viernes, 14 de mayo de 2021

Discurso falaz






Las élites del mundo, con la colombiana incluida, han manejado a lo largo de los años una posición  amañada sobre la democracia. Cuando  sirve a sus intereses ponderan las bondades del modelo frente a otras formas de gobierno : la elección popular,   el talante representativo , la separación de poderes y la defensa de las libertades.

Hasta ahí todo funciona más o menos bien: de hecho, se afirma con razón que la democracia es la menos imperfecta de  las formas de gobierno. Sólo que este principio opera mientras responda a  los intereses de los grupos de poder que la tienen a su servicio. Porque cuando se sienten amenazados vuelven a las  viejas andanzas : la mordaza , las pistolas y las mazmorras.

Los colombianos acabamos de recibir una muestra de esto último. En medio de las turbulencias desatadas por protestas sociales que piden acuerdos serios y no simples respuestas  de momento, el diario El Espectador publicó en su edición digital del  miércoles 12 de mayo una nota más que preocupante : la reunión de dos congresistas  risaraldenses con un grupo  de empresarios de la región, en la que se habló entre otras cosas, de “ apelar a la legítima defensa” y de “ hacer presión” , a través de la pauta publicitaria, sobre medios de comunicación y periodistas  para que adapten  el tono  y los contenidos de la información a las demandas de un gobierno en apuros  frente a su propio pueblo y sometido a la mirada de la comunidad internacional.




Se trata del senador Alejandro Corrales , cafetero de Belén de Umbría, y del representante a la Cámara  Gabriel Jaime Vallejo Chufji,  de las entrañas de los grupos de poder locales.

Para  empezar, deberían explicarnos en qué consisten y cuáles son los  alcances de “ La legítima defensa”. En una sociedad  excluyente y proclive  al eufemismo esa frase puede significar muchas cosas y ninguna apunta en buena dirección. Sobre todo cuando apenas  una semana atrás se empezó a   hablar de “ ciudadanos de bien armados”, cuando en realidad  se trató de pistoleros disparando contra líderes  de la protesta pacífica, como sucedió con el  estudiante Lucas Villa.

Sobre lo de “ presionar” a través de la pauta a medios y periodistas, creo que la palabra precisa  es chantajear, porque a menudo nuestro hábito de no llamar las cosas por su nombre nos ha conducido a callejones sin salida.  Basta un ejemplo : decirle “falso positivo" a un asesinato a secas dilató durante muchos  años el abordaje directo y honesto de esos crímenes.

Si bien esa es una vieja práctica, a esta altura del camino precisamos más que nunca de medios  y periodistas que aborden la complejidad y diversidad de los acontecimientos con criterio , de modo que los  consumidores de información, cada vez más pasivos y confundidos, tengan  los elementos mínimos para hacerse a una idea de las a menudo contradictorias fuerzas que los rodean.

Esa “ presión” a los medios y periodistas puede abrir las puertas al nefasto delito de opinión que tantos desastres ha ocasionado en el mundo. Después de todo, vivimos en un país que a lo largo del siglo diecinueve libró reiteradas  guerras  civiles en defensa de la  libertad de expresión.




No puede ser que las hayamos perdido todas.

Por fortuna para todos, hoy tenemos los medios alternativos  y digitales  que gestionan su supervivencia por fuera de la pauta convencional, tan fácil de  utilizar para obligar  al silencio, cuando no a la abierta complicidad de  propietarios, directores  y periodistas.

Como ustedes lo habrán notado ya, buena parte de este  texto salió entre comillas. Pero esa  es nuestra realidad de hoy : vivimos en un país entrecomillado por la retórica oficial y sus replicantes en todos los frentes. Todo lo que se dice y escucha puede ser un arma letal, sea  real o simbólica. Si antes  se hablaba de “ pájaros “, luego  de la “ mano negra” , más tarde de  “fuerzas oscuras” y ahora de “ vándalos”, algo tenebroso tiene que estar agitándose allí para que no nos decidamos a llamarlas por el nombre. Si revisamos la Historia de Colombia, siempre  algún caudillo o partido político acabó beneficiado con esa deliberada confusión.




