miércoles, 23 de julio de 2014

Aves de paso




Como la del talante andariego de los gitanos, la  figura del ave de paso ha devenido metáfora fácil relacionada con el tópico de la libertad. Esa misma condición la reviste de un carácter ambiguo y manipulabe: lo mismo puede ilustrar el espíritu de aventura de ciertos buscadores como la irresponsabilidad propia de quien no  quiere comprometerse con nada.
Para algunos esa es una de las características del  mundo globalizado: los individuos  y las empresas van  y vienen siguiendo el norte de los mercados. Eso en sí mismo no es bueno ni malo: todo depende de la manera como cada quien aproveche las circunstancias  para su propio beneficio  y, si posee alguna conciencia de su ser social,  para el de los demás.
Las anteriores inquietudes surgieron después de una visita repentina de mi vecino, el poeta Aranguren. Como les he contado en ocasiones anteriores, aparte de su pasión por los clásicos griegos y latinos, al hombre lo devora un amor no correspondido  hacia el Unión Magdalena, un equipo de fútbol que una vez fue grande, para extraviarse más tarde en los meandros de los desaciertos  administrativos y los intereses mafiosos que rodean a ese deporte en el mundo entero.
¡Ñeeeeerdaaa! ¿Me quieres decir  que los hinchas del Deportivo Pereira, el equipo que hicieron grande tipos como Isaías Bobadilla, Moncho Rodriguez, Jairo Arboleda, Mincho Cardona o  Apolinar Paniagua se volverán ahora devotos de unos aparecidos de origen incierto? Me gritó a la cara, provocando la risa de mi mujer,  acostumbrada a sus explosiones de indignación ante asuntos tan dispares como  los desaciertos del gobierno nacional, la incivilidad del vecindario, la corrupción rampante o  un mal arbitraje que sepultó aún más a su equipo amado en la segunda división.

                                                   Deportivo Pereira 1972

Se refería claro, a la posible llegada a  Pereira  del equipo de fútbol conocido  como  Águilas Doradas,  surgido hace  años con el nombre de Industrial Itagui, en la ciudad de este último nombre. Gracias  a un acuerdo con la administración municipal y con los propietarios del Deportivo Pereira, ese club  tendría desde ahora a la ciudad como sede  de sus juegos, tanto a nivel de los torneos locales como de los compromisos internacionales.
Por supuesto, les asiste  toda la razón a  quienes argumentan que ese convenio dinamizará en varios frentes la maltrecha economía local, aparte de generar ingresos para mantener un estadio en el que se  enterraron  alrededor de treinta mil millones de pesos, con el fin de  cumplir las imposiciones de la Fifa para la realización de un torneo mundial de categorías menores.


Pero quienes  vemos en  este juego un hecho que va más allá de lo deportivo compartimos la desazón del poeta Aranguren. Desde su nacimiento, los clubes de fútbol han operado ante todo como un referente de identidad  individual y colectiva. Ya se trate del barrio, la vereda, la ciudad, la región o el país, contribuyen a reforzar la ilusión de pertenecer a  una comunidad, cuanto más imaginada mejor. Pero  de un tiempo para acá, estas organizaciones son cada vez más en Colombia aves de paso, en el peor sentido de esa expresión. Van de  ciudad en ciudad, dependiendo del humor  y de los intereses de sus propietarios o de las prebendas  ofrecidas por los gobernantes de las localidades  de acogida, que además necesitan circo  para su pueblo. Uno de los casos ilustrativos es el del Club Alianza Petrolera, que ha tenido por lo menos tres  sedes distintas en su corta historia, lo que de entrada imposibilita que alguien se enamore de veras de sus colores. Según mi vecino, cuya lucidez se acrecienta a medida que se echa un nuevo trago de ron  Tres Esquinas al coleto, ese puede ser el destino de estas aves  que intentan hacer nido en Pereira.

