jueves, 8 de agosto de 2013

Los guardianes del fuego




 
Nadiezhda en ruso quiere decir esperanza. Y  de ese sentimiento estaban llenos quienes celebraron el advenimiento de las revoluciones de 1905 y 1917 en la tierra de los zares. Siglos de oprobio y humillaciones condujeron a millones de personas a creer que las teorías de Marx y Engels llevaban implícita una forma de redención para los excluidos del mundo. Entre esos esperanzados  figuraban cientos, miles  de poetas, pintores, músicos y científicos que recibieron con  alborozo la posibilidad de instaurar el  paraíso en la tierra. Sus manifestaciones serían la abolición de la propiedad y la justicia social.
Pero , como bien sabemos, todo edén lleva a cuestas su propio infierno.  Y en el caso de la revolución rusa muy pronto aparecieron las  grietas por donde asomaron los tentáculos de los viejos monstruos tan conocidos por la humanidad  desde el comienzo de los tiempos: la ambición, la codicia, la venganza, el resentimiento y la sed de poder. En este caso esas fuerzas tenían nombres como Lenin, Yagoda, Yezhóv o Stalin. La megalomanía de este último sembraría de horrores la historia del mundo durante medio siglo. La confiscación de bienes, el destierro, las delaciones, el exterminio masivo de ciudadanos, la persecución a opositores y aliados, la extirpación de las conciencias lúcidas y el sometimiento del individuo a los designios de la burocracia estatal serían la impronta de un régimen  que  muy temprano empezó a transitar  en contravía de los principios básicos del humanismo y el socialismo.
Una de esas víctimas  fue el poeta Osip Mandelstam.  Nacido en  1891  en Varsovia y muerto en 1938 en un campo de prisioneros del régimen estalinista, es considerado una de las grandes voces de la literatura rusa y universal. Cercano a otros escritores disidentes, Mandelstam   pasó buena parte de su vida en el destierro, a  resultas de su  defensa sin cortapisas de la dignidad  de las personas, asunto que en la tierra de los soviets llegó a ser un delito castigado con la ejecución sumaria.
A reconstruir los fragmentos de esa existencia destrozada y sin embargo firme en sus convicciones dedicó su vida Nadiezhda Mandelstam, esposa y compañera de viaje del autor del poema donde define a Stalin como “ El montañés del Kremlim, de bigotes de cucaracha”. Esos versos  fueron su perdición. Desde ese momento  fueron una pareja errante  de aldea en aldea, malviviendo de la mendicidad, de trabajos precarios y a veces clandestinos, de la imprevista solidaridad  de compañeros de infortunio y en alguna ocasión de puro milagro. Solo que los milagros lo son porque nunca se repiten.
La vida duele  porque es bella. Y la belleza siempre lleva implícita su propia pérdida. Con esa materia  está  escrito  el libro de memorias Contra toda esperanza, de Nadiezhda  Iákolaievna Mandelstam, fallecida en  1980, poco antes de que  el imperio soviético empezara a desmoronarse por la fuerza centrífuga de sus propios yerros y horrores. Ajena a cualquier sentimiento de venganza y poseída de una serena sabiduría expresada  en una prosa limpia y sin estridencia, la autora simplemente  nos dice: "si. Esas cosas pasaron. Las víctimas sumaron millones. Entre ellas estuvieron mi esposo y muchos amigos, pero así somos los humanos. Ahora solo queda luchar para que pesadillas como esas no se repitan”. Por eso en  un aparte del libro leemos: “La historia es la comprobación en la acción y en la experiencia de los caminos del bien y el mal. Contra toda esperanza siempre estará la opción del bien”.
Nadiezhda, Osip  y sus compañeros de infortunio padecieron la historia encarnada en un modelo político y económico donde el horror se planificaba igual que la economía, con sus cuotas de muertos y desterrados. Pero siempre, siempre, con un buen pretexto bajo  la manga . Al menos así lo expresó un dirigente  desencantado: “ Una sola vez en la vida quisimos hacer feliz al pueblo y jamás  nos lo perdonaremos”.
Contra toda esperanza es el relato de una testigo que también fue víctima. Para eludir la tentación de la letanía eterna optó por la comprensión de los hechos y sus protagonistas. Solo así pudo formarse un punto de vista alcanzado con ayuda de la poesía, tal como lo había advertido el poeta a quien amó y a cuyo lado padeció  uno de los  periódicos latigazos de la historia: “ Los guardianes del fuego se escondían en oscuros escondrijos, pero el fuego no se ha apagado. Existe”.

6 comentarios:

  1. "It is only hope which is real, and reality is a bitterness and a deceit..." Thackeray escribio esto en el siglo XIX, pero su satira ya prefiguraba historias como esta que cuentas de los Mandelstam.

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  2. Ay, mi querido don Lalo : me acaba de despertar usted con eso de : " solo la esperanza es real y la realidad es amargura". De esa materia está hecho el bello y doloroso libro de Nadiezhda Maldestam, una historia que, como usted bien lo anota, podría ser la de cuaalquier ser humano atrapado entre los engranajes de un poder omnímodo.

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  3. “Nadja, en ruso quiere decir esperanza, pero porque solo es el principio” decia Breton en su casi unica novela, cito de memoria, fascinado por esa prosa decadente y onírica a partes iguales. De ese sentimiento estaban llenos quienes celebraron el advenimiento de Evo Morales en 2006 (perdon por plagiarle el texto). La gente cansada de los corruptos gobiernos neoliberales votó masivamente por él, creyendo que se venia un cambio de hacer politica. Incluso hubo muchas personas que lloraron de emocion cuando vieron al “humilde indigena” subir a lo mas alto de la magistratura en la ceremonia de posesión. Luego vino el cambio, el real: la locura indigenista, la soberbia, la prepotencia, la idea de creerse divino, y claro, el mismo afan de saquear el erario publico como los anteriores, incluso mas descarado. Ay, el paraiso socialista y sus grandes “virtudes” que tanto se empeñaban en defender, mientras los jerarcas se entregaban a la dolce vita en sus Dachas, cambiéle a Evo por los hoteles lujosos y tenemos lo mismo.

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  4. Tristemente es así, apreciado José: los sueños de los hombres terminan siempre convertidos en pesadillas. Es la locura del poder que se enseñorea de todo y pervierte hasta los más sublimes ideales.
    Mil gracias por el recuerdo de Breton y sus lúcidas visiones sobre el loco amor.

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  5. Es extraño Gustavo que ni con literatura, historia, o la imagen viva del dolor de una dictadura o una guerra, y quiero decir una imagen directa, no aprendamos de ello. Situaciones tan atroces y no hay un sólo temor, así sea egoísta, de que eso nos pasará de manera individual. Sólo ignoramos la acción y suponemos una especie de esperanza que se une a buenos deseos, desterrando la lucha por la vida, por la humanidad.

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  6. Apreciado Eskimal: en la medida en que el tiempo es una convención humana, el pasado prefigura el futuro y este a su vez se convierte en espejo para mirar hacia atrás. El presente debería ser entonces puente, punto de aprendizaje para intentar modificar la proteica e incierta materia de que está hecha la Historia.

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