Este es un buen momento para cuestionar el discurso falaz  sobre la democracia. Si es buena ha de serlo para todos, empezando por la aplazada deuda de la justicia social y el equilibrio económico. Pero no puede ser defendida sólo cuando el mecanismo electoral garantiza la continuidad de un político, o cuando  el legislativo sirve para aprobar leyes en beneficio  de  una casta corrompida hasta los tuétanos.  Mucho menos  si la prensa y quienes trabajan en ella son vistos como simples amanuenses desprovistos de toda distancia crítica.

Resumiendo: es hora de  empezar a quitar tantas comillas.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada
https://www.youtube.com/watch?v=3n6nR6o6fzM

martes, 11 de mayo de 2021

El truco de la cola





El periodista argentino Daniel Santoro escribió: "Cuando un reportero encuentra la cola de la rata hay que jalarla, hasta llegar al final”. Esa frase afortunada resume la esencia del periodismo de  denuncia. Otros lo han dicho de distintas maneras. “ Sigue el olor del dinero” o “sigue los pasos de la amante o del amante”.

En últimas todos aluden a lo mismo: a la necesidad de no soltar al  corrupto una vez se le ha pillado por la cola. Al final, periodista y medio tendrán su recompensa: la revelación de toda una trama  de robos y saqueos en la que a menudo subyacen dos grandes detonadores:  sexo y poder. Porque, en últimas , esas son las dos pulsiones  vinculadas a toda  forma de corrupción.

Cuando el portal  web Tras la cola de la rata nació en un salón de clases allá por abril   del año  2011 no pudo haber elegido mejor el nombre.  El profesor  Abelardo Gómez Molina, que en noches de luna llena se desdobla y firma como Antonio Molina, fue el gestor de la idea en compañía de un grupo de estudiantes de periodismo.

En principio fue un blog en el que  se publicaban los mejores trabajos de los muchachos.  Pero como en el mundo las ratas son legión, pronto ese formato se reveló corto y migró hacia la condición de página web.

Pero la filosofía siguió siendo la misma: desfacer entuertos. Negocios truchos, políticos venales, saqueos al erario, fraudes y malversaciones constituyen la impronta pública de América Latina y    Colombia no es la excepción. De modo que a Abelardo y sus muchachos nunca les faltó trabajo, aunque si tiempo y recursos para  desarrollar una tarea que siempre resulta costosa.




A lo largo de esa década se han sucedido los gobiernos, pero  sus lacras siguen siendo las mismas. Y el equipo de investigación y redacción de La cola de rata- con el tiempo decidieron acortar el nombre- ha estado allí para revelarlo. Las infamias del clan Merheg con recursos tan sagrados como los de la salud.   El constreñimiento  al elector en la etapa final de la alcaldía de Juan Pablo Gallo. La irresponsabilidad del Ingenio Risaralda en el manejo de sus residuos. Las andanzas del político Mario Marín y sus familiares más cercanos  han sido y son parte de una agenda informativa que le ha valido reconocimiento y respeto en el ámbito de  los medios independientes del país.

En épocas recientes, alianzas con medios de comunicación de probada responsabilidad  como Baudó Agencia pública y La liga contra el silencio le  han permitido expandir y  multiplicar sus audiencias más allá de los límites regionales.




Fiel al legado de los antiguos humanistas, el portal no se ha limitado al campo de la denuncia.  En sus páginas han encontrado sitio expresiones tan disímiles como la crónica, el ensayo, el cuento y la poesía,  tan importantes  todas para la comprensión de  los factores que determinan el rumbo de las personas y la sociedad.

Por eso mismo, en la celebración de sus  primeros  diez  años de vida al servicio de la sociedad la La cola de rata decidió publicar un libro cuyo título parafrasea la letra de Volver, el célebre tango de Gardel y Lepera : Diez años son nada.

Con el sello de El editor ( así se llama la editorial, a secas) el libro recoge en  doscientas noventa y cinco  páginas algunos de los más destacados textos publicados durante una década convulsa y sorprendente, como todas.

