jueves, 7 de julio de 2016

Aguas turbulentas





Finaliza la segunda década del siglo XX.  El mundo  todavía no se recupera de la devastación de la Primera Guerra Mundial y ya se anuncian los vientos de la segunda. La crisis económica golpea en todos los frentes, dejando a  su paso quiebras y despidos.
 En Colombia el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez hace agua por todos los costados. A la corrupción  y  la crisis económica se suman la reacción por la masacre de las bananeras y el asesinato del estudiante Bravo Pérez. Como si no bastara con eso la jerarquía católica, que es en realidad la que escoge los candidatos conservadores, no se decide por  uno de los opcionados  y eso conduce a que el partido llegue dividido a las elecciones de 1930. Guillermo Valencia y  Vásquez Cobo participan en la contienda  cada uno por su lado.   El partido Liberal aprovecha ese momento y alcanza la presidencia del país en cabeza de  Enrique  Olaya Herrera. Se inicia así un periodo de tres lustros bautizado en la historiografía con el nombre de República Liberal. En esa tónica, la propaganda de este partido presentó los gobiernos de Olaya, López Pumarejo y Eduardo Santos como un intento de ubicar al país en las grandes líneas de la  modernidad : democracia, industrialización, libertad  de cultos, educación laica y libertad de expresión. Según ese modelo, los  liberales representaban  la  parte transformadora luminosa, mientras a los conservadores les correspondía el rol de heraldos de la  reacción y  la oscuridad.


Pero las cosas no son tan simples. En la práctica, todo tiene sus claroscuros. A rastrear esos matices y exponerlos al análisis dedican los historiadores John Jaime Correa y Álvaro Acevedo las   seiscientas páginas de su libro Tinta Roja: prensa, política y educación en la República Liberal, publicado por la Universidad Industrial de Santander. Para conseguirlo se enfocan en los contenidos de los periódicos  Vanguardia Liberal de Bucaramanga, orientado por  Alejandro Galvis  Galvis y El Diario de Pereira, dirigido por Emilio Correa  Uribe.
En su recorrido, los  profesores nos recuerdan que en la historia de Colombia la corrupción, la violencia, el clientelismo y el fraude  no han sido exclusividad de uno u otro partido. Al contrario, el seguimiento a las páginas de las dos publicaciones y su contraste con los equivalentes conservadores  desnuda  un mundo de  paradojas en el que los dos  movimientos políticos se acercan   o se alejan, dependiendo de los intereses en juego.


Soportado en un amplio contexto del país y de las dos regiones en que tuvieron influencia los  periódicos estudiados (Santander y Caldas)  el libro Tinta Roja nos aproxima a una realidad marcada por  un intento de modernización  basado en la escuela, la infraestructura, la industria y la lealtad al partido, en  permanente choque con la realidad de pobreza y atraso en la que sobrevivía la mayor parte de la población. Asuntos como las vías, la construcción de establecimientos educativos, la formación de los maestros y la  mecánica electoral eran objeto  de constante abordaje  por  los editorialistas de Vanguardia Liberal y El Diario, en tanto sus dueños se sentían investidos de una misión : transformar la sociedad. Y eso implicaba  atraer a una comunidad falta de educación a las filas de un partido, que según ellos, era el único capaz de llevar a buen puerto  a un país  atrasado y maltrecho por medio siglo de  dominio conservador.


Quien hurga en las grietas de la  historia puede  a veces descifrar el pasado y sospechar el futuro.  Los autores de Tinta Roja, al tiempo que desvelan la  estructura del poder político en tiempos de la República Liberal, nos dan algunas claves para entender lo que vendría después : la guerra civil conocida como La violencia, cuya estela de sangre y horror hemos padecido varias generaciones.  Personajes como Laureano Gómez, Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras Camargo y Jorge Eliécer Gaitán, que marcarían con su quehacer político la historia del país en los siguientes cincuenta años, aparecen una y otra vez  en las páginas de Tinta Roja como  símbolo y resumen de esos  años  cruzados, como los de ahora, por aguas turbulentas.

PDT . les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

6 comentarios:

  1. “Quien hurga en las grietas de la historia puede a veces descifrar el pasado y sospechar el futuro”, magnífico colofón que resume bien la complicada y engorrosa tarea de los historiadores y otros investigadores que no siempre es cabalmente reconocida. He ahí la utilidad de leer periódicos pasados, que ya comentábamos en un post anterior, que como en este caso del libro reseñado, ofrece un compendio bastante amplio (sus 600 páginas) de lo acaecido en su país en décadas pasadas. Este tipo de publicaciones deberían ser de lectura obligatoria por lo menos entre los estudiantes universitarios para refrescar la frágil memoria, ese inquilino incómodo, como alguien la definió.

    PS. Y muchas gracias por la sugerencia musical, no conocía el género del bambuco, tal vez pueda darme algunos nombres. Un abrazo.

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    1. Apreciado José : ya me imagino a Herodoto hurgando en papiros y tablas de arcilla antiguas para tratar de entender algunas cosas de su propio tiempo.
      Y sobre el bambuco tenemos un gran compositor nacional, que es Jorge Villamil. Y en lo regional Luis Carlos González, autor de La Ruana , una especie de himno nacional alternativo.

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  2. Uno tiene la sensación que esa época, esos hombres y esas circunstancias estaban obstruyendo el cauce de la historia. Como un dique de castores, diría yo. En apariencias algo lindo, positivo, progresivo, pero que termina alterando todo el equilibrio biológico de la region. Pero los castores son tan simpáticos! El corrector automático quiso escribir Castros en vez de castores, pero no lo dejé. No hay que confundir las cosas.

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  3. Ja,ja ja: que viva la incorrección política de los castores, ya que no de los Castro, mi querido don Lalo.
    Y si: la Historia con mayúsculas... y también la escrita con minúsculas está plagada de tipos y grupos expertos en construír diques, pero el agua al final se sale con la suya

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  4. Felicitaciones señor Gustavo, que gran productor de letras es usted.

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    1. Mil gracias, señor Juan, por aceptar el diálogo propuesto en esta blog.

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