viernes, 22 de octubre de 2010

El bueno, el malo y el feo



¿Vieron la película de  Sergio  Leone?  Bueno, más o menos así funciona el mundo: buenos,  malos y feos. Así como a escala universal los pueblos necesitan crear ídolos  y dioses, para crucificarlos después  y redimirse en ese sacrificio, también los países  forjan cada cierto tiempo su propio  panteón de figuras oscuras a vencer, como resumen de su idea del mal.   De paso,  el hecho de derrotarlas y hacer pública la victoria, ubica a  los vencedores del lado de los buenos… aunque muchos de estos últimos sean igualmente cuestionables.
En Occidente, el mal ha tenido distintas representaciones: los comunistas, los herejes, los fascistas, los negros, los homosexuales, las mujeres y las minorías en general. En tiempos recientes, la cruzada emprendida por la familia Bush, sembró en el público la idea de  un hipotético “Eje del mal”  encarnado por un cruce de musulmanes,  insurgentes y traficantes de droga bautizados como narcoterroristas. El concepto sirvió de paso para descalificar bajo ese adjetivo a toda posible disidencia.
En el caso de Colombia, basta con rastrear los titulares de los  periódicos en  el último medio siglo,  para conocer los sucesivos rostros del maligno. En los años cincuenta de la pasada centuria  tuvieron los rasgos de “Chispas”, “Sangrenegra” o “Desquite”, sanguinarios protagonistas de la violencia entre liberales y conservadores. Más tarde fueron Pablo Escobar, Rodriguez Gacha y todos sus secuaces, quienes encarnaron la idea del enemigo público cuya desaparición significaría  el advenimiento de tiempos de paz y prosperidad  para  esos ciudadanos de bien que, en no pocos casos, habían realizado negocios bajo la mesa con los criminales.
Muertos y encarcelados- o extraditados- los capos de los carteles, el turno fue para los líderes de las viejas guerrillas comunistas que se deslizaron  hacia el narcotráfico  puro y duro, entre otras cosas como  resultado de las operaciones antinarcóticos ejecutadas por  los Estados Unidos en las selvas de Perú y Bolivia.  Primero eligieron presidentes de la República con la sugerencia de su reinserción a la vida civil. Más  tarde los siguieron eligiendo con la promesa de su exterminio. De cualquier manera, en los últimos años fueron cayendo,  uno a uno, en una serie de operativos en los que el Estado  no se detuvo en sutilezas  a la hora de  aplicar la vieja  fórmula leninista de combinar todas las formas de lucha. Todos  a una fueron mostrados  en las pantallas de televisión y en las páginas  de los periódicos en una especie de ritual  que, con justificadas razones, no podía menos que provocar alivio en los colombianos, tan  asustados  por las acciones  de los delincuentes como por el poder multiplicador de los medios, convertidos en cajas de resonancia.
A  todas estas surge una pregunta  obligada: ¿de dónde  surgirá ahora la nueva generación de malos que la sociedad necesita para mantener el equilibrio? Pues de entre los feos, claro. Es decir, entre los pobres, los desplazados, los marginados y los excluidos de siempre. Allí se han incubado  desde el comienzo de los tiempos y lo seguirán haciendo mientras el concepto de justicia sea algo tan vago como deletéreo. Para alimentarlos están varios millones de desempleados y rebuscadores, una nueva generación de desplazados por la voracidad de los  que monopolizan la tierra a troche  y moche, miles de víctimas de la violencia urbana aupada por los criminales de siempre que ahora cambiaron de nombre. Porque no nos digamos mentiras: lo que llamamos el mal se amasa con dolor  y resentimiento. Y en eso si que hemos sido expertos los colombianos en todos estos siglos de  Historia.  Y lo hemos sido sin excepción: los buenos, los malos y los feos.

2 comentarios:

  1. ... Saludos!
    Retomando la idea de la película... uno puede decir que al final el "mal" mayor es no hacer nada... creo que ahí es donde nace toda corrupción, donde las guas son estancadas... tal vez la próxima generación de malvados sean los que hoy hacen el "bien". "las grandes verdades de hoy son las grandes mentiras del mañana". :/

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  2. Es muy probable- o a lo mejor inevitable- que sea sí, amigo Trejos.

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