jueves, 17 de julio de 2014

Dígamelo en castellano





El evento tuvo lugar en Pereira, Colombia, un país que, entre  más de un centenar de dialectos, tiene como lengua oficial  el castellano. En ella se han escrito poemas tan bellos como los  Nocturnos de José  Asunción Silva o novelas tan  colosales como Cien años de soledad. En ese idioma tejieron  sus relatos los cronistas de Indias, abrumados por la desmesura del paisaje y lo inabarcable de las distancias.
 Por lo visto, a los organizadores de ese  seminario, congreso o feria no les bastó la lengua utilizada por Porfirio Barba Jacob  para escribir su Canción de la vida profunda, porque decidieron ponerle el siguiente nombre: “Coffee Break  for Business  and Technology”.  Además, entre sus productos se encontraba un show room, aparte de un espacio para clusters y commodities.
Ya sé que algunos de ustedes me van a moler a palos. Van a decir que estamos en tiempos de la globalización y por lo tanto debemos pensar en grande, según dicen los teóricos de la administración y el crecimiento personal. En esa medida el conocimiento  y utilización de un segundo idioma  es cuestión de supervivencia.
Y tienen  toda la razón. Pero mi malestar no tiene relación alguna con el  patrioterismo- sentimiento que detesto- y menos con esa forma de pasión desmedida por lo propio que anula de entrada el reconocimiento de los  valores ajenos. Simplemente pienso que todo tiene su tiempo y su  lugar: está muy bien que nuestros  ejecutivos y empresarios se capaciten para hacer negocios en todos los idiomas, incluidos los mencionados en el relato bíblico de  la Torre de Babel. Se necesita como mínimo el inglés para negociar con un extranjero que nos visita  o cuando en procura de nuevos mercados viajamos  a lugares  remotos de la tierra
Pero que hablemos-  bastante mal, por lo demás- la lengua de Shakespeare y Los Beatles entre nosotros mismos no puede ser sino una muestra de ese esnobismo hijo del sentimiento de inferioridad que caracteriza a los individuos  y a las sociedades  ansiosas de reconocimiento ajeno. Eso hasta se les perdona  a los muchachos cuando ofician sus rituales en las discotecas de moda o a través de  los códigos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. De ahí  a recibir todos los días invitaciones que hablan de coaching , outsourcing y benchmarking o escuchar a  programadores de radio presentarse a sí mismos como diyeis media un trecho  bastante grande.


 Y es  que llevado al campo de los adultos hispano hablantes el asunto se vuelve sospechoso. El evento en cuestión  pudo haberse llamado Un café para hablar de negocios y tecnología. Suena  hasta más acogedor. Además, el mensaje es claro, preciso y conciso, como lo piden los expertos en comunicación. Referirse a  cadenas productivas en lugar de clusters, reemplazar  show room por sala de exhibiciones y decir materias primas en lugar de commodities  resulta más amable y  cálido para un lector u oyente. Si la lengua  nos define  en tanto individuos y parte de un colectivo, utilizar las viejas y conocidas palabras  nos  hace sentir en familia. Ya  lo han repetido cientos de veces iniciados  y profanos: la única patria verdadera es la lengua. Cuando viajemos o recibamos visitantes extranjeros tendremos  ocasión de poner a prueba  la vastedad o precariedad de nuestros conocimientos. Por ahora, dígamelo en castellano.

jueves, 10 de julio de 2014

Libros y cervezas




En Colombia pasan cosas muy raras: desde amantes de los animales dedicados  a organizar marchas para reclamar por la cacería de un hipopótamo que representa un peligro para los campesinos, hasta desfiles de mujeres ataviadas con  trajes rosa en protesta por la que consideran estigmatización de sus congéneres oriundas de  Pereira. Lo curioso  es que a estas últimas les importa un rábano el asunto.
 Lo sucedido en el mes de  marzo con un video promocional de la cerveza Póker, con motivo de la celebración del llamado Día de los amigos, resultó una singular muestra no solo de nuestra predisposición para el absurdo sino de la capacidad de las redes sociales para provocar y multiplicar  la histeria colectiva.
El contenido del video en cuestión es bien conocido: un tipo llega a cumplir una cita con sus amigos con una enciclopedia como  regalo. La decepción de  los compinches no se hace esperar, hasta que descubren que dentro del mamotreto  hay una cerveza.  Entonces la felicidad se  desata y las cosas vuelven a la normalidad. Por el momento todo  tranquilo... hasta que se multiplicaron los mensajes de protesta  emitidos por quienes consideraban el  comercial como una afrenta al libro y a la lectura, al punto de que la empresa cervecera, en un inusual acto de autocensura, decidió retirar  de circulación el video de marras. Bueno, retirar  es un decir: en Internet, luego de puesta en marcha una información se  desata una reacción en cadena que ya nada puede detener.
“Bueno es culantro pero no tanto”, sentenciaba mi abuela Ana María con su lapidaria sabiduría de campesina. “No  se puede ser más papista que el papa" , afirman otros para prevenir sobre  los riesgos del exceso de celo. Creo que por ahí va la cosa.