Abelardo Gómez Molina


Diez años son  nada o son mucho. Todo depende de la mirada de quien  escribe y de de quien lee. Al menos en este  libro uno puede captar la intensidad y la prolijidad de la existencia en una crónica de Giussepe Ramírez sobre el músico Alfredito Linares  o en un  texto de Felipe Chica Jiménez alrededor de la vida dura de  los raspachines de hoja de coca. A su vez, el desarraigo  implícito en toda  forma de colonización se asoma en el minucioso relato de Maritza Palma, tejido en  las entrañas del páramo. También puede desatar los nudos de la memoria en  una bella estampa de los días heroicos del ciclismo colombiano en la pluma del cronista Camilo Alzate.

Intercaladas a lo largo del libro están, por supuesto, las investigaciones de mayor impacto adelantadas por el portal en todo este tiempo.

También hay lugar para la lucidez del ensayo, en una propuesta de Alan González anclada en la obra de Constantino Cavafis o en un contrapunto de Jonathan Arredondo   sobre la obra del argentino  Ricardo Piglia y el colombiano Rigoberto Gil.

Lejos de cualquier ortodoxia,  en La cola de rata hay espacio incluso para la poesía, ese difícil género que les sirve de soporte a todos los demás.

Esa pluralidad le ha permitido fortalecerse y llegar  a su primera década con la convicción de que  son muchos los desafíos por afrontar, entre los que los recursos económicos necesarios para  la supervivencia no son asunto menor.

Por eso, siguiendo el ejemplo de los curas de parroquia, han  decidido sacar la ponchera para apelar  a la solidaridad de los lectores que hemos  enriquecido nuestro mundo a  través de sus páginas. En este caso se trata de intercambiar dinero por  historias, de modo que al final todas las partes resultan ganadoras.

Aunque en realidad es sólo un decir: una  buena historia no tiene precio, porque puede  cambiarnos la vida para siempre, tal como lo sugiere la periodista Gina Morelo en su prólogo : “ ¿Escribir para qué? ¿ Si leer  es un vicio,  escribir qué sería?”

Un vicio impune, a juzgar por los textos compilados en este libro.  Y los vicios fieles no nos abandonan nunca.

PDT.  les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada
https://www.youtube.com/watch?v=ZXqSEw3H_PI





lunes, 3 de mayo de 2021

Colombia en su punto de quiebre




En el tenis, como en la vida, existe un momento  de quiebre, una jugada que cambia el curso de los acontecimientos para bien o para mal.

Match point, le llaman a ese instante.

Los colombianos asistimos hoy a nuestro propio punto de quiebre.

Contemplando las imágenes de los destrozos ocasionados durante las recientes jornadas de protesta iniciadas el 28 de  abril, uno advierte de entrada dos planos de una misma realidad : los hechos y los síntomas.

Los primeros, expresados en atentados a bienes públicos y privados, pertenecen a la esfera del delito y  deben ser investigados y penalizados como corresponde a nuestro ordenamiento jurídico, por desacreditado que esté.

En eso todos estamos de acuerdo, porque nos permitiría dilucidar de una buena vez   la identidad de los autores de los destrozos y a quienes obedecen:

¿A la extrema izquierda, renuente a cualquier tipo de opción pacífica? ¿ A la extrema derecha, proclive a sembrar el caos para presentarse después como redentora? ¿ A agencias del Estado interesadas en deslegitimar la protesta y justificar el uso de la fuerza?

Lo segundo no es menos importante.  Según nos enseña la historia, la violencia y la anarquía no surgen por generación espontánea. Son el resultado de la frustración, la desazón y  la impotencia acumuladas durante años, décadas y siglos en las entrañas de una sociedad. Después de todo, habitamos en uno de los países más desiguales y corruptos  del mundo. Hemos sido  desgobernados por unas castas que han sustituido  nociones como solidaridad y justicia social por la más cómoda y barata práctica de la caridad… pagada con recursos de la sociedad, claro.

En eso somos expertos:  en privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.

Tantas miserias acumuladas solo pueden conducir a la desesperanza, que es el paso previo a la desesperación. Y una sociedad desesperada se enfrenta  un desafío : o convierte esa desesperación en energía creativa y transformadora o se entrega en cuerpo y alma al primer mesías que  le ofrezca la redención. Y el pasado nos enseña que, independiente de su filiación ideológica, en política los mesías solo pueden conducirnos al abismo. Asomados al abismo, las etiquetas pasan  a un segundo plano: conceptos como izquierda o derecha se desvanecen.

