrazo. Juan Carlos.

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  6. Creo, mi querido Juanito, que un buen libro es como el pan : No tiene el mismo sabor si el goce de la lectura no es compartido.
    Un abrazo,
    Gustavo

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  7. Gustavo, es simplemente emocional este comentario. Me gustó un buen el artículo, está lindo, y lo sé porque cuando influye a leer llega a su objetivo. Tengo un libro de Ray Bradbury que me regaló Luis Aldana, muy agradecido, lo leeré por dos regalos: el mismo libro y este texto. Lástima que esperemos una fecha crucial para interesarnos en un autor. POr otra parte, espero que lo de Wilmar se aclare como debe ser. Tiene razón usted en lo que dice en Tras la Cola de la Rata, los medios juzgan antes de analizar.
    Gracias por el artículo Gustavo.

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  8. Estoy seguro de que Bradbury no lo decepcionará, apreciado Eskimal.
    Lo de Wilmar... Ojalá la Justicia llegue, aunque cojee.

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