jueves, 5 de enero de 2017

La hora de la utopía





Todo empezó en Córdoba, Argentina. Corría el año de 1918. Para la época solo existían tres universidades en el país: las de Buenos Aires, La Plata y Córdoba. Con algunas excepciones, el acceso a ellas estaba monopolizado por las élites enriquecidas con el negocio de la carne y los granos.
Entonces, los estudiantes se tomaron la universidad pidiendo una  auténtica democratización. Demandaban mayores  oportunidades de ingreso y unos programas acordes con los cambios experimentados por  el mundo a partir de hechos como la  industrialización  y la Revolución Rusa.
En pocos meses la agitación se contagió a otros lugares del mundo.
Colombia no fue ajena a esa fiebre.
Aunque controlados por  la iglesia, así como por los partidos liberal y conservador, los universitarios   colombianos se harían visibles  en los años treinta, liderados por intelectuales como Germán Arciniegas, Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Michelsen. Estos últimos serían presidentes de la  República unas décadas más tarde.
Pero fue después de la Revolución cubana en 1959 cuando la  onda expansiva de la rebelión llegó a las aulas y sacudió la pacata sociedad  de la época.


A diferencia de sus congéneres argentinos, los jóvenes colombianos no pretendían tanto reformar la universidad como transformar el país. Su utopía era de estirpe socialista. El historiador colombiano  Álvaro Acevedo Tarazona se propuso rastrear las motivaciones, las consecuencias y, sobre  todo, la vida, pasión y muerte  del movimiento estudiantil surgido en  las principales universidades del país, entre ellas  la  Universidad Industrial de Santander.
Precedido de un análisis del panorama  local y mundial se despliega un coro de voces de quienes fueron protagonistas  o testigos de  una protesta que  de a poco sumó fuerzas  hasta provocar una reacción en cadena que  obligó a los gobiernos del momento  a tomar medidas cada vez más drásticas, sin  excluir la ocupación física del campus o el uso de armas para reprimir las manifestaciones públicas cada  vez más vehementes y numerosas.

                                                                Jaime Arenas

Memorias de una época es el título del libro. Por sus quinientas páginas desfilan  hombres  y mujeres, que desde y uno y otro bando, protagonizaron algunos de los momentos más dramáticos de la segunda mitad del siglo XX en Colombia. El padre Camilo Torres Restrepo o el líder estudiantil y más tarde guerrillero  Jaime Arenas, cobran vida en los testimonios de quienes los conocieron de cerca y combatieron a su lado. En la otra orilla aparecen figuras de la vida política nacional como Horacio Serpa  Uribe o rectoras de la Universidad   Industrial de  Santander como Cecilia Reyes de León, recordada por la mano fuerte utilizada para enfrentar protestas que llegaron incluso a amenazas contra su vida.
Entre coro y relato nos acercamos a la compleja urdimbre que hizo de las organizaciones  estudiantiles y los partidos de izquierda el germen de grupos  guerrilleros anclados de ahí en adelante en la historia nacional.  Muchos de esos jóvenes abandonaron  las aulas y se  marcharon al monte atraídos por el canto de sirenas de su propia utopía. Como era de esperar en personas inexpertas, murieron por centenares en las filas del Eln, el Epl, el M-19 o las  Farc. Con su sangre  se escribieron capítulos enteros de una suma de violencias y sueños fallidos cuyas secuelas no acabamos de resolver.

                                                 Camilo Torres Restrepo

El mayo de 1968 acabaría de prender el fuego en una sociedad de por sí bastante convulsionada por sus propias injusticias y por la suma  de exclusiones generadas por el Frente Nacional, que  le entregó el país a liberales y conservadores, dejando por fuera  al resto de expresiones emergentes.
Ese sería el segundo capítulo de  la historia, que nos lleva al debilitamiento progresivo del movimiento estudiantil. Las causas fueron muchas. La  represión, que alcanzó  su clímax con  el estatuto de seguridad de Turbay Ayala. El fracaso del  experimento socialista en  otras latitudes. El pragmatismo de la  Guerra fría y sus repercusiones en Colombia. El advenimiento de una sociedad basada en el consumo  compulsivo y, por lo tanto,  en el egoísmo más atroz. La desintegración de la Unión Soviética. Todas las anteriores fueron razones  para que   el empuje inicial se redujera a la mínima expresión.
Sobre ese arco de espacio y tiempo viaja el libro de Acevedo Tarazona , haciéndonos testigos de un  momento de nuestra historia que los más jóvenes no vivieron y que otros olvidaron o no requieren recordar, pero que debemos revisitar  si queremos entender nuestro siempre incierto presente.

PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

2 comentarios:

  1. Fascinante recorrido el que propone Álvaro Acevedo Tarazona por los vericuetos del debate político en las universidades colombianas, el germen de buena parte de las posteriores transformaciones en la vida nacional. Me pregunto qué dirá el historiador cuando le toque, si es que le toca, describir y analizar otro tipo de debate transformador en los campus universitarios, como el que caracteriza a muchas universidades en Estados Unidos y otros países, donde los estudiantes están obsesionados con problemas realmente trascendentales, como cuándo y por qué tienes el derecho de ingresar en el bano de mujeres si eres portador de pene, o el derecho a que la universidad garantice que ninguna idea perturbadora (!horror!) interfiera con los prejuicios de la hora. Suerte con eso.

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  2. Ja, ja, ja. Bienvenida sea esa gratificante dosis de humor negro (¿Será políticamente correcta esta última expresión?) mi querido don Lalo.
    Aunque creo que usted se ha quedado corto. Existen debates todavía más profundos. Por ejemplo ¿ Las selfies tomadas en tu móvil... tienen mejor definición que las del mío?
    Queda abierto el debate.

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