jueves, 13 de noviembre de 2014

El lujo de pensar




 Cuando  me invitaron a orientar una charla sobre el libre pensamiento me asaltó una inquietud: ¿no es eso redundante? Por definición, el pensamiento es libre o no  es nada.  Al fin y al cabo, el pensador es alguien que se lanza a la aventura de hacer su propio camino, como bien lo expresara don Antonio Machado en sus celebrados versos.
Existen, sin embargo, redundancias necesarias. Sobre todo en estos tiempos, cuando Twitter en particular,  y las redes sociales en general, le han devuelto al concepto  de seguidor su antigua connotación apostólica. Tanto, que para  muchos cibernautas  la  noción del propio ser depende del número de seguidores o del prestigio y el peso social de aquellos a quienes siguen. Adolfo Rojas, un experto en psicología social, me explica que son cada vez  más numerosos los casos de  personas que se deprimen porque el número de sus seguidores no aumenta o, peor aún, disminuye en caída libre.
En contravía de esa tendencia- otro concepto caro al lenguaje digital-  pienso que un librepensador es alguien que  se  resiste a tener seguidores y, por eso mismo, se niega seguir a alguien. Prefiere a cambio, adentrarse en las aguas  inciertas de la vida para tratar de encontrarse a sí mismo. Si acierta, podrá bajar tranquilo al sepulcro. Si se equivoca, es asunto suyo. En eso consiste el desafío.  Siempre forjará su propia ruta de viaje desde el mundo y sus contradicciones. No desde doctrinas o verdades reveladas.


Porque lo más opuesto  al librepensador es el militante.  De cualquier cosa: una iglesia, una secta, un partido, una cofradía o un club. Resulta más cómodo encomendarse  a un caudillo, un gurú o un profeta.  Serán otros los que nos entreguen las respuestas. Eso nos exonera del esfuerzo de salir a buscarlas. Pero el precio será devastador: la alienación del propio ser. Es decir, la renuncia al lujo impagable de pensar.
Desde luego, no me refiero a esa noción idealizada de la libertad, aprendida en los manuales anarquistas, más próximos  a las visiones místicas que al uso de  criterios sólidos  para interrogar el universo y actuar en él.  Pienso más bien en  el combate contra toda actitud vicaria o epigonal que  nos convierta en replicantes de algún tipo de poder, tanto más nocivo cuanto más seductor. Y eso sí es cuestión de vida o muerte. Si renunciamos a la autonomía para obtener tranquilidad o disminución del radio de incertidumbre enajenamos  la posibilidad de inventar  una existencia a nuestra propia medida.  Dejaremos de ser pastores de las propias ideas para convertirnos en rebaño de las ajenas.


 Y no se trata de que el librepensador  se empecine en ser original, como sugieren algunos contradictores. Ser hereje no es un propósito: es el resultado  ineludible de sus búsquedas.  Apartado de la masa, un día se descubre solo en el bosque y sabe que ya no hay marcha atrás.  De allí en adelante le  queda el camino a modo de compañía En ese momento se vuelve peligroso. Otros sabrán que sí es posible y lo intentarán a su manera. No siguiendo el camino del librepensador, sino  inventando el propio. Eso es  lo que, en últimas, lo vuelve peligroso y lo diferencia del caudillo o el gurú: para regresar a estos al redil basta un buen soborno o un sitial en el  palco de los elegidos. Nada más fácil. En cambio, quien se busca solo puede marchar  hacia adelante. Si mira atrás puede sucederle lo que a la mujer de Lot, porque como lo dijera el personaje de Los demonios, la colosal novela de Heimito Von Doderer: “ Cuando una imagen te gana y te hace preso, te despoja del resto de las cosas del mundo y quedas desamparado”.

6 comentarios:

  1. Tu librepensador quiere pensar por su cuenta, utilizar su cerebro, en vez de aceptar los juicios de las autoridades, ya sean políticas, religiosas o lo que sea. A muchos esto les parecerá natural, pero es muy pero muy difícil. En esto nos encontramos a veces con sorpresas: acabo de leer un artículo en una revista de EEUU en la que elogia al papa por aceptar los postulados de la ciencia, al decir que la iglesia no tiene problemas con la evolución y el big-bang, en contraposición con importantes políticos republicanos, que estarán al frente de comités de ciencia... que no creen en esas ideas científicas. Y me dije, caramba, como deben ser estos señores si el papa es presentado como un modelo para un librepensador!

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  2. Ya lo ve usted : "En el país de los ciegos reinan los tuertos", mi querido don Lalo. El mundo involuciona a un ritmo tal que los antiguos conservadores parecen liberales, pero es porque estos se desplazaron tantos grados en su giro hacia las tinieblas que alcanzaron por la cola a sus viejos antagonistas, como en uno de esos episodios solo en apariencia absurdos de los dibujos animados.

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  3. Su reflexión viene como anillo al dedo para la actualidad de nuestro país. El oficio de librepensador está mal visto en la Bolivia plurinacional, especialmente en filas oficialistas donde cualquier dirigente de base o legislador que cuestione o critique a los jefes, al rato se le jala las orejas para que no se desvíe del camino o, para peor, puede caer en desgracia al extremo de apartarlo como un apestado. De ahí que alcaldes, diputados, gobernadores y otros funcionarios se ven obligados -o lo hacen por calculado lameculismo- a repetir como si fuera un eslogan aquello de que son simples “soldados del proceso de cambio” y de que se atienen a “decisiones orgánicas”. Pero hasta qué extremos hemos llegado de intolerancia, buscando sobre todo imponer el pensamiento único que, en una entrevista, el caudillo afirmó tranquilamente que “todo aquel que no es masista (oficialismo) es fascista”. Y lo dijo el líder de un partido cuya forma de gobernar es fascistoide en muchos aspectos.

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  4. Apreciado José : no olvidemos que en el siglo XX latinoamericano casi todas las formas de populismo, desde Perón hasta las versiones más recientes, se inspiraron en el fascismo de Mussolini. Incluso Hitler se sentía deudor del Duce italiano. Lo que resulta curioso en algunos caudillismos del siglo XXI es la manera como mezclan impunemente elementos del fascismo y el comunismo , en una combinación que no puede menos que resultar letal.

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  5. Gustavo, eso me recuerda la canción, junto al video correspondiente, de Pink Floyd Another Brick in the Wall.
    Acá le dejo otra imagen que me resulta del texto. Mejor, mi banda sonora para su texto, del año 1998 Do the Evolution de Pearl Jam:
    https://www.youtube.com/watch?v=aDaOgu2CQtI
    Saludos.

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  6. Mil gracias por el enlace, apreciado Eskimal. Claro que recuerdo esa canción de Pearl Jam. Por lo demás, creo que el subtítulo general para el disco y la película The Wall podría ser : " Manual para aniquilar a un librepensador".

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