Varias veces lo he compartido con ustedes: cada cierto tiempo, cuando necesito tomarle el pulso a la ciudad, calzo mis botas de siete leguas, empaco un botellín de agua, una fruta , un tentempié y me voy a recorrer las zonas marginadas de Pereira y Dosquebradas , empezando por una barriada de trabajadores de la construcción, recolectores  de café, empleadas de oficios domésticos y rebuscadores callejeros llamada Los Pinos, ubicada en la parte  alta de una ladera. De ahí en adelante siguen Galaxia, Villa Carola, Estación Gutiérrez,La Mariana, El Martillo, Camillo Torres, Santiago Londoño, Otún y El Balso.

Cruzo el puente  y emprendo la travesía por los extramuros de Pereira. Me encuentro con un paisaje similar en el que solo cambian los nombres: Charco Negro, Villa Santana, Tokio, Monserrate, Intermedio, Las Margaritas, La dulcera, La Churria, El Dorado y hasta un conglomerado de miseria con nombre de politiquero : barrio “ Luis Alberto Duque”.



Un año así y otro también, allí se han asentado desplazados por la violencia provenientes de distintas regiones del país, con  notoria presencia  de población indígena y negra. Entre ellos, y de espaldas al Estado, han tejido lazos de solidaridad que les permiten sobrevivir en medio de la indolencia de una sociedad inclinada a pensar que  las cosas que no le duelen a ella no existen.



El problema empieza por ahí. No sólo existen: es allí donde se incuban la rabia y la desesperación que un día estallan y se traducen en  destrozos.  Justo en ese momento, los privilegiados claman por protección del Estado frente a los bárbaros, momento en que el  ejército es lanzado a las calles. Y cuando eso sucede…  revisen bien los libros de historia y verán.

En esas barriadas he visto  muchachos de dieciséis años consagrados  al delito; me he tropezado con ancianos de cuarenta, estropeados por largas jornadas de trabajo duro a la intemperie;  me he topado con niños milicianos armados de changones; he encontrado pequeños de cinco años arruinados de por vida por la desnutrición. En suma, una población desprovista de cualquier forma de conciencia política y por lo tanto  inerme frente al llamado de delincuentes y caudillos, que casi siempre son los mismos.

Ese mundo está  allí en permanente ebullición. Sólo que “ los ciudadanos de bien” no los ven: andan demasiado atareados entre la casa, la oficina y el centro comercial. De hecho, este último constituye el centro de su pequeño universo.

Sucedió el 9 de abril de 1948, hace ya setenta y tres años. “ La chusma” como llamaban las élites de entonces a  los pobres, empujadas por  un instinto primigenio de supervivencia, se arrojaron a las calles y sembraron el caos en una ciudad que se preciaba de ser “ La Atenas suramericana”. Ahora ya no se les llama chusma sino terroristas, pero están impulsados por la misma furia contenida.


Ese es nuestro  punto de quiebre hoy. El retiro del proyecto de reforma tributaria muestra que el pragmatismo político y electoral primaron sobre los aspectos técnicos y económicos. Pero la crisis sigue ahí. Todavía estamos a tiempo de convertir la inconformidad y el malestar en energía transformadora. Tenemos líderes brillantes, propositivos y de  mentalidad abierta para emprender la tarea. Pienso en hombres como los exministros Alejandro Gaviria  y Juan Luis Mejía o en  Pablo Felipe Robledo, que fuera Viceministro de Justicia y Superintendente de Industria y Comercio  Pero existen muchos más. Nuestra tarea es buscarlos. De lo contrario, seguiremos  a merced de los tenebrosos personajes que  ladran en la televisión y las redes sociales. A esta altura del juego, no podemos confundir sus aullidos con  un designio histórico.

Ese es el tamaño de nuestro desafío.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=0LLIkGUwIr4



lunes, 26 de abril de 2021

No nos toquen los huevos



“ A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Esa es quizá la alusión más antigua a la obligación de tributar que cobija a todas los integrantes de una sociedad, entendida esta como  grupos de personas  reunidas  alrededor de  una estructura de poder.

