lunes, 18 de junio de 2018

El "pueblo soberano"





 Desde que puedo hacer memoria he escuchado decir que en  las elecciones presidenciales se decide “El destino de Colombia”.

Década tras década, cada cuatro años el destino o no se decide a decidirse, o ya se decidió y ni cuenta nos dimos.

En cualquier caso el asunto parece no tener apelación.

Sospecho que la clave de todo reside en que la democracia no es tanto una realidad como la puesta en  escena de una idea: La de la improbable soberanía del pueblo.

Y  eso nos ubica de plano en el primer lio: ¿Qué es el pueblo?  ¿Es la entidad sabia que tanto  nos gusta invocar o es la masa  amorfa alienada y amaestrada por los medios de comunicación?

Lo único cierto es que en el teatro de la política el pueblo es, a duras penas, la instancia encargada  de legitimar el dominio de unos hombres por otros.

La cosa funciona más o menos así: la democracia es en realidad el instrumento político de los que detentan el poder económico.

No olvidemos que en sucesivas sociedades, entre ellas la griega, sólo los propietarios podían ser ciudadanos. El ciudadano, ese concepto tan manoseado en los discursos contemporáneos.

En ese panorama,  “El pueblo soberano” o “El constituyente primario” es la herramienta, la mecánica de legitimación del modelo económico y político a través del  voto.



A eso se reduce su papel: A refrendar lo ya decidido de antemano en los grandes cenáculos.

La ecuación final  es de sobra conocida.

Quien cosecha el  mayor número de votos detentará el poder o se perpetuará en  él.

Eso explica los amasijos de movimientos  y tendencias que se aglutinan  en torno a las elecciones para disolverse poco tiempo después. El único  sentido de esas alianzas es sumar.

Por su lado, el que recogió menos va a la oposición… si es que no le vende  el alma al diablo por unas migajas de poder, como ha sido la constante en Colombia.



¿Y el pueblo?

Bueno, para el pueblo están la televisión y el gamonalismo parroquial.

En eso consiste su soberanía.

Pasada la puesta en escena de la segunda vuelta presidencial en Colombia es fácil prever  el escenario inmediato.

Un presidente legitimado por diez millones de votos que atenderá a pie  juntillas los mandatos de quienes lo entronizaron con su dinero y su clientela de votantes.

Eso garantiza de entrada la continuidad de la corrupción, la impunidad y el surgimiento de nuevas violencias, institucionalizadas o no.

En el otro frente, un político respaldado por ocho millones de votos estará obligado a hacer oposición y de esa manera a completar los formalismos de la democracia.



No es mucho, pero es lo que tenemos.

Es la realpolitik, señoras y señores.

El reinado de los cínicos, como acontece desde los albores de la historia.

Lo demás  son esperanzas renovadas una y otra vez con cada cambio de generación.

Ustedes ya saben: “Esta vez sí será”.

Son esos nuevos electores los que reavivan la fe en la capacidad transformadora de la soberanía popular.

Deslumbrados por su propia esperanza acaban legitimando, una vez más, el estado de cosas.

Porque incluso cuando triunfan en las urnas  alternativas distintas a las del establecimiento, de inmediato se ponen en marcha los mecanismos de conservación:

El asesinato  de presidentes elegidos por voto popular y suplantados por dictaduras militares durante los tiempos de la guerra fría.

La destitución de gobernantes  a través de mecanismos “legales” como la sucedió a Dilma Rouseff en Brasil.

La manipulación financiera  orientada a crear el caos,  como aconteció en la  Venezuela de Chávez.



Son los viejos trucos del poder cuando la puesta en escena de la democracia resulta insuficiente.

Y como la vida- esa sí sabia y lúcida- es tozuda y no se detiene ante sutilezas  solo queda apretar los dientes y resistir.

Resistir siempre y seguir en el camino  hasta que se nos olvide respirar.

Solo entonces todo quedará al fin resuelto.


PDT : les comparto  enlace a la banda sonora de esta entrada.



4 comentarios:

  1. En estas latitudes en vez del "pueblo soberano", se acude a lo de "gobernar obedeciendo al pueblo", cantinela repetida hasta el hartazgo por el actual régimen en todos sus discursos mientras tras bambalinas efectúan hacen justamente lo contrario. Ya ni los votos valen un pimiento porque hasta la voluntad popular se pisotea con chicanerias jurídicas, sirva de ejemplo la habilitación tramposa e ilegal del caudillo Morales para reelegirse indefinidamente, pese al resultado del referéndum que le resultó en contra. Los organismos como la OEA y la ONU nada pueden hacer o no quieren intervenir para no inmiscuirse en las "decisiones de un país soberano". Así estamos,inermes y desprotegidos contra las arremetidas del poder.



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  2. Bueno, apreciado José, aquí el nefasto Álvaro Uribe acaba de reelegirse en cuerpo ajeno. Lo que equivale a decir que " El pueblo soberano", le dio patente de corso a la impunidad, la corrupción y la violencia.

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  3. Se dan cuenta que están en polos opuestos? Tavo se duele de que el pretendido ajuste de cuentas apocalíptico no germinó (rosa roja, tinta en sangre), y el señor Crespo aduce la prueba de la farsa de Evo. Pueblo no hay, en estas latitudes (Río Bravo abajo, hasta Tierra del Fuego), desde que Juan José Arreola y Borges lo diagnosticaran como populacho en una lúcida charla. Ya lo dijo Georgy: “la democracia, ese abuso de la estadística.”

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  4. Buenos, estimado Dr Slothrop, al final " El pueblo" resulta ser una entelequía aún más abstracta que " La humanidad".
    Y eso ya es mucho decir.

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