En realidad no hay  incompatibilidad alguna entre  la lectura de un buen libro y el disfrute de una cerveza o de  cualquier otro trago. Es más: los dos actos pueden ser complementarios. Un goce  acrecienta el otro. En mi caso prefiero un ron doble o un buen vino tinto. Si hubo alguna falla debemos buscarla en la pobre  imaginación del diseñador de la campaña que hizo de la bebida y  la lectura hechos antagónicos. Pero  de ahí a justificar semejante  zafarrancho  media un trecho muy largo.
Somos un país que no lee y cuando lee lo hace mal. Los  más recientes estudios indican que no comprendemos los textos más elementales. Esa carencia se refleja en nuestra incapacidad para  pensar  en metáforas  y por la tanto para comprender o emitir conceptos. Ese es un problema de nuestro modelo educativo o incluso de  nuestro proyecto de sociedad como un todo. No por casualidad en las aulas se idolatra  al patán y se somete a escarnio al estudiante  aventajado. Por alguna especie de tara de origen bíblico experimentamos un temor ancestral ante el conocimiento.
Y eso no vamos a resolverlo con una pataleta por una campaña publicitaria. Mejor  haríamos en revisar el modelo educativo completo, empezando por el de la  formación  en casa, hasta llegar a los niveles  superiores. Solo así podríamos formar individuos críticos, reflexivos y autónomos, capaces de decidir  entre cosas complejas o simples, como la lectura de un buen libro o el disfrute de un trago de licor. O  las dos cosas juntas, para que  la dicha sea completa.

PDT : les comparto enlace al video en cuestión.
 http://cerosetenta.uniandes.edu.co/%C2%BFun-libro-el-pais-segun-poker/

jueves, 3 de julio de 2014

La horda digital





“¡Expulsen al caníbal!” “¡Encarcelen a ese criminal!” “¡Que suspendan de por vida a ese sicópata!” “Sáquenle los dientes y déjenlo así para siempre!". Las anteriores fueron  solo  cuatro entre las más decentes expresiones  leídas y escuchadas en medios de comunicación y redes sociales desde el martes 24 de junio ¿Se referían a algún asesino serial  sorprendido en el preciso momento de descuartizar  a un niño en un terreno descampado? Nada de eso: el destinatario de los  insultos era el futbolista  Luis Suárez, cuya expulsión tras morder a  su colega Giorgio Chiellini en el  juego  Uruguay – Italia ha sido documentada en detalle  como para redundar sobre ella aquí.
Tampoco voy a discutir sobre la curiosa balanza utilizada por la Fifa para impartir justicia, porque sus métodos  y criterios no difieren mucho de la justicia convencional, cuya  proverbial ceguera, bien lo sabemos, mengua o se intensifica al ritmo de los intereses en juego.
Lo que me produjo de verdad alarma fue el hecho de que muchas de  las expresiones de periodistas y usuarios de  las redes sociales resultaran tan agresivas y peligrosas como el ya célebre mordisco.  Escudados  tras un micrófono o   mimetizados entre la masa anónima, los alaridos surcaron el planeta en todas direcciones, pues nunca la aldea  se  hace tan global como cuando sus habitantes se vuelven histéricos. En cuestión de segundos se activó el fenómeno que un agudo observador definió como “Linchamiento virtual”,  una especie de agresiva reacción en cadena caracterizada por la abundancia de emociones y la escasez o ausencia total de reflexión y mesura.


Días antes había sucedido con la actriz holandesa Nicolette Van Damm,  condenada al paredón por concebir y subir a la red una  caricatura de su autoría en la que mostraba a los futbolistas  colombianos Falcao García y James Rodriguez aspirando la cal que demarca el  campo de juego como si se tratara de cocaína pura. Chistes como esos se ven y escuchan todos los días: no por casualidad en Colombia se publican  cientos de libros buenos y malos sobre un fenómeno que atraviesa la sociedad entera desde hace casi medio siglo: el narcotráfico. El delito de la actriz  consistió en hacer la broma justo cuando el patrioterismo  se encontraba  más exacerbado por los logros de la selección nacional. De puta para arriba sobraron los calificativos y hasta la cancillería colombiana interpuso una protesta  que derivó en la  renuncia de la holandesa a  su cargo honorífico en  la  Unicef
Lo grave de todo esto reside en la facilidad con que se pasa del linchamiento virtual – de por sí bastante dañino- al real, como le sucedió al autor de un pésimo e inoportuno chiste sobre la muerte  de un grupo de niños ocupantes de un bus incendiado: tuvieron que rescatarlo a última hora de los ataques  físicos de una panda de condiscípulos justicieros.
Todo lo anterior  es justificado por muchos con base en una retorcida interpretación del derecho a expresarse y a generar debate. Por lo menos esa es la sugestiva idea que nos han vendido: desde esa óptica, las redes sociales serían la  expresión de la democracia y de uno de sus pilares: el libre desarrollo de la personalidad.


Pero ¿ Dónde quedan  entonces nociones como  la responsabilidad por lo que se dice y hace, aparte del respeto por los  otros,  asuntos claves en la misma democracia?  Esa  es todavía una inquietud por resolver. Con la rapidez e impunidad que caracterizan al francotirador, las hordas  digitales tienen hasta ahora patente de corso para lanzarse sobre la presa escogida pos sus instintos. Por desgracia para la libertad y la dignidad de sus víctimas sus heridas suelen ser mucho más graves que las propinadas  por el impulsivo Suárez al  defensor italiano.
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