Lo que  diferencia la clase y alcance de los tributos es el criterio y los instrumentos  utilizados para justificarlos  y hacerlos valer. En la antigua Grecia existió un impuesto llamado Eisphorá, que gravaba   a los más ricos. A su vez en Roma, César Augusto, considerado el primer gran estratega fiscal, diseñó un modelo denominado Portoria. Como su nombre lo sugiere, estaba enfocado a cobrar  una tasa impositiva al ingreso y salida de  productos por los puertos.

Salvo algunos fundamentalismos, en general  se acepta que no ha existido ni existe sociedad alguna que pueda vivir sin impuestos. Son el oxígeno que permite mantener en marcha el  aparato del Estado y satisfacer las demandas de los distintos grupos sociales y económicos.

En realidad los conflictos empiezan por las implicaciones políticas de las  decisiones tributarias, entendida la política en su mejor sentido, es decir el campo que se ocupa de la gestión de lo público.


De cómo se oriente esa gestión y del momento para hacerlo, depende el mayor o menor grado de aceptación de los impuestos entre esos grupos sociales.

Dicho de otra manera : ¿Cuándo y en qué medida tocan a los ricos? ¿ Cuándo y en qué medida a los pobres? ¿Y a las clases medias?.

Entrados en el caso actual de Colombia, los impuestos nunca han formado parte de un proyecto de sociedad, porque ni siquiera ha existido tal proyecto. Son más bien recursos desesperados de coyuntura: una guerra, una emergencia, un déficit fiscal. Por eso, en tiempos de campaña los aspirantes a gobernar  se abstienen de afrontarlos en toda su dimensión. A la hora de reclamar el voto  juran que no habrá más impuestos. 

Como nos enseña la experiencia, cuando acceden al poder las cosas se tornan  de otro color.

No ha existido entre nuestros políticos una posición directa y clara frente al modelo tributario, como sí ha sucedido en Australia, en los países nórdicos y en  la Gran Bretaña y los Estados Unidos antes de  la era Reagan- Tatcher, que arrojó por la borda el patrimonio social   forjado durante siglos, dejando las cosas más esenciales en manos de un mercado voraz y sin medida ética.

No está pues en discusión la importancia de los impuestos, mucho menos en un país signado por altas tasas de evasión y fraude fiscal entre los sectores más pudientes.

Y es ahí donde reside una claves del actual debate, enturbiado por un entorno marcado por la pandemia de  la Covid-19 y las exigencias sanitarias, sociales y económicas que de  ella se derivan.


Para  algunos de los economistas más influyentes del siglo XX y lo que va corrido del XXI como J. M Keynes, Paul Samuelson y Thomas Piketty, la razón  última de un modelo tributario racional está centrada en la distribución de la riqueza y en la irragación  de sus beneficios a todo el cuerpo social.

Pero   sabemos   que entre nosotros conceptos como Justicia social  o redistribución del ingreso han sido marcados con la etiqueta descalificadora de   comunistas y subversivos.

Eso explica  que las sucesivas reformas respondan más al imperativo de enfrentar una crisis fiscal  que a la expresión política de  la responsabilidad social que nos compete a todos.  Colombia se parece así al Simón El bobito de la célebre fábula, empecinado  en  la  absurda,  agotadora e inútil tarea  de abrir un hoyo en la tierra para tapar otro.

De semejante manera de abordar las cosas   sólo puede derivarse una cadena de  contrasentidos.  Ante la intención de gravar  con impuestos  a productos tan esenciales como el huevo, la nutricionista Clara Puerta me da por teléfono su respuesta lapidaria: “ Las  carencias en el consumo de leche y huevos en la temprana infancia pueden provocar lesiones cerebrales degenerativas  capaces de ocasionar  un cretinismo de por vida”.




En el otro polo de la discusión, un estudio de la Universidad Nacional de Colombia nos dice que un impuesto del 24 % a  las bebidas azucaradas  a lo largo de veinticinco años daría, entre otras cosas, los siguientes resultados positivos:

Se evitarían  287.671 casos de enfermedades derivadas del consumo de  azúcar.

