jueves, 9 de octubre de 2014

Contradanza del viento




 En una de las vertientes del frondoso libro La rama dorada, del escritor James George Frazer, se explora una  faceta del pensamiento mítico cara  al lenguaje poético: la de  las cosas que una vez estuvieron  juntas y al separarse  mantienen tal relación, que lo experimentado por una afecta a la otra.
Allí reside una de las claves de la gran poesía de todos los tiempos: en el propósito de restaurar un hilo roto para volver  al mundo como era en el instante primordial de su fundación. Por eso los códigos de la poesía y la religión se parecen tanto, incluso cuando los poetas  simulan ser apóstatas y a duras penas llegan a la blasfemia.
En su intento de recomponer ese hilo secreto que une todas las cosas del mundo el poeta apela a la metáfora, al símil, a la paráfrasis, es decir, a todo aquello que es una y muchas cosas a la vez.   El  escritor colombiano Gabriel Arturo Castro llama a esa aventura La caza invisible, título de su antología personal condensada en un  libro de 95 páginas, de  impecable edición y publicado por Común  Presencia Editores en su colección Los Conjurados.
Si la materia de toda gran poesía es el lenguaje del mito, Gabriel Arturo Castro aprovecha su condición de antropólogo para  tejer  una sucesión de imágenes bellas y terribles , dirigidas a dejarnos desnudos frente al espejo de nuestra  más pura condición. “Dios escupe insultos / y derrama lágrimas / entre las heces de un mundo perdido” nos dice  en uno de sus versos. Es imposible no evocar las imágenes del  Antiguo Testamento, cuando la pareja primordial es expulsada de un improbable paraíso , que es también el nuestro: el de los habitantes del siglo XXI  que vamos por la tierra  dando tumbos sin más consuelo que un puñado de palabras señuelos gastadas por el uso y el abuso : amor, libertad, perdón.


En esa búsqueda los mortales aprendemos a  a bailar  la contradanza del viento, una suerte de  santo y seña para comunicarnos con dioses  moribundos que nos espían  mientras “Un pedazo de aurora rueda por las cenizas del reloj”.
Esta última imagen nos remite a un viejo compañero de viaje : el tiempo, ese timador que lo promete todo, para roernos  después segundo a segundo hasta dejarnos inermes sobre “ la almohada de polvo de los muertos”, según la conocida cita del Werther de Goethe, ese  breve texto que en su momento llegó a ser algo así como un manual para desesperados.
Porque el el poeta es siempre alguien a la espera, al acecho de una recompensa   escamoteada una y otra vez: el antiguo  reino de la redención.  Por eso no es casual este título de  La caza  invisible. La presa está allí, sospechada y es preciso  atraparla a través de un tejido de palabras o se nos escapará para siempre en medio de “ La noche, tempestad de toros negros” en el lenguaje afilado y certero de Gabriel Arturo Castro.
El castigo para  tamaña osadía serán las  “ amargas moradas del exilio”.  El autor de La caza invisible nos lo recuerda  una y otra vez. A diferencia de los cultivadores de otros géneros, privilegiados por  una industria editorial  anclada en las dinámicas de la oferta y la demanda, el buen poeta sabe que todo aplauso es sospechoso, todo premio un malentendido. Su única y última  recompensa será el  azaroso aunque presentido  encuentro con un  lector remoto  y entrañable a la vez: el portador del otro fragmento del hilo sin el cual será imposible recomponer una vida rota por el utilitarismo y su creencia en un mundo unidimensional : el de la producción  material.


En  La rama dorada, Frazer evoca la leyenda prerromana del rey asesinado ritualmente por su sucesor. En las páginas de  su antología personal Gabriel Arturo Castro sugiere algo  parecido: solo alimentándose de  sus predecesores la gran poesía puede repetir el milagro de permitirnos ver el mundo  como una totalidad en la que las palabras hacen las veces de sortilegio para asomarnos a sus misterios esenciales, porque “ La vida es antigua y redonda, agua inclinada que se rehace y traspone el idioma, el jeroglífico, el cerrojo...”.

4 comentarios:

  1. "El hecho es que cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres." La cita es de Borges (Kafka y sus precursores) Siendo escritor y antropólogo, Castro ha de tener el fino olfato para reconocer y seguir el rastro de la belleza a través del tiempo, iluminando desde otro ángulo, modificando nuestra percepción, que ya creíamos inmutable. Como sugieres, esa es la caza invisible del título.

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  2. Cuanta razón le asiste, mi querido don Lalo: en últimas, no puede hablarse de creación en literatura , arte, ciencia o cualquier otro aspecto de la vida. A lo sumo podemos hablar de recreación, en todas las acepciones de esta palabra. Alguien, no recuerdo quien, supo expresarlo de una forma certera : "En literatura , lo que no es autobiografía es plagio".

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  3. Sorprende que todavía queden poetas vivos y coleando como si fueran ajenos a la dinámica del mundo actual, en el que, como bien sabemos cada vez se lee menos poesía (me incluyo), porque paulatinamente se ha ido convirtiendo en sinónimo de ociosidad o pérdida de tiempo. Es tan agobiante la prisa por vivir que ya no nos detenemos ni un instante a reflexionar ni admirar la serena belleza de un paisaje o cosa parecida. Hemos perdido la capacidad de conmovernos y vamos por la vida como autómatas, indistinguibles unos de otros.

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  4. Fue el sistema el que vendió esa idea, entre otras cosas porque los libros de poesía no se venden como los de otros géneros, apreciado José. Pero por eso mismo se hace más necesaria la palabra del poeta para sobrevivir en medio del tráfago de los tiempos y para responder de múltiples maneras a la célebre pregunta de Holderlin : " ¿ Y para qué ser poeta en tiempos de penuria?"

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