viernes, 17 de junio de 2011

Asunto de palabras



Parece un asunto de palabras  pero es mucho más que eso: de  un tiempo para acá, se ha vuelto  práctica común  la utilización del término cultura para referirse a  comportamientos que, por definición, están situados en las antípodas de una expresión que tiene en  si misma una connotación positiva.
“Cultura de la muerte”,  “cultura de la violencia”, “cultura mafiosa” o  “cultura de la ilegalidad” son apenas algunas entre las decenas de frases acuñadas para referirse a   las tantas lacras que nos aquejan. ¿En qué momento el vocablo cultura perdió  su acepción positiva,  para convertirse  en una suerte de etiqueta multiusos  que le  da legitimidad incluso a lo peor? Porque la utilizan por igual los académicos, los periodistas, los políticos y los  gobernantes, personas de  las que, al menos en teoría,   se espera sean las encargadas  de marcarle el rumbo a una sociedad.
En principio, la raíz de la palabra cultura alude a cultivo, es decir,  a lo que se siembra y recolecta para beneficio de  todos. Su sentido es también el  de acervo o legado  de lo mejor que la humanidad ha creado en su paso por la tierra. La música, la ciencia, la literatura, las leyes, la tecnología, las religiones, la gastronomía y el arte en general  son entonces parte de ese  gran huerto cultivado  por todos y  heredado a través de la educación.
De modo que debemos estar frente a algo  muy grave para que de un momento a otro hayamos empezado a asumir como corrientes expresiones que reflejan  no solo una aceptación tácita, si no la práctica  cotidiana del mensaje que llevan  a cuestas,  con el endeble argumento de que se trata de una  “ cultura” De ese modo podemos  justificar  el  asesinato o la   desaparición de los   contradictores, la corrupción que forma  parte de los hábitos diarios de los funcionarios de más bajo rango hasta los de más alto nivel jerárquico, las trampas en cada uno de nuestros pasos y, en fin, la creencia de que arrasar con todo y con todos  es apenas la manifestación humana de  los insondables atavismos que garantizan la conservación de las especies.
“Darwinismo social” llaman a esto último los más cínicos, omitiendo  de  paso  un pequeño detalle: que el proyecto de civilización apunta  precisamente a crearle  reglas del juego a la bestia que nos habita, como bien lo planteara Tomas Hobbes en su Leviatán. Entre  esas reglas está, desde luego, el derecho de los  otros a ocupar un lugar bajo el sol. A crearlas   y consolidarlas han consagrado  lo mejor de sus vidas cientos de personas que, a la luz o en el anonimato,  vivieron y viven convencidas de que nociones como dignidad o derechos son mucho más  que una abstracción o un simple capítulo  en los tratados de  teoría política. Así que  sería  bastante saludable hacer un alto  en el camino, para reflexionar   acerca de lo pernicioso y costoso que pueden resultarnos esos hábitos   que empiezan  como un mero juego con las palabras y acaban por instalarse de manera inexorable en la realidad.

2 comentarios:

  1. Le tiendo un hilo conductor a este artículo con otros pasados en los que gratamente veo a un Gustavo re-pensando el lenguaje corriente, al mejor modo de la tradición wittgensteiniana (perdón por la terrible construcción).Precisamente estas 'cosas que se hacen' con las palabras y que pasan desapercibidas o son subestimadas deben pasar de la periferia al centro de la discusión en Colombia, país de discursos legitimadores desde lo oficial y lo público. Celebro esta parcela de reflexión que empiezo a encontrar regularmente en los artículos de Gustavo y que está -con contadas excepciones- casi ausente en el país. Además, lo exhorto a pensar en la conceptualización del conflicto armado, que tanto ruido ha hecho recientemente y que carece por el momento de estos análisis tan necesarios.

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  2. Amigo Olave.Al menos en su definición, un blog es un gran foro virtual, en el que puede participar todo Homo Sapiens sapiens que se precie de serlo. De modo que acojo y valoro sus sugerencias y me reafirmo en que está abierta la discusión respetuosa y argumentada.

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