Se podrían prevenir 21.237 muertes por la misma causa.

Los recaudos por ese impuesto alcanzarían los 99.6 billones de pesos.

Sin embargo, la realidad nos dice que se pretende gravar los huevos sin tocar a las bebidas azucaradas.

La razón  es obvia: son las empresas  productoras de esas bebidas, propiedad de  grandes conglomerados económicos, las que patrocinan  las candidaturas a  la presidencia , al congreso y otras corporaciones de índole local y regional.

Como si no bastara con eso, el nombramiento de un ministro exige su aprobación y el cabildeo ante los legisladores es una práctica constante.

Imaginar una reforma tributaria con el sentido  y el alcance que le dieron los economistas mencionados unas líneas atrás se convierte entonces en una quimera.

De ahí que los colombianos no encuentren alternativa  distinta a la de lanzarse a las calles en medio del punto más alto en esta nueva escalada de la pandemia. Después de todo, está última pasará mientras los efectos de la reforma pueden afectarlos  por el resto de sus días.

Así de simple es el asunto : a esta altura del camino, no queremos que nos toquen los huevos.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=5R5I9Bhoaz0

miércoles, 21 de abril de 2021

Daños colaterales



 Cuatro semanas atrás, durante una visita a Colombia para tratar la situación de los venezolanos en  el país, una funcionaria de ACNUR utilizó la expresión“esperanzosa” para  referirse a las  expectativas   generadas tras la promulgación del Estatuto Temporal de Protección   de Migrantes por parte del gobierno colombiano.

Desde luego, la señora quería decir esperanzadora. Sólo que se vio  obligada  a adaptar la palabra a la  gramática de  su lengua nativa. Hasta ahí todo va  bien : así funciona el uso  de los idiomas aquí y en cualquier parte. Recordemos  la forma como nuestro lenguaje coloquial convirtió el inglés watchman en guachimán o el Round point en rompoy. Así se enriquecen  y transforman las lenguas de la tierra.


Pero una cosa son las transformaciones naturales y otra muy distinta el arribismo expresivo. Ya me imagino al esnob de coctel hablando de una obra esperanzosa, tal como muchos tecnócratas  utilizan  hoy el verbo aperturar en lugar del humilde abrir, recepcionar en sustitución  del útil y claro recibir, internación  para decir ingreso o visualizar, en remplazo del  más preciso ver.

Eso para no hablar de los abusos perpetrados por el periodismo deportivo, donde en lugar de usar el viejo y preciso marcar se apela ahora al confuso y feo referenciar.  “El defensor referenció al delantero rival”, recitan y las audiencias se  sumen en el estupor, ante la imposibilidad de entender lo que les quisieron decir.

Y  se supone  que la clave de la buena comunicación es la claridad que conduce a la comprensión.



Esas cosas nacen de la necesidad de vérselas con un organismo  vivo y  palpitante como es el lenguaje. Pero siempre estaremos transitando los límites del absurdo cuando los usos no corresponden a la necesidad sino a la pose o  a la voluntad  de manipulación. En este último caso, en lugar de enriquecerse el  idioma se  empobrece. No sé quien fue el primer tecnócrata  al que se le ocurrió utilizar el verbo socializar  en sustitución de expresiones tan diáfanas como divulgar, hacer pública o compartir una información.

En todo caso, por esa ruta hemos llegado a la tontería de  decir que vamos a socializar con una persona, cuando en realidad queremos aludir al dichoso acto de conversar, charlar   o botar corriente, para utilizar una expresión rica y cara al habla coloquial.

Hasta aquí las cosas parecen meramente anecdóticas.  Pero  si uno se detiene a pensar, sin darnos  cuenta las palabras empiezan a transitar por el peligroso terreno de los eufemismos, ese recurso consistente en manipular el lenguaje para ocultar la realidad. Eso lo saben los demagogos, los publicistas, los jefes de propaganda oficial y los gurús.

La historia del niño en el cuento de Hans Christian Andersen El nuevo traje del emperador, el único que se atreve a decirle al rey que está desnudo, es bastante ilustrativa al respecto y debería marcar la pauta para quienes trabajamos con las palabras .

Pero no. De un momento a otro confundimos la sobriedad  y la elegancia con hipocresía, asepsia y corrección política.



¿Recuerdan la expresión “ daños colaterales”?. Hagamos memoria: la frase  surgió en el mundo de la guerra y fue acuñada para aludir a  las secuelas letales de invasiones  y combates en la población civil y en sus lugares de residencia. Da igual si se trataba de una aldea vietnamita perdida entre  arrozales o de  los habitantes de Hiroshima y  Nagasaki devastados por el infierno nuclear.

Lo grave es que periodistas, medios de comunicación,  políticos y ciudadanos cayeron en la trampa y empezaron a recitar la frase, despojando  así al horror de sus hondas implicaciones éticas.

De igual modo los nazis redujeron el exterminio sistemático de judíos a  algo tan impersonal y abstracto como La cuestión judía. A su vez, el estalinismo forjó el concepto de Realismo socialista para confinar el arte al terreno de la propaganda oficial, mientras el maoísmo chino acuñó la sugestiva  etiqueta de Revolución Cultural para esconder lo que en realidad fue una especie de lobotomía colectiva dirigida a despojar a la gente de su autonomía y sentido crítico para ponerla al servicio de una ideología.

Llegados a Colombia , el caso más ilustrativo es el de los asesinatos cometidos por integrantes del ejército a instancias del ejecutivo, bautizados con manifiesta intencionalidad de ocultamiento bajo el nombre de falsos positivos. Esta última frase es  tendenciosa, ambigua y distrae a quien la pronuncia y la escucha del drama humano implícito y de las repercusiones legales  de esos crímenes.

En esa misma dirección, siguiendo la línea de su antecesor y guía, el presidente Duque y sus asesores de propaganda decidieron borrar las masacres que  desangran cada día el mapa de Colombia, reduciéndolas a  la condición de asesinatos colectivos, lo que marca una sutil y esencial  diferencia, que confunde al consumidor pasivo de información.

Sumo y sigo. Cada día los biempensantes  forjadores de la corrección política nos asaltan con una nueva frase o vocablo enfocados a hacernos creer que las pesadillas políticas y económicas desaparecen con solo cambiarles de nombre. Expresiones como afro, trabajadora sexual, adulto mayor y habitante de calle, para mencionar solo cuatro de las más utilizadas, sugieren un cambio en las condiciones de vida de las personas. Condiciones que en muchos casos no han hecho nada distinto a empeorar.

Y llegamos a la cima del listado: el llamado lenguaje incluyente, de obligado uso en algunos sectores. Aparte de alargar las frases y  afear el estilo, nada aporta eso de hablar de los ingenieros y las ingenieras, de los amigos y las amigas, los abogados y las abogadas, los rinocerontes y las rinocerontas.  Más allá de la paranoia militante, nada agrega esa  absurda enumeración. Después de todo, cuando se dice ingenieros se  incluye a las mujeres, los gays y a toda la amplia gama de la diversidad de quienes ejercen esa  y todas las profesiones.

Por estas fechas , cuando se habla del Día del Idioma, bien vale la pena hacer un alto en el camino para reflexionar sobre los daños colaterales que toda esta ordalía aséptica y farisea  le ocasiona a  nuestro principal instrumento de comunicación.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=WKElu2GiAl8

miércoles, 14 de abril de 2021

De la memoria



DE LA MEMORIA


Los recuerdos:

hilos de  tiempo

que nos surcan en todas direcciones.


De norte a sur

de la cabeza al sexo,

a los dedos de los pies.


De oriente a occidente

del corazón, al meñique, al anular.


A la luz  o en lo oscuro

nos agitan, nos aquietan

nos limpian, nos enturbian.


Y al final  nos dejan varados

en las arenas movedizas

del instante.




Pereira, marzo de 2021. Segundo Año de la Peste.


PDT. les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=jR_Q7NbLzyU

sábado, 10 de abril de 2021

Ventanas : Poemas del Año de la peste

Hola a todos. Les comparto enlaces  a los poemas y al concierto de presentación.





https://issuu.com/juananhell1984/docs/pdf_ventanas_issu

https://www.facebook.com/ComfamiliarRisaralda/videos/508971380141616/